lunes, 26 de marzo de 2012

La Biblioteca de Corviniana

fue una de las mayores bibliotecas del Renacimiento, fundada por Matías I de Hungría, rey de Hungría (1458 - 1490).

Introducción

Matías I de Hungría, uno de los más poderosos monarcas de la época, coleccionó libros desde alrededor del año 1460. A la muerte del rey, la biblioteca contaba con cerca de 3.000 códices - llamados corvinæ de 4 000 a 5 000 obras, principalmente de los clásicos griegos y latinos. Probablemente la pasión de coleccionar libros la heredo Matías del obispo de Varad Juan Vitéz, quien fue su tutor y educador. Igualmente al tomar a Beatriz de Aragón como esposa, ésta trajo consigo muchos tomos desde Nápoles, que incrementaron más aún la colección de la Biblioteca.
La biblioteca Corviniana se convirtió así en la segunda biblioteca de Europa después de la del Vaticano en importancia y cantidad de volúmenes en su época. Ésta Biblioteca fue en extremo importante para los contemporáneos y sirvió como modelo para varios otros príncipes, como Lorenzo el Magnífico.
Los libros fueron destruidos o se dispersaron casi en su totalidad luego de la invasión de los Turcos a Hungría en 1526. La hermana menor del rey Carlos I de España, María de Austria (la viuda del rey Luis II de Hungría), también se llevó consigo a Bruselas varios tomos de la Biblioteca húngara. En la actualidad se conservan a lo largo del mundo unos 650 corvinæ, en bibliotecas húngaras (incluida la Biblioteca Nacional Széchényi) y extranjeras.


Rey Matías Corvino

(en latín: Matthias Corvinus, en húngaro: Hunyadi Mátyás, en croata: Matija Korvin, en rumano: Matei Corvin, en eslovaco: Matej Korvín, en checo: Matyáš Korvín; Kolozsvár, 23 de febrero de 1443-Viena, 6 de abril de 1490), nacido Matías Hunyadi y también denominado Matías I, fue rey de Hungría y Croacia desde 1458 hasta su muerte. Después de realizar varias campañas militares, fue elegido rey de Bohemia en 1469 y adoptó el título de duque de Austria en 1487. Su padre fue Juan Hunyadi, regente de Hungría, quien murió en 1456. En 1457, Matías estuvo encarcelado junto con su hermano mayor, Ladislao Hunyadi, por orden del rey Ladislao V «el Póstumo». Ladislao Hunyadi fue ejecutado, lo que provocó una rebelión que obligó al rey Ladislao a huir del país. Después de la muerte repentina del monarca, el tío de Matías, Miguel Szilágyi, persuadió a los estamentos a proclamar rey unánimemente a Matías el 24 de enero de 1458. Su gobierno comenzó bajo la tutela de su tío, pero tomó el control efectivo dos semanas después.

En su reinado, libró guerras contra los mercenarios checos que dominaron la Alta Hungría (hoy repartida entre Eslovaquia y el norte de Hungría) y contra Federico III, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que reclamó el territorio húngaro. En este período, el Imperio otomano conquistó Serbia y Bosnia y acabó con la zona de Estados tapón a lo largo de las fronteras meridionales del Reino de Hungría. Matías firmó un tratado de paz con Federico III en 1463 y reconoció el derecho del emperador a usar el título de rey de Hungría. El emperador devolvió la corona de san Esteban y Matías fue coronado con ella el 29 de abril de 1464. En este año, invadió los territorios que habían sido ocupados recientemente por los otomanos y se apoderó de fortalezas bosnias. Pronto se dio cuenta de que no podía esperar ayuda de las potencias cristianas y renunció a su política antiotomana.
Introdujo nuevos impuestos y percibió tributos extraordinarios regularmente. Estas medidas causaron una rebelión en Transilvania en 1467, pero los insurrectos fueron sometidos. Al año siguiente, declaró la guerra a Jorge de Podiebrad, el rey husita de Bohemia, y conquistó Moravia, Silesia y Lusacia, aunque no pudo ocupar Bohemia por completo. Los estamentos católicos lo proclamaron rey de Bohemia el 3 de mayo de 1469, pero los señores husitas se resistieron, incluso después de la muerte de Jorge en 1471. En lugar de ello, eligieron a Vladislao Jagellón, el hijo mayor de Casimiro IV de Polonia. Un grupo de prelados y señores húngaros ofreció el trono al hermano menor de Vladislao, Casimiro, pero Matías suprimió la rebelión. Después de derrotar a las tropas unidas de Casimiro IV y Vladislao cerca de Breslavia (Wrocław, Polonia) en Silesia a finales de 1474, Matías se dirigió contra los otomanos, que habían devastado las regiones orientales de Hungría. Envió refuerzos a Esteban III, príncipe de Moldavia, lo que le permitió repeler una serie de invasiones otomanas a finales de la década de 1470. En 1476, Matías asedió y tomó Šabac, un importante fuerte fronterizo otomano. Firmó un tratado de paz con Vladislao Jagellón en 1478 y fijó la división de las Tierras de la Corona de Bohemia entre ellos. Entre 1482 y 1487, emprendió una guerra contra el emperador Federico III y ocupó la Baja Austria.

Entre los logros de su reinado estuvieron la creación de un ejército profesional (el Ejército Negro de Hungría), reformas a la administración de justicia, reducción del poder de los barones y promoción de las carreras de individuos talentosos y seleccionados por sus habilidades en lugar de su estatus social. Matías patrocinó el arte y la ciencia: su biblioteca real, la Bibliotheca Corvinniana, fue una de las colecciones más grandes de libros en Europa. Con su mecenazgo, Hungría se convirtió en el primer país en adoptar el Renacimiento italiano. En los cuentos populares húngaros es considerado un héroe —conocido en ellas como Matías el Justo, el monarca que paseaba disfrazado entre sus súbditos—.

Biblioteca 
Frontespizio del Cod. Guelf. 43 Aug 2°, un codice un tempo posseduto da Mattia Corvino d'Ungheria. Il codice contiene l'Opera di Bartolomeo Della Fonte, scritta nel 1488. Fa parte della Bibliotheca Corviniana, segnato nel "Registro della memoria del mondo"

La Corvina fue la más notable colección de libros que hubo en la Europa renacentista después de la Biblioteca Vaticana. Contenía obras escritas para el rey Matías Corvino (1458-1490) y copias de los escritos más importantes conocidos en su época. Representaba la producción literaria y reflejaba el estado del conocimiento y de las artes en el Renacimiento, abarcando disciplinas como la filosofía, la teología, la historia, el derecho, la literatura, la geografía, las ciencias naturales, la medicina, la arquitectura, etc.

Pal Engel, miembro de la Academia Húngara de las Ciencias, ha descrito la importancia de la Corvina con estas palabras: "Una de las más profundas ambiciones del rey Matías fue la de reunir una biblioteca, una colección de volúmenes que proporcionaran la totalidad del saber del mundo antiguo y moderno. Buscó sistemáticamente obras raras, intercambió libros con el gran Lorenzo de Médicis, fue cliente habitual de la librería de Bisticci en Florencia y mantuvo contactos con otros coleccionistas. Durante algún tiempo hubo en Buda un taller, del que se dice que contaba con treinta artesanos, haciendo libros para él. Los expertos calculan que en el momento de la muerte del rey su biblioteca podía rondar los 2.000 volúmenes. Según un visitante, la Corvina llenaba dos salas del palacio de Buda, una con las obras de los autores griegos y otra con las de los latinos. Regiomontano, el mayor astrónomo de su tiempo, tenía a su cuidado los códices griegos; Ficino y Pomponio Leto dedicaron obras al rey Matías, y Poliziano le ayudó a adquirir nuevos libros." (The Realm of St. Stephen, I. B.Tauris Publishers, Londres, 2002, p. 154.)

El material de la Corvina respondía a los criterios científicos más avanzados de la época y a las exigencias de la concepción humanista de la educación. Allí estaban los autores antiguos, griegos y latinos, descubiertos por los humanistas; la Biblia y las obras de los autores eclesiásticos y de los teólogos y eruditos medievales, y también los escritos de los humanistas contemporáneos. Entre los temas predilectos de éstos se contaban la literatura, la historia, la filosofía, la teología, la retórica, la ciencia militar, la medicina, la arquitectura y la astronomía. Los volúmenes estaban escritos en latín, en griego, en árabe y hasta en húngaro.
Hoy se conocen en todo el mundo 216 volúmenes que pertenecieron a la Corvina, de los cuales sólo 53 permanecen en Hungría. La Biblioteca Nacional de Austria posee 39; otros 49 están en diferentes bibliotecas de Italia, y el resto se reparte entre colecciones francesas (7), alemanas (8) y de Inglaterra, Turquía y los Estados Unidos de América.


Su reunión en una versión digital de la Bibliotheca Corviniana y su inscripción en el Registro de la Memoria del Mundo significan recrear una representación única y un panorama general de lo que fue el patrimonio cultural común de los humanistas del Renacimiento en la Europa del siglo XV.

Ejemplar de biblioteca



Damasceno Corvina, Biblioteca Nacional Széchényi, Budapest, Cod. Lat. 345
Damascenus Corvina, Széchényi National Library, Budapest, Cod. Lat. 345

jueves, 22 de marzo de 2012

La Imprenta Aldina y las imprentas venecianas

Venecia 

Durante el siglo XV chocaron dramáticamente el floreciente comercio tecnológico de tipos e impresores con las ruidosas exigencias de editores y público lector. Hacia 1476, apenas veinte años después de Gutenberg, ya se imprimían libros y panfletos en Oxford, Amberes, Estrasburgo, Lübeck, Rostock, Nuremberg, Ginebra, Lyon, Toulouse, Milán, Roma, Nápoles y otras cuarenta ciudades europeas. Incluso los conocimientos arcanos viajaban a gran velocidad: todos los tribunales y universidades querían conseguir no solo las últimas publicaciones, sino los medios para publicar. Con el nacimiento de matrices, moldes y tipos nacía un nuevo bien mercantil, cuyo principal centro productivo era Venecia. 
en Venecia, más de cincuenta impresores competían por atraer la atención de los mercaderes. Uno de los argumentos de venta más sólidos era la claridad. Así, los hermanos alemanes Da Spira crearon un tipo veneciano en la ciudad de los canales sobre 1460: se trataba de un tipo de letra ágil y limpio, fácilmente legible incluso para el lector actual, que rompía diametralmente con las pesadas letras góticas de Gutenberg, Schöffer y Fust. La vista, en efecto, se desliza sobre el texto más que avanzar a trompicones; puede considerarse, por tanto, la primera fuente impresa verdaderamente moderna. La década siguiente, un copista veneciano hizo públicos sus temores a quedarse sin trabajo quejándose de que su ciudad «rebosaba libros». La cosa no haría sino empeorar, pues para finales de siglo había ya 150 imprentas que producían más de 4.000 títulos distintos, dos veces más que las imprentas de París, ciudad rival de la italiana.

No todas las nuevas imprentas eran rentables y la calidad de sus productos variaba notablemente. Se trató, en cualquier caso, de una especie de Fiebre de Oro de la época sobre la que no pesaba restricción alguna. Erasmo incluso observó que llegó un momento que era más fácil hacerse impresor que panadero.
El mayor gasto era el de la producción de los tipos de metal, que ya se había convertido en una mercancía codiciada allende las fronteras. En Venecia seguía refinando estilos Nicolas Jenson, un francés que se había instalado en Maguncia en 1458. Allí aprendió probablemente las técnicas de Gutenberg, aunque huyó de los elementos más impenetrables del estilo gótico. El clásico estilo veneciano de Jenson, fuerte y majestuoso, con contundentes gracias que recuerdan al estilo egipcio, no hizo sino allanar el camino para la gran revolución moderna que estaba por llegar. 
Quince años después de la muerte de Jenson, el trabajo de éste fue pulido y «aligerado» por Aldo Manucio, quien creó la primera bastardilla y al que se atribuye la invención del punto y coma. Como editor y humanista, puso la primera piedra de la industria editorial moderna con sus fácilmente transportables ediciones de bolsillo de clásicos literarios y filosóficos griegos y latinos, los textos antiguos que iluminaron el alto Renacimiento italiano. 
muchos de los tipos utilizados en dichas ediciones fueron tallados por el herrero Francesco Griffo. Fue éste quien creó el ancestro de la Bembo (fuente diseñada para componer una breve reseña sobre el ascenso al monte Etna de un cardenal veneciano así apellidado) e introdujo el uso de la cursiva no como forma de resaltar el texto sino de ahorrar espacio en la composición de libros enteros.
No todo el mundo aprobaba estos nuevos tipos ni el uso que se les daba. Entre el puente de Rialto y la plaza de San Marcos el paseante tenía la oportunidad de acceder a un mundo de conocimientos nunca antes imaginado. A las asequibles obras griegas y latinas se sumaron textos locales o publicados en Roma en los que se debatían conceptos intelectuales y eróticos.
 Los best sellers no eran ya las obras religiosas, sino sus opuestas: los textos más lujuriosos de Virgilio y Ovidio. Hasta quienes habían abogado por la difusión impresa del saber se quejaban del atontamiento social: Hieronimo Squarciafico, colaborador de Manucio, temió que «la abundancia de libros hiciese al hombre menos estudioso» e imaginaba un escenario en los Campos Elíseos desde el que los grandes autores deploraban que «la imprenta hubiera caído en las manos de los hombres iletrados, que corrompían casi toda cosa». Especialmente preocupantes se consideraban las abreviaciones de las obras y la accesibilidad a los textos históricos. La sabiduría cayó en manos de aquellos que antes la consideraban fuera de su alcance.

La Imprenta Aldina 
Copia del Virgilio Aldino de 1501



La Imprenta Aldina fue una imprenta iniciada en 1494 en Venecia por Aldo Manucio. Esta imprenta fue famosa en su época por la impresión de las obras clásicas y por la invención de las letras itálicas o «cursivas».

Las ediciones aldinas se caracterizan tanto por la elegancia de su ejecución material como por la corrección y pureza de los textos. Las más de estas ediciones son las primeras que se hicieron de clásicos griegos y romanos. Muchas no se han reimpreso después.
Se pueden citar entre otras, las Rhetores Greci, el Alexander Aphrodisiensis. Otras contienen textos rectificados por una sába crítica de escritores clásicos modernos, como Petrarca, Dante, Boccaccio, etc. Todas son dignas de atención por la corrección escrupulosa de los textos aunque bajo este punto de vista las ediciones griegas tal vez son inferiores a las latinas e italianas. Estas ediciones, sobre todo las salidas de las prensas de Alde Manucio padre forman por muchos conceptos época en los anales de la tipografía.

Hizo sobre todo Alde Manucio importantes servicios a su arte por las muchas mejoras que introdujo en la fabricación de los tipos. Sucesivamente mandó grabar y fundir nueve clases de caracteres griegos y catorce de caracteres romanos. Entre estos últimos, el llamado itálico del que hizo uso para imprimir su edición de Bembus de Aetna, es un modelo. La cursiva latina inventada por Francisco de Bolonia, satisfacía menos las condiciones de la perfección. Debió su propagación a Alde Manucio de la que echó mano para su edición portátil de los clásicos antiguos y modernos, en octavos siendo la primera obra que apareció, el Virgilio en 1501. Es muy defectuosa en razón del número de letras ligadas las unas con las otras que contiene. Aldo Manucio poseía tres géneros de caracteres hebraicos.

No era partidario ni hizo uso nunca de letras con arabescos, viñetas y otros adornos. La única edición que salió de sus prensas con semejantes adornos y grabados en madera fue la Hypnepotomachia Poliphili de 1499, en folio. Sus papeles son fuertes y blancos. Fue el primero que tuvo la idea de tirar separadamente de una edición ordinaria algunos ejemplares sobre un papel más fino o más fuerte. La primera obra en que empleó este sistema fueron las Epístolae grecae. Fue igualmente el primero en imprimir en papel grande (1501, edición de Philastrate) y en papel azul. Sus impresiones en vitela son lo mejor que puede obtenerse en este género. La tinta de imprenta que usaba era de una calidad superior. Sus precios eran sumamente moderados y su Ariosto en cinco volúmenes en folio no costaba más que 11 ducados.

A su muerte empezó la imprenta a perder su reputación bajo la dirección de Pablo su hijo y después de Alele su nieto. Cuando en 1597 dejó de existir después de haber durado un siglo y puesto en circulación novecientas ocho ediciones, no se distinguía ya en nada de otras imprentas del país. Las ediciones que salieron de ella y muy particularmente las de los últimos años del siglo xv y principios del xvi fueron muy buscadas. Citaremos entre las más raras y preciosas las de Horae Beatae Mariae Virginis (1497), un ejemplar de Virgilio, (1501) y de los Rhetores graeci, sin hablar de las que se hicieron desde 1494 a 1497 casi desconocidas hoy.
Las más completas colecciones de los Aldinos que existen son las de M. Renouard, librero no menos célebre que sabio distinguido de París y las del gran duque de Toscana. M. Renouard publicó en 1825 la segunda edición de su monografía tan estimada de las producciones de los Aldes, conocida con el título de Annales de l'imprimerie des Aldes, ou histoire des Trois Manuce et de leurs editions. También recibía a los mayores humanistas de la época como Pietro Bembo, Girolamo Fracastoro ó Giovanni Battista Ramusio para presentar sus obras.



domingo, 18 de marzo de 2012

Viejo amigo y librero Juan Saade Ramirez

Los secretos que guarda el más antiguo y reconocido librero del país.

Fue noticia por la visita que hace un mes le hizo Pinochet. Pero este librero destaca desde mucho antes por razones literarias. Por su local transitaron Huidobro, Neruda, Parra y De Rokha.
Juan Saade. Desde la década del cuarenta, el librero tuvo la ocurrencia de comprar las bibliotecas privadas de las familias que se trasladaban del centro de Santiago al barrio alto.
Hace exactamente un mes, en una lluviosa tarde de viernes, la modesta librería de Juan Saadé perdió su acostumbrada calma. Sin previo aviso, escoltado por no pocos guardaespaldas, apareció el retirado general Augusto Pinochet preguntando por el dueño de la librería La Oportunidad. No fue, después de todo, una gran sorpresa para el propietario del local de la galería San Diego. Desde los años cincuenta que el militar frecuenta la que hoy es considerada la más antigua librería del país, especializada en textos de colección.
"La primera vez que vino era muy joven y no era conocido. Le interesaba la historia y preguntó si podía pagarme con un cheque a fecha", dice el librero, quien hasta hace un mes había mantenido reserva de esa amistad. Desde el viernes 2 de julio, gracias a la cobertura de los medios, el mundo literario chileno se enteró de que uno de los clientes de Juan Saadé era el controvertido militar. "He tenido bastantes detractores desde que pasó eso", admite el librero. "Pero don Juan: usted sabe que esa es gente que no vale la pena", lo consuela Cecilia, la mujer que lo asiste en el trabajo diario.
Lo extraño a estas alturas no es que Pinochet salga a visitar amigos o que vaya a comprar libros de historia en una galería comercial del centro de Santiago. Lo extraño en este caso es que el librero de Pinochet también haya provisto a poetas como Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, Nicanor Parra y Pablo Neruda. Y no sólo eso. Al menos con los dos primeros cultivó una amistad que lo llevó a compartir en varias tertulias literarias. "En esos años yo ganaba plata con la librería, y como era casi el único que tenía recursos, era el que invitaba los tragos", recuerda Saadé.
Tesoros de la aristocracia.
Nacido hace 82 años en Constitución, Juan Saadé Ramírez se hizo cargo de La Oportunidad en 1941. El local había sido fundado la década anterior con el nombre de La Ocasión. El entonces joven Saadé, que había adquirido el gusto por la lectura desde que heredó una valiosa biblioteca privada de un tío, le cambió el nombre y se hizo asesorar por un experto. "Se llamaba Tulio Salinas, un tipo muy culto que había sido cura. Un día se enamoró de una mujer y colgó los hábitos".
En ese entonces, recuerda Saadé, las familias más acaudaladas del país comenzaron a trasladarse desde Santiago Centro al barrio alto. Y como las nuevas casas eran más pequeñas que las céntricas mansiones, Saadé y Salinas repararon en que esas familias necesitaban deshacerse de sus bibliotecas privadas. "Íbamos a esas casas y comprábamos verdaderos tesoros a precios muy convenientes. Así fuimos dándole prestigio a la librería".
Según testifica su dueño, uno de los más asiduos a La Oportunidad fue Pablo de Rokha, a través de quien conoció a José y Carlos De Rokha, dos de los hijos del poeta. Del primero recuerda que solía aparecer por su casa pidiendo asilo porque constantemente lo echaban de las viviendas por no pagar arriendo. El segundo, agrega, llegó un día a comprar una edición de las obras completas de Vicente Huidobro. Era para regalársela a una pareja que se casaba esa misma noche. "Esa fue la última vez que lo vi. Al día siguiente de la boda -dice Juan Saadé-, Carlos de Rokha se quitó la vida".

 La biblioteca privada de un ex coleccionista.

Juan Saadé, el que hoy es reconocido por sus colegas como el más antiguo y experimentado librero del país, ya perdió la cuenta de la cantidad de libros que posee. A sus 82 años, cuantifica su patrimonio por metro cuadrado. A los dos locales contiguos que tiene en San Diego 119 se suma un departamento repleto de libros que se ubica sobre la galería de calle San Diego. Además, reporta el mismo Saadé, su casa de la comuna de Ñuñoa está atestada de libros sin clasificar. "El otro día mi mujer me amenazó con botármelos todos", dice. "Yo creo que lo va a hacer cuando me muera".
El dueño de La Oportunidad reconoce que fue un entusiasta coleccionista de libros antiguos. De ahí que su casa esté llena de ellos. Pero con el tiempo, y más aún con el declive que experimentó el negocio desde la década del '70, se vio obligado a vender una buena parte de su colección privada. Dice que ya no le interesa seguir guardándose libros, que ya está viejo y que de seguro ninguno de sus tres hijos seguirá con el negocio.
libro leyendo
Falleció el 25 de Febrero de año 2006.
Biblioteca de princesa  Irulan Corrino.


Martes 12 de Diciembre de 2006
Aficiones bibliográficas:
El librero que Pinochet nombró ministro
Juan Saadé, experto en historia de Chile, recibió por última vez al general en su local de San Diego, en julio de 2004. Fueron amigos durante 50 años.


VÍCTOR M. MANDUJANO.


La tarde del viernes 2 de julio de 2004, la galería situada a la entrada de la calle San Diego se vio agitada por un inusitado alboroto. Augusto Pinochet en persona, custodiado por sus guardaespaldas, apareció sin aviso en la pequeña librería de viejos "La oportunidad", de su amigo Juan Saadé Ramírez (fallecido en febrero pasado, a los 86 años) para realizar una compra, como lo hizo con regularidad durante 50 años.
En la oportunidad, se llevó una Historia y Geografía Universal y un Diccionario Enciclopédico Planeta en cinco tomos, por $120 mil. El librero le regalo, además, otros volúmenes.


Desde teniente.


Sería su última salida a una actividad pública por voluntad propia. La galería hervía y los detractores del militar lo increpaban sin piedad.
La afición por los libros de historia de Chile (la especialidad de la pequeña librería) le venía a Pinochet desde sus tiempos de teniente, cuando entabló amistad con Saadé y pagó su compra con un cheque a fecha. Al final, los pagos eran en efectivo y los hacía un encargado de su comitiva.
Tranquilo y reservado, Juan Saadé también atendió a poetas como Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, Nicanor Parra y Pablo Neruda. Augusto Pinochet no dejó nunca de saludarlo para su santo (ni siquiera cuando estuvo detenido en Londres).
En entrevista publicada en el diario Las Últimas Noticias, el comerciante recuerda: "Antes de 1973 le dio por comprar libros sobre marxismo, porque, según explicaba, al enemigo había que combatirlo conociendo su ideología. Después le vino lo de Napoleón. Yo le decía que era peligroso, porque después, cuando uno está arriba, se cree Napoleón. Le vendí todos los libros sobre Napoleón".


Ídolo y amigo.


A tal grado llegó su amistad, que, según refería el fallecido librero, "el primer decreto que firmó fue nombrándome ministro de Educación. Yo le mandé una nota de agradecimiento, diciéndole que no podía aceptar un puesto así, porque conocía tanto a mi país que tenía claro que nadie salía bien parado de los gobiernos chilenos".
Tras la muerte de Saadé, la pequeña librería de San Diego es atendida por su hija María Elena, quien estuvo presente durante la última visita del general: "Lo abracé y lo besé. Era mi ídolo. No tanto por el aspecto político, sino por la amistad que tenía con mi padre por más de medio siglo. Conversaban de libros y antes de que él fuera públicamente conocido, lo hacían aquí en la esquina de San Diego con Alonso Ovalle".


-¿La visita de Pinochet a la librería fue perjudicial?


"No pasó nada raro. La librería siguió igual. No era la primera vez que venía. En 2003 también lo hizo, pero le avisaron que venía la prensa y salió rápido".


Con Miss Universo.


JUAN SAADÉ recordaba también que un día Augusto Pinochet le dijo que en la tarde iría a La Moneda Cecilia Bolocco (Miss Universo), y lo invitó a asistir. "Fui a La Moneda a las seis, con una maleta llena de libros recién llegados. En eso le avisaron que la Bolocco ya estaba en el palacio. Le pedí que no la hiciera esperar. Me miró y exclamó: ¡Qué me importa a mí la Miss Universo, a mí me interesan los libros!".
Comentario Personal.

Durante la década de 90 y la primera década del siglo XXI, visite muchas veces, en mis tiempos libres la galería de libreros de San Diego, conociendo a muchos libreros, y compre muchos libros para formar mi biblioteca personal.
Tuve la suerte de conocer al librero don Juan Saade en esta época, converse mucho con él durante semana, teniendo un recuerdo maravilloso de su persona y su manceba de comercio. Le compre michos libros quedaran en mi colección.
Descansa en paz. 

lunes, 12 de marzo de 2012

ORTOGRAFÍA de la Lengua Castellana, compuesta por la Real Academia Española (1763)

Anllela camila hormazabal moya

Anllela camila hormazabal moya

Anllela camila hormazabal moya

Anllela camila hormazabal moya

Anllela camila hormazabal moya


Anllela camila hormazabal moya

Autor: Real Academia de la Lengua Española.

Título: Ortografía de la Lengua Castellana.

Edición: 3ª ed.

Publicación: Madrid, en la imprenta de Antonio Pérez Soto, impresor de la Academia, 1763.

Descripción: XX,  254 p., [11] h. de lámimas ; in octavo ; lomo con tejuelo manuscrito , encuadernación en pergamino. Marca de impresor de la Real Academia de la Lengua Española
Nota: Contiene lista de las abreviaturas que se usan freqüentemente en lo escrito a mano ; lista alfabética de las voces de dudosa ortografía.
Corresponde esta Ortografía a la tercera impresión realizada por la Real Academia de la Lengua española de las quince publicadas hasta el momento.
Con relación a las dos primeras ediciones es de destacar el cambio en cuanto a criterios de unificación del idioma. En las anteriores es la etimología el criterio principal , siendo en esta por el contrario la pronunciación y el uso.

Pronunciación como criterio principal
Anllela camila hormazabal moya

Hasta el siglo XIII todos los escritos se realizaban en latín. Gracias a Alfonso X El Sabio (1221-1284), en su deseo de que los conocimientos fueran accesibles a toda la población, reunió a expertos traductores que pudiesen traducir los escritos del griego y árabe al castellano. Con él se normalizó el uso del castellano como lengua común, tanto en el ámbito jurídico-administrativo como en el literario.
A partir de este momento mucho más va a evolucionar la lengua castellana hasta que en el siglo XVIII se establece el castellano con la forma más parecida al español moderno que conocemos hoy.

A lo largo de los siglos XV, XVI y XVII diversos teóricos tratan sobre la ortografía, entre ellos figuran:  Enrique de Villena con su “Arte de trovar” (1433); Antonio de Nebrija dedica el Libro XI de su Gramática Castellana (1492) a la Ortografía; Alexo Vanegas autor de la obra Tractado de Ortographia y accentos en las tres lenguas principales (1531);  Bernabé de Busto con su obra Arte para aprender y escriuir perfectamente en romance y en latín (1533);  Francisco de Robles, Juan de Valdés, Juan de Yciar, Fray Andrés de Florez, Antonio de Torquemada con su Manual de escribientes, por sólo nombrar a algunos de ellos,  hasta llegar  a la publicación de la primera Ortografía de la Real Academia de la Lengua española en 1741.
Uno de los cambios fundamentales que se producen en la presente ortografía es el sonido  y grafía “ss”.  Hasta el siglo XVI  el sonido de la “s” sorda se correspondía con la grafía “ss”,  en cambio la “z”  (ese sonora), con una sola “s”,  pero en el siglo XVII la “s” sonora prácticamente se había perdido, únicamente permanecía en Andalucía.
Fue Mateo Alemán quien propuso eliminarla de la ortografía pues ya no tenía sentido la representación gráfica de un sonido que había desaparecido.
La Real Academia aún reconociendo la dificultad de uso de la doble “ss”  no decidirá su exclusión hasta la presente Ortografía de 1763.

Supresión de la S duplicadaAnllela camila hormazabal moya

Además de la interesante supresión de la “ss” , esta edición contiene otras curiosidades contenidas en  la Parte II. De la puntuación, Capítulo V. De otras notas que se suelen usar en lo escrito, en el que se expresa literalmente lo siguiente:

“Las cláusulas de agena obra, ó de Lengua estraña se distinquen en lo impreso con letra bastardilla…y en lo manuscrito, por no ser fácil la diversidad de letras, se rayan por debaxo las palabras que se citan”.
“Los que en la Imprenta llaman Calderones, y son de esta forma (¶¶) …el fin principal y mas común de esta Nota es para la Signatura, por donde se gobiernan los Impresores y Enquadernadores de libros…”
“Algunas veces en las márgenes, y otras dentro de la obra se usa en lo impreso esta Señal?????????????con el nombre de Manecilla, la qual sirve para llamar la atención del que lee, y dar á entender que las cláusulas á que corresponde esta Señal son particularmente útiles, ó necesarias”.

lunes, 5 de marzo de 2012

SUPRALIBRO de la “Escuela Latina”


“Un hombre sin pasiones está tan cerca de la estupidez que sólo le falta abrir la boca para caer en ella”.

Seneca (4 a.C-55 d. C)


Antes de comenzar este post quiero comentar  que esta información me la facilitó un compañero, un crack, cuyo blog de bibliofilia recomiendo que visitéis.

No era fácil encontrar esta información, pero él la consiguió y me la facilitó.

El supralibro que  aparece en la cubierta del libro de Séneca está representado por una Υ (ípsilon). Esta es la llamada Υ pitagórica, los dos brazos superiores representan los dos caminos de la vida,  el camino ancho, que representa el camino sin esfuerzo y el estrecho con un ensachamiento en su parte final, que representa el camino de la virtud y del éxito.
Esta letra era el símbolo de la “Escuela Latina”, escuela situada en la ciudad de Delft (Holanda) y que editó el libro de Séneca ya comentado. El símbolo  iba acompañado del siguiente lema:  Per angusta ad augusta (a las alturas por caminos estrechos).
Esta “Escuela latina” fue la primera escuela dedicada al estudio de los autores latinos de Europa.
El edificio donde estuvo situada la escuela, en la actualidad es el archivo, pero conserva sobre la entrada el símbolo y el lema de la antigua escuela.
Este tipo de libros estaban adaptados para la enseñanza, de ahí probablemente su tamaño, la tipografía grande y las notas a pie de página.
Se entregaban como premio a algún estudiante destacado, a quien estaba dedicado  en el Ex Praemio, en el que figuraban el nombre del agonoteta y del alumno premiado.

Heloísa y Abelardo: amor atemporal (1781)


Lettres et épitres amoureuses d’Héloïse et d’Abeilard au Paraclet; nouvelle edition, revue, corrigée & augmentée, par Monsieur A.C.C**. 2 v.; dieciseisavo, frontispicios. Paris, chez Cailleu, imprimeur-libraire, rue Saint-Sevenir, 1781.

Encuadernación en piel de época, con filetes dorados. Lomo con decoración vegetal dorada y doble tejuelo. Guardas y cortes marmoleados.






Una historia de amor trágica, pasional e imposible durante el siglo XII, en la que aparecen conceptos como virginidad, relaciones fuera del matrimonio, diferencia de edad, la sumisión como elección, feminismo como comportamiento,  el sacrificio sin límites de Eloisa, la transgresión, el papel del hombre y de la mujer,  todo en el contexto religioso-filosófico de la Edad Media.
Una relación epistolar en la que los amantes plasman sus sentimientos más profundos y que les mantendrá unidos en la distancia hasta que vuelvan a encontrarse, una vez fallecidos, en la misma tumba de la ciudad de Paracleto.

 Abelardo Eloísa
Sus restos actualmente se encuentran en el cementerio Père Lachaise de París, donde fueron trasladados en el siglo XIX.

Carta I

Eloísa a Abelardo


No dejes por eso de escribirme fielmente cuanto te suceda por tríste y doloroso que sea: que si es verdad que las penas comunicadas se alivian, refiriéndome las tuyas te serán menos pesadas. No te sirva de disculpa querer escusar mi llanto, porque tu silencio me sería mucho mas costoso aún . Acuérdate de mi; no olvides mi ternura ni mi fidelidad: piensa que te amo frenéticamente, aunque me esfuerzo algunas veces para no amarte. Mas, ¡qué blasfemia! ¡no amarle! esta idea me estremece; me siento con deseos de borrarla del papel…


Carta II

Abelardo a Eloísa


No me tengas por hombre de mérito, que no merezco ese elogio: mi flaqueza me anonada. Para aborrecerme piensa que he sido el seductor de tu inocencia y que he manchado, tu reputación; no me perdones por amor, válete del cristianismo para olvidar el mal que te he ocasionado. La prudencia quiere salvarnos: no nos opongamos á sus designios, Eloísa. No me vuelvas á escribir: esta carta será la última que yo te escriba: pero en cualquier parte que la muerte me coja, mandaré que mi cuerpo sea conducido al Paracleto.


Carta III

Eloisa a Abelardo


Eloísa te amó: siguió en tu busca los pasos de amor no permitidos, sin tener de su Dios en aquel tiempo sino la sombra de un recuerdo frio. Todo lo cedí; mi honor, mi gloria te rendí muy gustosa en sacrificio. Tú fuiste mi querer, tú mi destino, mi anhelo, mi placer, mi Dios, mi todo.


Carta IV

Abelardo a Eloisa


No, Eloísa, no puedo: adiós, bien mio, no nos queda otro arbitrio, vida mía, que en lágrimas bañado el pecho y suelo, invocar siempre la piedad divina.


Carta V

Última carta de Eloísa

Ya abrasada en angustias lastimeras, suelto en desorden el cabello al viento, llorosa al Cielo envío mis querellas, lucho, me agito y me fatigo en vano, orando por calmar mi pasión ciega.

DON ANTONIO DE SANCHA: librero, encuadernador e impresor del siglo XVIII

Don Antonio de Sancha (Torija 1720-Cádiz 1790), comenzó su relación con los libros a la edad de 19 años como vendedor y encuadernador en la casa del impresor Don Antonio Sanz .

Siendo París el centro del que partían las principales innovaciones artísticas aprendió y observó los métodos en que los parisinos encuadernaban y ligaban sus libros. Alcanzó gran fama convirtiéndose en encuadernador de la Real Academia de la Historia, de la Lengua y finalmente de la Biblioteca Real.
Marca de impresor
Una de sus marcas de impresor.

En 1768 se convierte también en editor, fecha en que aparece el primer tomo de El Parnaso español: colección de poesías escogidas de los más célebres poetas castellanos, cuya impresión de este y los siguientes tomos encargó a D. Joachin de Ybarra.
Es considerado junto con Ibarra el mejor impresor del siglo XVIII y uno de los mejores impresores españoles de todos los tiempos, por el cuidado y meticulosidad de sus impresiones.

Biografía 

Antonio de Sancha (Torija, Guadalajara, 11 de julio de 1720-Cádiz, 30 de noviembre de 1790). Fue un importante editor, encuadernador e impresor español.

Carrera

Se formó en el taller de Antonio Sanz, quien más tarde sería su cuñado. Su primer oficio fue el de encuadernador, y en 1751 ya era encuadernador de la Real Academia de la Historia.1 En 1754, lo era de la Real Academia de la Lengua y en 1760, se convierte en encuadernador de la Real Biblioteca. Entre 1768 y 1778 tenía su taller en la plazuela de la Paz de Madrid.
A partir de su temprano éxito se estableció como editor, y encargó a Ibarra imprimir los primeros tomos del Parnaso Español,2 colección de poesía que pretendía reeditar a los clásicos castellanos. A partir del sexto volumen del Parnaso ya lo pudo imprimir en su propia imprenta, que abrió en el edificio de lo que había sido la Aduana Vieja de Madrid (en la actual plaza de Jacinto Benavente), entonces ya trasladada a su actual sede de la calle Alcalá. Mantuvo su librería allí entre 1779-1790.
En 1771 editó la Gramática griega filosófica aún impresa por Antonio Pérez de Soto. Siguieron entre otras Las Eróticas, de Esteban Manuel de Villegas, de 1774, en dos tomos, La Araucana de Alonso de Ercilla en 1776, el Quijote de 1777 en cuatro tomos, con láminas de José Camarón grabadas por Manuel Montfort.
En 1783, imprimió las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra, y en 1789, los Trabajos de Persiles y Sigismunda. Una historia setentrional, del mismo autor. Continuó editando los clásicos del siglo de oro con grandes ediciones de Lope de Vega y Francisco de Quevedo.
Además de su trabajo como editor, impresor y encuadernador, Sancha reunió en la trastienda de su negocio una influyente tertulia ilustrada con asistentes como Eugenio Llaguno y Amirola, Juan José López de Sedano, Juan Antonio Pellicer,1 Vicente García de la Huerta,1 Francisco Cerdá y Rico,1 Pedro Rodríguez de Campomanes, el conde de Aranda, Salvador Carmona, Antonio Carnicero, Vicente de los Ríos1 o Luis Paret.
Tras haber editado el Quijote ya en 1777, una copia de la edición de 1771 de Joaquín Ibarra,1 decidió encargar una nueva versión a Juan Antonio Pellicer, el bibliotecario del rey. Su obra no sería terminada hasta 1798, ocho años después de la muerte de Sancha. Fue publicado, en ocho tomos, por su hijo Gabriel de Sancha.

Fuentes:

VILLEGAS GARCÍA, Mariano. Artes impresorias del siglo XVIII (Tesis doctoral), 1993.
AGUILAR, Pedro.  Antonio de Sancha: el alcarreño que recuperó a Cervantes, Biblioteca de la Universidad Castilla la Mancha.
Para saber más:

LOPEZ SERRANO, Matilde. Antonio de Sancha: encuadernador madrileño. Madrid: Sección de Cultura e Información, Artes Gráficas Municipales, 1946.
FRANCISCO GONZÁLEZ, Juan. Madrid dividido en ocho cuarteles, con otros tantos barrios cada uno : explicación y láminas de ellos y sus… (1770?).
MARTÍNEZ DE LA TORRE, Fausto. Plano de la Villa y Corte de Madrid en sesenta y quatro láminas, que demuestran otros tantos barrios en que está dividida … [Material cartográfico], 1800

MARCO TULIO CICERÓN: Lelio o De la amistad (1691)


De Officiis. Libri Tres. Cato Major sive de Senectute ;  Laelius sive de Amicitia ; Paradoxa ; Somnium Scipionis. Ex recensione, Joannis Georgii Graevii.  470 p.; 8º, frontispicio.  Index Rerum & Verborum. Amstelaedami: Apud Henricum Wetstenium, MDCXCI.

Dos marcas de propiedad, una estampada (Wm. Rollo) sobre el frontispicio y otra manuscrita en la parte superior de la portada (C. Ron van der Brocke)
Encuadernación en piel de época, cinco nervios con decoración vegetal en entrenervios. Tejuelo, guardas marmoleadas y cantos coloreados en rojo.

Dedicado a un amigo:

“Amicus certus in re incerta cernitur” (Cicerón)

Marco Tulio Cicerón (106 a.C – 43 a. C) escribe  De Officiis como una obra filosófica que trata sobre los deberes de los hombres como miembros del Estado.
Me he centrado en una de las obras que componen este volumen: De Amicitia, que trata sobre la amistad a través de un dialogo entre varios interlocutores, tras el fallecimiento de Escipión Emiliano.
Aunque hay que entender el concepto de amistad en el contexto de la época, en la que se asimilaba al significado de clientelismo y favoritismo político, Cicerón a través de este escrito, trata de superarlo dando a la amistad un significado ético y filosófico, justificado por la necesidad de la sociabilidad propia del ser humano.
Me ha sorprendido gratamente la cantidad de estudios realizados sobre el concepto de amistad y cómo ha ido evolucionando a lo largo de la historia, pero mi intención en esta ocasión es solamente dedicar este post, como escribía al principio, a un amigo.

Dejo al final varios enlaces, por si alguien estuviera interesado en leer sobre el concepto de amistad, una palabra que está en la actualidad tan sobreutilizada y desgastada que quizá haya perdido su verdadero significado.




En primer lugar, ¿cómo puede ser, como dice Enio, ‘vivible’ una vida que no descansa en la mutua benevolencia de un amigo? ¿Qué más dulce que
tener con quien te atrevas a hablar todas las cosas así como contigo? ¿Qué fruto tan grande habría en las cosas prósperas, si no tuvieras quien se alegrara
con ellas igual que tú mismo? Y sería difícil sobrellevar las adversas sin aquel que las sobrellevara más gravemente incluso que tú. Finalmente, las demás cosas que se desean son convenientes cada una casi para cosas singulares:
las riquezas, para que las uses, el poder, para que seas respetado, los cargos,  para que seas alabado, los placeres, para que goces, la salud, para que
carezcas de dolor y cumplas con las obligaciones del cuerpo; la amistad contiene muy grandes cosas; adonde quiera que te vuelvas, está al alcance de la
mano, de ningún lugar se excluye, nunca es intempestiva, nunca molesta, y así, no usamos, como dicen, del agua, no del fuego, en más lugares que de la amistad.


Pero deben ser establecidos cuáles son los límites en la amistad y, por así decirlo, los términos del amar. Sobre estos, veo que se aportan tres opiniones, de las cuales ninguna apruebo, una, que estemos dispuestos para con el amigo del mismo modo que para con nosotros mismos; otra, que nuestra benevolencia hacia los amigos responda semejante e igualmente a la benevolencia de
aquellos hacia nosotros; la tercera, que, cuanto cada uno mismo se estima, tanto por los amigos sea estimado.

Con ninguna de estas tres opiniones estoy de acuerdo en absoluto. Pues ni es verdadera aquella primera, que cada uno esté dispuesto hacia su amigo de mismo modo que hacia sí mismo. Pues ¡cuántas muchas cosas hacemos por causa de los
amigos, que nunca haríamos por causa nuestra!: rogar a alguien indigno, suplicarle, además lanzarse bastante violentamente contra alguno y perseguirle
bastante ardientemente, las cuales cosas se hacen no bastante honestamente en nuestras cosas pero honestísimamente en las de los amigos; y hay muchas cosas en las cuales los hombres buenos quitan y sufren que se quiten muchas cosas de sus propias ventajas, para que los amigos disfruten de ellas mejor que ellos mismos.



Conviene que una cierta suavidad de lenguaje y de costumbres, condimento de ningún modo mediocre de la amistad, se añada aquí. Pues la austeridad y la
severidad en toda hecho, ciertamente tiene gravedad, pero la amistad debe ser más indulgente y más libre y más dulce y más proclive a toda compañía y facilidad.


Leilo o de la amistad (Texto bilingüe)
Amistad y relaciones sociales en el Mundo Antiguo. Una aproximación al fenómeno en el mundo griego y romano. En: Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 22, 2009, págs. 85-96
FREI TOLEDO, Raimundo: Fundamentos sociológicos de la amistad: historia, teoría y crítica de un concepto (Tesis doctoral). Universidad de Chile. Facultad de Ciencias Sociales.

P. JUAN DE MARIANA: Historia General de España, 1785



HISTORIA GENERAL DE ESPAÑA que escribió el P. JUAN DE MARIANA, ilustrada en esta nueva impresión de tablas cronológicas, notas y observaciones críticas.  v. 2 de 9 (546 p.); infolio. Valencia: Oficina de Benito Monfort, 1785. Grabador M. Brandi.

Encuadernación en piel de época, filetes dorados, cinco entrenervios con decoración dorada en primer entrenervio. Tejuelo y cortes marmoleados. Impreso en papel de Beceite.
Considerado uno de los grandes intelectuales del siglo XVI, el Padre Juan de Mariana  (1536-1624), escribe la Historia General de España cubriendo el vacío existente en cuanto a historiografía española se refiere.
La primera edición en castellano, tras la edición en latín de 1592,  se publica en 1601 en Toledo, con el título Historia general de España compuesta primero en latin, despues buelta en castellano por Iuan de Mariana de la Compañia de Iesus e impresa por Pedro Rodríguez, impresor toledano del Siglo de Oro.

Edición de 1592anllela camila hormazabal moya


En 1608 se imprime de nuevo en Madrid, por Luis Sánchez, que junto a Juan de la Cuesta es considerado uno de los mejores impresores del Madrid de la época.
En 1616 aparece una nueva impresión corregida y aumentada por Alonso Pérez, cuyo segundo tomo fue impreso por Juan de la Cuesta y el primero por la viuda de Alonso Martín de Balboa.
En 1622 se encargó él mismo de la impresión previa petición de ayuda a Felipe IV.
La cuarta edición (1623) la realizó de nuevo Luis Sánchez, siendo considerada ésta la mejor edición, tal y como aparece reflejado en el prólogo de la edición de 1780.
Prólogo de la edición de 1780anllela camila hormazabal moya

Posteriormente aparecen las ediciones de 1635 por Francisco Martínez en Madrid y ya en el siglo XVIII, se imprimen las ediciones de 1718 y 1719 en Lyon  por Antonio Briasson y en 1723 en Amberes por Marcos-Miguel Bousquets. Entre 1723 y 1725 aparecen varias ediciones en París traducidas al francés.
A finales del siglo XVIII aparecen las ediciones de Joaquín de Ibarra (1780) y Andrés Ramírez (1780 y 1782).
En 1783-1796 aparece la decimosexta impresión (la mostrada en este post) con nueve volúmenes e impresa por Benito Monfort. En el siglo XIX se imprimen tres nuevas ediciones, las dos últimas con 10 volúmenes.
Desde el siglo XVII al XIX se imprimen  también otras ediciones con adiciones y continuaciones, algunas de ellas incluyendo textos del Conde de Florindablanca o Queipo de Llano.
Interesante fue la controversia sobre el valor historiográfico de la obra de Mariana surgida a lo largo de siglo XVIII.
Manuscrito de Juan de Rihuergaanllela camila hormazabal moya

El motivo de esta controversia fue la relación de su obra con los llamados falsos cronicones, que apoyados en los escritos no conservados de Dextro y de Máximo fueron aprovechados por Fray Juan de Rihuerga y Lorenzo de Padilla, convirtiéndolos en fuente de la historia de España. Más adelante el jesuita toledano, Jerónimo Román de la Higuera (1538-1611) difundió unas supuestas copias de los originales de Dextro y Máximo en 1608 que finalmente se imprimen en 1619 en Zaragoza.
La cuestión que se planteaba era si las referencias que hizo el Padre Juan de Mariana a Dextro y Máximo en alguno de sus capítulos, procedían de su propia mano y con esto difundía una historia engañosa.
Lo cierto es que dichas referencias, no constaban ni en la edición latina de 1592 ni en la castellana de 1601, solo figuraban en la edición de 1623.
Aparecen en este contexto Gaspar Ibañez (1628-1708) y Nicolás Antonio (1617-1684), críticos de la historiografía española y contrarios a los Cronicones. Prueba de ello fueron varias publicaciones, como Dissertaciones eclesiasticas, por el honor de los antigvos tvtelares, contra las ficciones modernas, de  Gaspar Ibañez  o Defensa de la historia de España contra el Padre Higuera, publicada tras su muerte con el título de Censura de historias fabulosas.
Ni Gaspar Ibañez ni Nicolás Antonio, hicieron referencia alguna contraria a la Historia de España de Mariana, pero sería el valenciano y bibliófilo, Gregorio Mayans i Siscar (1699-1781), quien partiendo de una inicial admiración por los escritos de Juan de Mariana acabaría transformándose en un duro crítico, a raíz de una relación epistolar mantenida a lo largo de 20 años con el jesuita Andrés Marcos Burriel, gran conocedor de los manuscritos y obra original de Mariana, con anotaciones marginales supuestamente de su puño y letra.
Andrés de Marcos Burriel, transmite a Mayans que la Historia de España de 1623 es la definitiva frente a la de 1608. Con lo comunicado por Burriel parecía demostrarse que el Padre Mariana no era contrario a la historia de Dextro y Máximo. Mayans sigue dudando de todo este asunto porque no conoce directamente los documentos originales en los que se basa Burriel. Siguió de esta forma defendiendo a Mariana, dudando de que las referencias a  Dextro y Máximo provinieran de la mano del padre Mariana y por tanto, de que la edición de 1608 fuese la original.

No obstante, la correspondencia continuada entre ambos sobre este tema, le llevó a convertirse en un duro crítico del Padre Mariana, animando a  Burriel en su deseo de publicar los manuscritos originales.
En 1759 fue fundada la Compañía de Impresores y Libreros de Valencia, con quién Mayans mantenía un estrecho contacto, animando a dicha institución para que publicara la Historia General de España.
Uno de los socios de la Compañía, Benito Monfort, solicitó permiso en 1776 para  la publicación de la Historia, permiso que se concedió por Real Decreto, con la particularidad de que los editores se basarían en la edición de 1608.
En 1780 la institución monárquica patrocinó la publicación de dos nuevas ediciones en Madrid, pero basadas en la edición de 1623 por considerar esta la más correcta.
En 1783 se publica el primer tomo de los nueve que componían la Historia General de España impresa por Benito Monfort.
Antes de terminar la publicación de esta edición, en 1794, Benito Monfort, reimprime la obra en dos tomos, reproduciendo en esta ocasión en la edición de 1623.

Finalmente se concluyó que la difusión de los falsos cronicones de la edición de 1623 no podían ser atribuibles a Juan de Mariana, planteándose la posibilidad de que fueran realizadas por compañeros jesuitas del Colegio de Toledo.

La Historía General de España siguió considerándose referente fundamental de la historiografía española, hasta la publicación en el siglo XIX de los 30 volúmenes de la Historia general de España de Modesto Lafuente (1806-1866).


anllela camila hormazabal moya

anllela camila hormazabal moya

Bibliografía:

CRESPO LÓPEZ, Mario: Juan de Mariana: estudio crítico. Fundación Ignacio Larramendi. Biblioteca Virtual Ignacio Larramendi de Polígrafos.
GÓMEZ MARTOS, Francisco: Juan de Mariana y la historiografía ilustrada. Un debate a propósito de los falsos cronicones. Johns Hopkins University, 2014.
Para saber más:

GODOY ALCÁNTARA, José. Historia crítica de los falsos cronicones. Madrid: Imprenta y estereotípia de M. Rivanedeyra, 1868.