martes, 27 de diciembre de 2011

Los manuscritos reales

Presentation miniature from the Talbot Shrewsbury Book with dedicatory verse under an illuminated miniature of John Talbot, 1st Earl of Shrewsbury (identified by his Talbot dog), presenting the book to Queen Margaret of Anjou seated beside King Henry VI, Royal MS 15 E VI f. 2v
Los manuscritos reales son una de las colecciones "cerradas" de la Biblioteca Británica , que consiste en unos 2.000 manuscritos recogidos por los soberanos de Inglaterra en la " Vieja Biblioteca Real " y dadas al Museo Británico por Jorge II en 1757.
Como una colección, los manuscritos reales se remontan a Eduardo IV , aunque muchos manuscritos anteriores se añadieron a la colección antes de que fueron donado. Aunque la colección se formó en su totalidad, por lo tanto después de la invención de la imprenta, de lujo manuscritos iluminados continuaron siendo encargado por la realeza en Inglaterra como en otro lugar hasta bien entrado el siglo XVI. La colección se amplió bajo Enrique VIII por la confiscación de la disolución de los monasterios y después de las caídas de los ministros  cardenal Wolsey y Thomas Cromwell . Muchos manuscritos más antiguos fueron presentados a los monarcas como regalos; tal vez el manuscrito más importante de la colección, el Códice Alejandrino , se presentó a Carlos I en reconocimiento a los esfuerzos diplomáticos de su padre Jaime I para ayudar a los ortodoxos del este iglesias bajo el gobierno del Imperio Otomano.
 La fecha y los medios de entrada en la colección sólo se pueden adivinar en muchos, si no en la mayoría de los casos. Ahora la colección se cierra en el sentido de que no hay elementos nuevos se han añadido a la misma desde que fue donada a la nación.
Los 9.000 libros impresos que formaban la mayoría de la vieja Biblioteca Real no se mantuvieron como una colección distinta en la forma en que los manuscritos eran, y se dispersan entre los fondos de la biblioteca británica.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Roxburghe Club

Ex libris del Duque de Roxburghe

El club  Roxburghe  es un exclusivo club bibliofílico y  sociedad editorial con sede en el Reino Unido .

Orígenes

La causa  para la fundación del club fue la venta de la enorme biblioteca del Duque de Roxburghe (que había muerto en 1804), que se llevó a cabo durante 46 días entre mayo y julio de 1812. La subasta fue seguida con entusiasmo por los bibliófilos , ser el punto más alto la venta el 17 de junio 1812 una primera edición de  Decameron de  Boccaccio , impreso por Christophorus Valdarfer de Venecia en 1471, y vendido al marqués de Blandford de £ 2.260, el precio más alto jamás dado por un libro en ese momento. (El Marqués ya poseía una copia, pero que carecía de 5 páginas.) Esa noche, un grupo de dieciocho colectores se reunió en St. Albans Tavern, la calle St Albans (más tarde rebautizado Waterloo Place) para una cena presidida por el 2º Eard Spencer , y esto se considera como el origen de la Roxburghe club.

Un cena anual para celebrar esa ocasión se ha repetido en cada aniversario y celebrar "inmortal memoria de Juan Duque de Roxburghe, de Christopher Valdarfer, para imprimir de Boccaccio de 1471, de Gutenberg , Fust y Schoeffer , los inventores del arte de impresión, de William Caxton , el padre de la prensa británica [y otros; y] la prosperidad de la Roxburghe club y la Causa de Bibliomania todo el mundo ". 
Se decidió hacer la cena un evento anual: más miembros fueron admitidos al año siguiente. El club se formó por Thomas Frognall Dibdin , autor del libro impreso 1809 Bibliomania ;or Book-Madness  que sirvió como su primer secretario y el club fue formalizado bajo la presidencia de Earl Spencer. 

La membresía 

El club ha tenido un total de 344 miembros desde su fundación. El círculo ha sido siempre una exclusiva, con sólo una " bola de negro " (voto negativo) es suficiente para excluir a un solicitante. Desde 1839 el número de miembros en un momento dado se ha limitado a cuarenta.
Existe una fotografía de la membresía en 1892, incluido el Primer Ministro Arthur Balfour y antropólogo Andrew Lang , así como de América del poeta James Russell Lowell , Alfred Henry Huth , y Simon Taylor Watson, James Gascoyne-Cecil, vizconde Cranborne , era entonces presidente.
La primera mujer fue María, vizcondesa Eccles , elegido en 1985. En 2011, el comediante australiano Barry Humphries fue elegido miembro. El presidente desde 1998 ha sido Max Wyndham, 2do Baron Egremont .

Publicaciones 

El club se convirtió rápidamente en más de una institución meramente social. Cada miembro era (y sigue siendo) que se espera para patrocinar la publicación de un volumen raros o curiosos. 
Otros volúmenes son publicados por el Club colectivamente. Inicialmente los volúmenes eran ediciones de los primeros textos impresos  blackletter (el primero, en 1814, fue el conde de Surrey 'traducción de partes de Eneida de Virgilio, impreso originalmente en 1557); pero ya desde 1819 comenzaron a incluir textos tomados de manuscritos originales. 
Los estándares académicos son altos, y la calidad de la impresión, facsímil reproducción, y la unión es de lujo. Las copias de cada volumen (en una unión fina) se presentan a todos los miembros, y un número limitado de copias adicionales (por lo general en una unión menos abundante) pueden estar disponibles para la venta a los no miembros. 
Desde 1839, el número total de copias de cada publicación, incluidas las copias de los miembros, se limitó a 100. Recientemente, el límite se elevó a 342 copias: 42 para el club, 300 para el público. 
El Roxburghe club es generalmente reconocido como el primer "club de lectura" (es decir, el texto de la sociedad publicación ), y fue un modelo para muchas sociedades de libros que aparecieron más tarde en Gran Bretaña y Europa .

lunes, 19 de diciembre de 2011

Biblioteca Particular de Jose Stalin

Stalin escribiendo en su escritorio. 

Introducción.

Iosif o Jossif Vissariónovich Dzhugashvili.
Dictador soviético (Gori, Georgia, 1879 - Moscú, 1953). Era hijo de un zapatero pobre y alcohólico de la región caucásica de Georgia, sometida a la Rusia de los zares. Quedó huérfano muy temprano y estudió en un seminario eclesiástico, de donde fue expulsado por sus ideas revolucionarias (1899). Entonces se unió a la lucha clandestina de los socialistas rusos contra el régimen zarista. Cuando en 1903 se escindió el Partido Socialdemócrata, siguió a la facción bolchevique que encabezaba Lenin.
Fue un militante activo y perseguido hasta el triunfo de la Revolución bolchevique de 1917, época de la que procede su sobrenombre de Stalin («hombre de acero»). La lealtad a Lenin y la falta de ideas propias le permitieron ascender en la burocracia del partido (rebautizado como Partido Comunista), hasta llegar a secretario general en 1922.
Stalin cmprendió entonces una pugna con Trotski por la sucesión de Lenin que, ya muy enfermo, moriría en 1924. Aunque el líder de la Revolución había indicado su preferencia por Trotski (pues consideraba a Stalin «demasiado cruel»), Stalin maniobró aprovechando su control sobre la información y sobre el aparato del Partido, aliándose con Zinoviev y Kamenev hasta imponerse a Trotski. La lucha por el poder se disfrazó de argumentos ideológicos, defendiendo cada bando una estrategia para consolidar el régimen comunista: la construcción del socialismo en un solo país (Stalin) contra la revolución permanente a escala mundial (Trotski).
Para Stalin lo esencial era la ambición de poder, pues una vez que eliminó a Trotski (al que mandó al exilio en 1929 y luego hizo asesinar en 1940), se desembarazó también del ala «izquierda» del partido (Zinoviev y Kamenev, ejecutados en 1936) y del ala «derecha» (Bujarin y Rikov, ejecutados en 1938) e instauró una sangrienta dictadura personal, apropiándose de las ideas políticas que habían sostenido sus rivales.
Stalin gobernó la Unión Soviética de forma tiránica desde los años treinta hasta su muerte, implantando el régimen más totalitario que haya existido jamás; pero también hay que atribuirle a él la realización del proyecto socioeconómico comunista en Rusia, la extensión de su modelo a otros países vecinos y la conversión de la URSS en una gran potencia.
Radicalizando las tendencias autoritarias presentes entre los bolcheviques desde la Revolución, acabó de eliminar del proyecto marxista-leninista todo rastro de ideas democráticas o emancipadoras: anuló todas las libertades, negó el más mínimo pluralismo y aterrorizó a la población instaurando un régimen policial. Dispuesto a eliminar no sólo a los discrepantes o sospechosos, sino a todo aquel que pudiera poseer algún prestigio o influencia propia, lanzó sucesivas purgas contra sus compañeros comunistas, que diezmaron el partido, eliminando a la plana mayor de la Revolución.
Con la misma violencia impuso la colectivización forzosa de la agricultura, hizo exterminar o trasladar a pueblos enteros como castigo o para solucionar problemas de minorías nacionales, y sometió todo el sistema productivo a la estricta disciplina de una planificación central obligatoria. Con inmensas pérdidas humanas consiguió, sin embargo, un crecimiento económico espectacular, mediante los planes quinquenales: en ellos se daba prioridad a una industrialización acelerada, basada en el desarrollo de los sectores energéticos y la industria pesada, a costa de sacrificar el bienestar de la población (sometida a durísimas condiciones de trabajo y a grandes privaciones en materia de consumo).
La represión impedía que se expresara el malestar de la población, apenas compensada con la mejora de los servicios estatales de transporte, sanidad y educación. A este precio consiguió Stalin convertir a la Unión Soviética en una gran potencia, capaz de ganar la Segunda Guerra Mundial (1939-45) y de compartir la hegemonía con los Estados Unidos en el orden bipolar posterior.
Stalin fue un político ambicioso y realista, movido por consideraciones de poder y no por ideales revolucionarios. Este maquiavelismo fue más palpable en su política exterior, donde la causa del socialismo quedó sistemáticamente postergada a los intereses nacionales de Rusia (convirtiendo a los partidos comunistas extranjeros en meros instrumentos de la política exterior soviética).
No tuvo reparos en firmar un pacto de no agresión con la Alemania nazi para asegurarse la tranquilidad en sus fronteras, el reparto de Polonia y la anexión de Estonia, Letonia y Lituania (Pacto Germano-Soviético de 1939). A pesar de todo, Hitler invadió la URSS, arrastrando a Stalin a la guerra en 1941.
 Stalin movilizó eficazmente las energías del país apelando a sus sentimientos nacionalistas (proclamó la Gran Guerra Patriótica): organizó la evacuación de la industria de las regiones occidentales hacia los Urales, adoptando una estrategia de «tierra quemada». Con ayuda del clima, de las grandes distancias y de la lucha guerrillera de los partisanos, debilitó a los alemanes hasta recuperarse y pasar a la contraofensiva a partir de la batalla de Stalingrado (1942-43). Después el avance ruso fue arrollador hasta llegar más allá de Berlín.
Reforzado por la victoria, Stalin negoció con los aliados (Estados Unidos y Gran Bretaña) el orden internacional de la posguerra (Conferencias de Yalta y Postdam, 1945), obteniendo el reconocimiento de la URSS como gran potencia (con derecho de veto en la ONU, por ejemplo). Los aliados tuvieron que aceptar la influencia soviética en Europa central y occidental, donde Stalin estableció un cordón de «Repúblicas populares» satélites de la URSS.
Stalin mantuvo la inercia de la guerra, retrasando la desmovilización de su ejército hasta el momento en que pudo disponer de armas atómicas (1953) y fomentando la extensión del comunismo a países en los que existieran movimientos revolucionarios autóctonos (como Grecia, Turquía, China, Corea…). La resistencia norteamericana a sus planes dio lugar a la «guerra fría», clima de tensión bipolar a escala mundial entre un bloque comunista y un bloque occidental capitalista, que perduraría hasta la desaparición de la URSS.

Historia de  la Colección de Libros de Stalin.

En 1918 se le entrega su primer apartamento en el Kremlin, donde pudo empezar a acumular su propia colección de libros, que al final de su vida alcanzó los treinta mil volúmenes. Sabemos que en 1925, en plena lucha de facciones, Stalin encarga a su secretario personal, Iván Tovstuja, que clasifique y complete su biblioteca personal, y con este propósito diseña un esquema de clasificación por temas. Así define treinta y dos secciones, a la cabeza de las cuales figuran la filosofía, la psicología, la sociología y la economía política; no es tonto:
 “Lenin y el Leninismo” ocupan una paupérrima vigésimo tercera posición. Manda colocar aparte la literatura de los exiliados y autores ligados a la Guardia Blanca, a Marx, Engels, Kautsky, Plejanov, Trotsky, Bujarin, Zinoviev, Kamenev, Lafargue, Luxemburg y Radek. Varios de estos ejemplares profusamente anotados por el lacónico Stalin.
 Por  ejemplo en el libro de Karl Kautsky “Terrorismo y Comunismo” (1919), crítico tanto de la dictadura del partido único como del estado de sitio y la pena de muerte, en el párrafo donde dice que “los líderes del proletariado han comenzado a recurrir a las medidas extremas, a medidas sangrientas, al Terror”. Stalin remarca con un círculo éste párrafo y escribe “¡Ja, Ja, Ja!”. En la respuesta bolchevique a Kautsky, el libro de Trotsky “Terrorismo y Comunismo. Anti-Kautsky” (1920), cuando se exalta la necesidad y la justicia de la violencia proletaria soviética “la revolución exige que la clase revolucionaria haga uso de todos los medios posibles para alcanzar sus fines… el terrorismo si es preciso” Stalin agrega una entusiasta nota. “¡Correcto! Bien dicho, así es”. También sabemos que por esa época inicia cursos de filosofía y lógica con un discípulo de Bujarin.
Cuando se mudó después del suicidio de su segunda esposa una gran parte de esta Biblioteca se fue con él, se ubicó los libros en estanterías corrientes y se hizo cargo de su funcionamiento un bibliotecario diplomado. Según la bibliotecaria Zolotujina “la única habitación agradable era la Biblioteca, donde la sensación era acogedora… los libros estaban almacenados en un edifico contiguo y se le entregaban a Stalin de acuerdo con sus instrucciones”.
Todos los líderes bolcheviques de la vieja generación se hicieron, por las expropiaciones y confiscaciones, con bibliotecas considerables (los mejores provistos habían sido Trotsky, Bujarin, Zinoviev, Kamenev, Molotov, Kirov y Zhdanov). Los emigrados, fusilados y encarcelados entregaban al estado su Biblioteca que se almacenaban en locales donde los bibliotecarios estatales podían escoger los ejemplares que necesitaran. Durante los años ’20 con la creciente dictadura del partido único y la creciente censura (el único período en el que no hubo censura fue entre febrero y octubre de 1917) se estableció una nueva práctica llamada eufemísticamente “la entrega” (raznoska). Consistía en entregar ejemplares por adelantado de todos los libros para que se distribuyeran entre los altos cargos del Partido, miembros del Comité Central y funcionarios destacados.
Cada editor poseía una lista de cargos públicos claves a quienes tenía la obligación de enviar ejemplares antes de que se vendieran al lector. Se trataba de un tipo de censura especial añadida. El destinatario podía guardar el libro o devolverlo al editor con notas, sugerencias y comentarios críticos. En caso de no devolverse el editor podía suponer que la Nomenclatura no se oponía a su publicación o que le resultaba indiferente. Naturalmente Stalin también recibía ejemplares por adelantado de la mayoría de las editoriales, especialmente en su área de interés: política, economía, historia y arte.
 Pero lo que más impresiona es que Stalin, como en su juventud, estaba obsesionado por la literatura rusa, en especial por Alexandr Pushkin. En su Biblioteca había gran variedad de libros sobre él, todos publicados durante el período soviético, viejas ediciones sueltas además de unos cuantos ejemplares tenían sobrecubiertas de librerías de segunda mano. También le interesaban las obras sobre Pedro El Grande e Iván El Terrible. Poseía libros en alemán, idioma que estudió de joven pero que nunca dominó y leía toda la literatura en ruso de los exiliados, incluyendo las célebres biografías de Voroshilov y otros mariscales militares escritas por Roman Gul. Ya en la posguerra empezó a interesarse por los libros y revistas de arquitectura, lo que debía estar relacionado con la construcción de grandes edificios utópicos en Moscú.
Por supuesto, Stalin poseía todas las ediciones de Marx y Engels, tanto la Werke como la primera edición completa inconclusa, la MEGA, emprendida por el ejecutado David Riazanov; todas las ediciones de Lenin que se habían publicado desde 1917. Gracias a sus addendas continuas y subrayados sabemos que leía a Lenin con total dedicación. Tenía la colección completa de las ediciones del renegado Karl Kautsky y del águila Rosa Luxemburg, así como de la mayoría de los escritores de izquierda alemanes.
 Por supuesto su Biblioteca contaba con todas las obras de sus rivales políticos de mayor envergadura: Trotsky, Bujarin, Kamenev, Radek… De los clásicos de la filosofía política poseía un ejemplar anotado de “El Príncipe” de Maquiavelo.
Stalin poseía un talento excepcional para la lectura rápida, amén de una memoria, reconocida hasta por sus enemigos, prodigiosa. Durante los conflictivos años 20, del siglo pasado escogía, a través del servicio de la biblioteca del Kremlin, una media anual de quinientos libros que leía u ojeaba. Incluso durante la guerra, en 1940, se las ingenió para leer el primer tomo de la edición rusa de las obras escogidas de Bismarck, haciendo una serie de correcciones y comentarios en los márgenes del prólogo. Se tuvo que postergar la publicación para que se pudiera reescribir el prólogo y añadir la revisión de Stalin.

Biblioteca de Stalin.


La mayoría de los libros llevaba un ex libris que decía lacónicamente “Biblioteca de Stalin”, y se estamparon alrededor de cinco mil quinientos volúmenes de este modo. Pero muchas ediciones de clásicos rusos y extranjeros, al igual que libros de economía, ciencia y arte, nunca se sellaban y normalmente no tenían nada anotado de su mano. Actualmente de su biblioteca original sólo quedan en el archivo del RTsKhIDNI (Rossiiskii tsentr khraneniya i izucheniya dokumentov noveishei istorii, Centro Ruso para la Conservación y Estudio de Documentos de la Historia Reciente), ahora llamado Archivo Estatal Ruso de Historia Sociopolítica (RGASPI), exactamente 391 libros que contienen apuntes, comentarios, subrayados y correcciones de Stalin. La única prueba de la erudición que nos queda de Yósif Vissariónovich Dzhugashvili.
Una última anécdota literaria.
 Una noche de 1948 un vehículo de la Seguridad recoge en su domicilio al poeta Arseni Tarkovski, padre del director de Andrei Rublov. Se lo lleva a la sede del Comité central. Allí Alexander Nikolayevich Shelepin, secretario de las Juventudes Comunistas (futuro jefe de la KGB bajo Brezhnev) le explica que con motivo de la celebración del setenta cumpleaños de Stalin se ha tomado la decisión de estado de publicar en ruso los poemas románticos de su juventud. Como estaban escritos originalmente en georgiano se le concede el enorme honor de traducirlos. En el acto le entrega una cartera de cuero que contienen los precisos escritos de puño y letra de Stalin. Ya Lavrentiy Pavlovich Beria había consultado para la traducción a Boris Leonidovich Pasternak.
de pacal llegar a la fecha prevista Tarkovski no ha podido traducir más que los cuatro primeros versos del primer poema. Cuando vuelven a buscarlo está desesperado. Shelepin le introduce en su despacho, cambia su ánimo cuando le informa “con la modestia que le caracteriza, el camarada Stalin ha vetado nuestra decisión”. Le pagan una suma astronómica para la época por su pizca de traducción quién luego recordó: “Eran unos versos absolutamente aceptables, muy correctos, inocentes. Nada de lucha de clases, nada de desigualdades sociales. Hablaba de flores y de pajaritos”. Un año después Stalin realizaba una confesión a un amigo sobre su vocación de poeta perdida: “Perdí interés en la escritura poética porque requiere una atención completa,un infierno colmado iencia…en esa época era un tiro al aire.
Stalin como Mariscal de URSS

Stalin como intelectual.

El error fatal en que más incurrían los enemigos de Jose Stalin consistía en olvidar que se trataba de alguien excepcionalmente instruido. Nosotros conocemos este dato gracias a lo que queda de su biblioteca privada, que rondaba los veinte mil volúmenes, por las notas y cartas que escribía solicitando libros, y que aún se conservan, y por los recuerdos de aquellos que le frecuentaron en su juventud.
Las obras que el seminario no obligaba a leer a sus alumnos, se las prohibía – lo que estimulaba a los novicios a leer todavía más - . En 1910, y según la policía secreta del Zar, Stalin, que se encontraba exiliado en Vologda, visitó la biblioteca del pueblo diecisiete veces en ciento siete días.
Cuando cumplió los treinta años, había leído ya a los clásicos rusos y occidentales de la literatura, la filosofía y la teoría política. En los cuatro años más que pasó desterrado en Siberia (1913-1917), asocial y poco comunicativo como era, leyó cuantos libros pudo tomar prestados de sus camaradas de exilio. Stalin leyó incluso en mitad del caos de la Revolución y de la lucha por el poder. Desde la década veinte y hasta su muerte, leyó además todas las publicaciones periódicas editadas por  los emigrados rusos.
En cuanto dispuso de despacho y departamento en el Kremlin y de sus dachas en los alrededores de Moscú y en el Mar Negro, Stalin comenzó a reunir una biblioteca personal. Pidió algunas obras y otras las sustrajo de la Biblioteca del Estado, pero la mayoría provenían de los editores o del autor.
Leía hasta quinientas páginas al día, hacía anotaciones en los márgenes y, pese a que con frecuencia lamentaba lagunas en su memoria, era capaz de recordar innumerables citas y razonamientos hasta varios años después de haberlos leído. En efecto, Stalin fue un lector formidable y peligroso. A medida que envejecía, sin embargo, fue perdiendo paciencia y con frecuencia se limitaba a anotar las cien primeras páginas de los libros que leía. Si alguna vez existió un demonio capaz de citar las Escrituras a su conveniencia, ese fue Stalin.
La biografía de un poeta es, según decía Mandelstam, la lista completa de sus lecturas. A Stalin le gustaban los libros que ofrecían una visión amplia de la historia, la literatura y las lenguas europeas. Sentía especial predilección por obras escritas por figuras autoritarias o relacionadas con el autoritarismo: “El príncipe” de Maquiavelo, “Mi lucha” de Hitler, las obras de Clausewitz sobre la guerra, las memorias de Bismarck. A mediados de la década de 1920, cuando Stalin guardaba la mayor parte de su biblioteca privada en el Kremlin, Nadezhda Allilúeva, su segunda esposa, siguió el ejemplo de Serguéi Kírov, el sátrapa dictador de Leningrado, tan bibliófilo como él, e hizo que un bibliotecario clasificara y ordenara sus libros. Stalin montó en cólera. Esbozó una clasificación personal de sus volúmenes y encargó a Poskrióbishev, su secretario, que los ordenase en consecuencia.
Como lector, Stalin sólo encontraba dificultades debido a cierta ineptitud con las lenguas: únicamente era capaz de leer sin diccionario en georgiano y en ruso. Sin embargo, también en este aspecto le subestimaron sus rivales más versados. En el seminario aprendió griego – algunos testimonios le describen leyendo algún original de Platón en su despacho del Kremlin – y después algo de francés y alemán. En su exilio siberiano, aunque sólo durante un tiempo, coqueteó con el esperanto.
Muchas personas le escribían a Stalin no sólo en ruso y en georgiano, sino también desde Baku, en turco azerí – que por aquel entonces se escribía con grafía árabe -. En sus tiempos de fugitivo, eligió a veces nombres como Zajariants o Melikiants, lo cual habría resultado una estupidez de no tener al menos algunas nociones de armenio coloquial. En 1926, durante la huelga general que tuvo lugar en Inglaterra, Stalin leyó con atención la prensa inglesa. En algunas de las cartas que le envió a su esposa desde Sochi, le expresó su disgusto por que ella hubiera olvidado enviarle una gramática inglesa para autodictados. Con los idiomas, como en muchas otras cosas, la táctica de Stalin consistía en ocultar sus conocimientos, no en mostrarlos.
Stalin poseía la temible capacidad de recordar con detalle cuanto leía u oía. Poseía además un misterioso instinto para detectar incoherencias en el discurso de su interlocutor o las cosas sobre las que éste guardaba silencio, aunque sus análisis de lo que en su opinión pretendían los autores son a menudo ingenuos o extraños. Sus comentarios o anotaciones que con lápiz rojo dejaba en los libros, nos permiten vislumbrar algunos de los motivos que impulsaban su interminable guerra contra la oposición y la disidencia.
Algunas de las obras que leyó en sus años formativos bosquejan directrices de sus acciones futuras. Muchos rumores apuntan, con bastante credibilidad, a una obra que pudo validar, a ojos de Stalin, los principios de la dictadura revolucionaria: “Los demonios” de Dostoievsky. El novelista georgiano Grigol Robakidze, por lo general bien informado, afirma en su novela “El alma asesinada” que las numerosas anotaciones del ejemplar “Los demonios” que se encontraba en la biblioteca del seminario de Tbilisi correspondían al propio Stalin.
La novela más abiertamente antirrevolucionaria de la literatura rusa recibía pues la aprobación del seminario. En el argumento de la obra de Dostoievski, en la que un cínico provocador se vale de aristócrata de impulsos autodestructivos y de un filósofo nihilista para fomentar una revuelta violenta en una ciudad de provincias, pudo ver Stalin un escenario positivo para la acción. La lógica de los teóricos de Dostoievski, que exigen que rueden cien millones de cabezas para conseguir la felicidad eterna de las generaciones futuras, no debió de parecerle a Stalin tan macabra como al propio autor.
Como los héroes de Dostoievski, Stalin buscaba en la filosofía una licencia para transgredir las leyes humanas y divinas. La declaración más significativa que jamás hiciera el dictador soviético es una nota escrita con lápiz rojo en las guardas de una edición de 1939 de la obra de Lenin “Materialismo y empirocriticismo” (un tratado sobre la existencia del mundo real fuera de nuestra percepción).
Retrato 

Comentarios. 
El comentario de Stalin tiñe de un barniz maquiavélico un credo propio de un antihéroe satánico de Dostoievski y constituye un epígrafe a toda la carrera de Stalin:
1)   Debilidad, 2) Pereza, 3) Estupidez.
Éstas son las únicas cosas a las que se puede llamar vicios.
 Todo lo demás, en ausencia de lo dicho, es indudablemente una virtud. Si un hombre es (1) Fuerte (espiritualmente) (2) Activo (3) Listo (o capaz) entonces es bueno, ¡aunque tenga otras “vicios”!
En año 1915, cuando ambos compartían exilio en Siberia, Lev Kámenev – al que el dictador eliminaría veinte años después, pero que en aquel tiempo era su mentor – le entregó a Stalin un ejemplar de la obra de Maquiavelo. Los elogios que Kámenev hizo del italiano son propios del entusiasmo de un teórico de la política ante un precursor precoz;  la lectura de Stalin demuestra el aprecio de un pragmático por un escritor que autoriza lo que él lleva tiempo pensando y haciendo. El marxismo proporcionó a Stalin – y Lenin – una meta y la terminología y la justificación para la acción; Maquiavelo, los medios, las tácticas políticas y la amoralidad. Stalin era un marxista en el mismo sentido en que Maquiavelo era un cristiano: ambos consideraban que la única tarea del gobernante consistía en conservar el poder y estudiaron todos los medios para mantener ese poder una vez adquirido. Para ellos, la ideología en cuyo nombre los dirigentes gobiernan no es más que una bandera o una pancarta.
Algunas veces, los garabatos de Stalin en los márgenes de los de los libros resultan desconcertantes. Por norma general, esos garabatos consisten en elaboradas figuras hechas a base de círculos y triángulos. Junto a algunos pasajes, el dictador escribía dos iniciales: una “T” y una “U”. Cabe suponer que la “T” significa “Tiflis” o “Tbilisi”, y su seminario, y los conocimientos psicológicos que Stalin adquirió gracias  a su educación cristiana. La “U” puede significar “uchitel”, es decir, “maestro”. Ese maestro podría ser Lenin, o quizá el propio Stalin, es decir, según la concepción que de sí mismo tenía , derivada quizá de sus primeros días de lucha, cuando, proveniente de Bakú, predicó las fórmulas revolucionarias y la rebelión entre los trabajadores de los muelles de Batumi.

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Artículos de filosofía, de la enciclopedia soviética.


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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Memoria del príncipe Klemens de Metternich

anllela camila hormazabla moya
Memorias del Príncipe de Metternich. El arquitecto de la Europa de Hierro que restauró el Antiguo Régimen
Editor : Gómez Carrizo, Pedro.

Metternich estuvo en la primera línea de la política europea durante la primera mitad del siglo xix. Como Canciller plenipotenciario y primer ministro del Imperio austríaco, fue, en tiempos de guerra, el archienemigo de Napoleón —a cuya semblanza dedica en esta obra un extenso capítulo—, y en tiempos de paz, el paladín del orden y la legitimidad frente a las ideas revolucionarias. Dio su nombre a su época, como ideólogo y principal muñidor de la Europa de la Restauración, la alianza del trono y del altar forjada frente al caos y la agitación republicana que durante años había reducido templos y tradiciones a cenizas.
Junto a Talleyrand —con quien rivalizó en uno de los duelos diplomáticos más memorables de la historia—, Metternich representa la cima del arte de la diplomacia. De este talento son excelente muestra sus Memorias, una sucesión de apuntes vívidos y bien hilvanados, esenciales, absolutamente perspicaces y reveladores: una lectura apasionante que nos adentra en la política entre bastidores.

El libro de Horas de Alejandro de Farnesio

Edición Introducción 

El libro de Horas del Cardenal  Alejandro de Farnesio es el manuscrito más importante de arte renacentista italiano y manierista. En Roma, capital mundial de las Artes, donde esas incomparables maestros como Rafael y Miguel Ángel introdujeron una nueva época artística lo hizo alrededor de 1546.
El más famoso y eminente iluminador del período fue croata nacido Giulio Clovio que las horas de Farnesio con sus únicos miniaturas que aparecen a la vez delicado y monumental de animación.
Clovio había creado este libro muy íntimo de oración para el famoso cardenal Alessandro Farnese, uno de los grandes mecenas de arte del siglo XVI.
37 páginas de texto decorado con las horas de Farnesio, uno de los mejores manuscritos en la historia del arte.
pagina
Historia

El Libro de Horas del Cardenal Alejandro Farnesio es un devocionario datado en el año 1546, por lo cual se incluye dentro del Renacimiento tardío. Su creador, Julio Clovio, respetó la disposición pictórica vigente desde la Edad Media, de modo que los acontecimientos prefigurados en el Antiguo Testamento se consuman en el Nuevo.
El formato de este libro de horas es de 15 x 10 cm y se ajusta al rito romano. Contiene 114 láminas y 28 miniaturas, con profusión de marcos figurativos y muy ornamentados. El códice se encuentra depositado en la Biblioteca Morgan de Nueva York desde el año 1903, con la signatura 69. Existe una edición facsímil editada en Alemania recientemente.
En su obra capital, Vasari se refiere a la vertiente como iluminador de Julio Clovio con las siguientes palabras: "En ninguna época ha habido ni seguramente habrá un pintor de detalles pequeños más excelso que él". El artista vivió un momento del arte en el que la iluminación de libros experimentaba un fuerte declive, desplazada por la creación de obras monumentales de la mano de Miguel Ángel, Tiziano o Rafael.
El texto, cuyo responsable fue Francesco Monterchi, se plasma en un tipo de caligrafía que se conoce con el nombre de "cancellaresca formata", estrecha y con picos, que armoniza sin problemas con las pinturas de Clovio.
Un somero análisis del libro de horas que aquí nos atañe muestra que, en realidad, Clovio abandonó la unidad de miniatura, borde y texto, en favor de un concepto renacentista de la imagen presidido por los marcos, lo cual transmite una fuerte impresión arquitectónica en la organización del espacio, y escultórica en la representación de las figuras humanas que aparecen en los mismos. Es más, es en ellas donde mejor se percibe la actualidad del estilo de Clovio, ya intensamente abocado al inminente manierismo.



















Cardenal Alejandro Farnesio 

(en italiano: Alessandro Farnese; Valentano, 5 de octubre de 1520-Roma, 2 de marzo de 15891​) fue un eclesiástico italiano. Nieto del papa Paulo III, del mismo nombre, e hijo del duque de Parma Pedro Luis Farnesio, fue cardenal durante más de cincuenta años, administrador de una docena de diócesis, diplomático y mecenas.


Biografía

Familia y primeros años

Nacido en Valentano (actual provincia de Viterbo, en aquella época perteneciente a los Estados Pontificios) en el seno de la influyente Casa de Farnese, fue hijo de Pier Luigi Farnese (1503-1547), condottiero destacado en las guerras italianas al servicio de Venecia, del Imperio o al suyo propio, hijo natural, legitimado en 1505, del cardenal Farnese (1468-1549); 2​3​ su madre Girolama Orsini (1503-1570), de la no menos ilustre familia Orsini, era hija de los condes de Pitigliano. El matrimonio tuvo además otros cuatro hijos: Octavio, sucesor en los estados de su casa, Ranuccio, que también llegaría a cardenal, Vittoria, que sería duquesa de Urbino por su boda con Guidobaldo II della Rovere, y Horacio, que casó con la princesa Diana de Francia.
Los dos mayores se encontraban estudiando en el colegio Ancarano de la Universidad de Bolonia bajo la tutela de Filippo Manzoli cuando en 1534 su abuelo fue elegido papa como Paulo III, y siguiendo el nepotismo acostumbrado en la época, Alessandro fue nombrado administrador de la diócesis de Parma4​ y con solo 14 años, cardenal de Sant'Angelo in Pescheria en el mismo consistorio en que también fue creado su primo de 16 Guido Ascanio Sforza.


Ascenso a la sombra de su abuelo

Recibió muchos otros cargos y beneficios, favorecido por su relación familiar con el papa: tras la muerte de Hipólito de Médicis, Farnese le sucedió en la vicecancillería papal, en el título de San Lorenzo in Damaso, en el arzobispado de Avignon en Francia y el de Monreale en Sicilia, y tras la de Esteban Gabriel Merino le fue asignada la administración de Jaén que mantuvo poco tiempo por las protestas de Carlos I. Fue además gobernador de Tivoli, arcipreste de la Basílica de Santa María la Mayor y de la de San Pedro, abad in commendam del monasterio de San Lorenzo fuori le mura y del de San Anastasio alle Tre Fontane, administrador de las sedes de Massa marittima y Cavaillon y del Patriarcado Latino de Jerusalén, todo ello antes de cumplir los treinta.
Paralelamente, bajo la tutela de su abuelo Paulo III y del secretario Marcello Cervini y asistido entre otros por Niccolò Ardinghelli, Girolamo Dandini y Bernardino Maffei, comenzó su carrera en asuntos de estado: en 1538 desempeñaba una misión diplomática encaminada a conseguir una alianza entre Venecia, el Sacro Imperio Romano Germánico y la Santa Sede contra los turcos que amenazaban el Mediterráneo, y acompañaba al papa en su viaje a Niza para conseguir la paz entre Carlos V y Francisco I de Francia, enfrentados en la guerra italiana de 1536-1538; al año siguiente viajaba a Toledo (España) para expresar sus condolencias por la muerte de la emperatriz Isabel y proponer infructuosamente el matrimonio del viudo Carlos V con la princesa Margarita de Francia, en un intento de rebajar la tensión franco-imperial, y en los años siguientes oficiaba como legado ante el rey de Francia en París y ante el emperador en Flandes en el contexto de la guerra del 42, organizaba el viaje de Gasparo Contarini y Tommaso Campeggi a la Dieta de Ratisbona y la apertura del Concilio de Trento, intervenía en el mismo, intentaba un acercamiento entre el papa y el emperador para aliarse juntos contra los luteranos, y supervisaba la formación del ejército pontificio que bajo el mando de su hermano Ottavio debería intervenir en la guerra de Esmalcalda, y cuya participación en el conflicto resultó un fracaso. Fue por estas fechas que se le concedió la administración de Viseu (Portugal), que mantuvo entre 1547-52.
Participó en los cónclaves en que fueron elegidos papas Julio III, Marcelo II, Paulo IV, Pío IV, Pío V, Gregorio XIII, Sixto V; fue administrador de Tours en 1553-54, Cahors en 1554-57, Viviers en 1554, Spoleto en 1555-62, Benevento en 1556-58; protopresbítero en 1564 y cardenal obispo de Sabina al mes siguiente, de Frascati en 1565, de Porto-Santa Rufina en 1578, de Ostia-Velletri y Decano del Colegio Cardenalicio desde 1580, cardenal protector de los reinos de Sicilia, Aragón, Portugal, Polonia, Alemania y de las repúblicas de Génova y Ragusa, de los benedictinos y de los servitas.
Entre los trabajos de Farnesio destacan la construcción o restauración de: la Iglesia de Jesús en Roma, Caprarola, el palacio Farnesio cerca del Lago Bracciano, y el monasterio Tre Fontane.
De su relación con una mujer desconocida, el cardenal tuvo en 1556 una hija llamada Clelia, casada en primeras nupcias con Gian Giorgio Caesarini y en segundas con Marco Pio di Savoia



Fallecido en Roma a los 68 años de edad de un ataque de apoplejía, fue sepultado frente al altar mayor de la Iglesia del Gesù.

martes, 13 de diciembre de 2011

JOHN DRYDEN: Obras literarias (IV)

The flower and the leaf or the lady in the arbour. A vision

Poema alegórico.

La historia transcurre durante la primavera, la narradora paseando por el bosque ve un grupo de damas y caballeros en un cenador, vestidos unos con guirnaldas de hojas y otros con guirnaldas de flores. Les observa como bailan, hablan…finalmente pregunta qué significan las hojas y las flores, a lo cual le responden que la hoja representa la castidad y virginidad y las flores el amor ocioso. Tras la explicación le preguntan cual elegiría ella…
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The wife of bath’s tale

Relato de una esposa que ha tenido cinco maridos. A través de su experiencia expresa sus opiniones sobre cómo las mujeres ejercen el poder y control sobre sus maridos, así como su libre interpretación de la Biblia.
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Cymon and Iphigenia

Cymon era un hombre bello pero para su padre era una desgracia porque a pesar de su belleza era torpe y no muy inteligente. Perdida la esperanza es enviado al campo junto a los campesinos. Allí conoce a Iphigenia, la rapta y es hecho prisionero. Lísímico le libera, tras lo cual rapta de nuevo a Iphigenia con la que finalmente se casa. El amor le hizo sabio.

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