sábado, 30 de junio de 2012

La biblioteca de don Quijote; y la locura de leer




Edición Príncipe.
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La biblioteca de don Quijote de la Mancha es el tema central del capítulo VI de la primera parte del Don Quijote de la Mancha, y en ella don Miguel de Cervantes Saavedra, por boca del cura Pero Pérez, expone opiniones sobre ciertos libros de caballerías y otras obras de la literatura de su época, entre ellas algunos poemas épicos y novelas pastoriles. El capítulo VI menciona las siguientes obras.

1).-Amadís de Gaula.

El Amadís de Gaula es una obra maestra de la literatura medieval fantástica en castellano y el más famoso de los llamados libros de caballerías, que tuvieron una enorme aceptación durante el siglo XVI en la península ibérica.
A fines del siglo XV Garci Rodríguez de Montalvo preparó la que habría de ser su versión definitiva, cuya edición más antigua conocida es la de Zaragoza (1508), con el nombre de Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula, pero se trata de una obra muy anterior, que ya existía en tres libros desde el siglo XIV, según consta en obras del canciller Pedro López de Ayala y su contemporáneo Pero Ferrús. El mismo Montalvo confiesa haber enmendado los tres primeros libros y ser el autor del cuarto.

2).-Las sergas de Esplandián, de Garci Rodríguez de Montalvo.

Las sergas de Esplandián (Las hazañas de Esplandián) es el quinto de la serie española de libros de caballerías iniciada con el Amadís de Gaula. Su autor fue Garci Rodríguez de Montalvo, quien también escribió el libro cuarto del Amadís.
La primera edición conocida de Las sergas de Esplandián es la publicada en Sevilla en julio de 1510, pero indudablemente hubo al menos una anterior (quizá publicada en Sevilla en 1496), ya que el sexto libro de la serie, Florisando, apareció en abril de 1510.
La obra Las sergas de Esplandián relata en 184 capítulos las aventuras de este caballero, hijo primogénito de Amadís de Gaula y la princesa Oriana de la Gran Bretaña.

3)-Amadís de Grecia, de Feliciano de Silva.

Amadís de Grecia es un libro de caballerías español, noveno de la serie iniciada por el Amadís de Gaula. Su autor fue Feliciano de Silva (fallecido en 1554), el escritor favorito de Don Quijote de la Mancha.

4).-Olivante de Laura, de Antonio de Torquemada.

Olivante de Laura, libro de caballerías español, escrito por Antonio de Torquemada e impreso en Barcelona en 1564 por Claudi Bornat, que lo dedicó al Rey Felipe II. Se publicó con el título de "Historia del invencible caballero Don Olivante de Laura, Príncipe de Macedonia, que por sus admirables hazañas vino a ser Emperador de Constantinopla".

5).-Felixmarte de Hircania, de Melchor Ortega.

Felixmarte de Hircania es un libro de caballerías español, publicado por primera vez en Valladolid en 1556, con el título Parte primera de la grande historia del muy animoso y esforzado Príncipe Felixmarte de Hircania y de su extraño nacimiento. Fue obra de Melchor Ortega, vecino de Úbeda, quien la dedicó a Juan Vázquez de Molina, comendador de Guadalcanal y secretario de Felipe II. Su portada fue imitada de la de otro libro de caballerías, Platir, publicado en 1533.

6).-Platir, quizá obra de Francisco de Enciso Zárate.

Platirlibro de caballerías español, publicado por primera vez en Valladolid en 1533 con el título de Crónica del muy valiente y esforzado caballero Platir. Fue reimpreso en Sevilla en 1540. No se indica el nombre de su autor, pero hay motivos para creer que es obra de Francisco de Enciso Zárate. 

7).-El Caballero de la Cruz (Lepolemo, de Alonso de Salazar, o Leandro el Bel, de Pietro Lauro)

Nombre con el que conoce a dos libros de caballerías, el español Lepolemo, de Alonso de Salazar, y su continuación italiana Leandro el Bel, de Pietro Lauro, que fue traducida al español y durante mucho tiempo se creyó una obra original española escrita por Pedro de Luján, hasta que Henry Thomas descubrió que se trataba de una traducción.

8).-Espejo de caballerías, de Pero López de Reinosa, o de Santa Catalina.

El Espejo de caballerías es una serie de libros de caballerías españoles de la primera mitad del siglo XVI. Consta de tres libros o partes, los dos primeros escritos por Pedro López de Santa Catalina, y el tercero por Pedro de Reinosa. La serie pertenece al llamado ciclo carolingio de los libros de caballerías españoles, en el cual desempeñan papeles protagónicos el Emperador Carlomagno y sus caballeros.

9).-Historia de las hazañas y hechos del invencible caballero Bernardo del Carpio, de Agustín Alonso.

Bernardo del Carpio fue un personaje legendario de la Edad Media, hijo extramatrimonial, según las principales versiones del mito, de una infanta y hermana del rey asturiano Alfonso II de nombre Ximena, y del conde de Saldaña, Sancho Díaz.
El Bernardo del Carpio o La victoria de Roncesvalles
Largo y complejísimo poema de épica culta, obra de Bernardo de Balbuena, el Bernardo o La victoria de Roncesvalles, alabado por Voltaire y Chateaubriand, consiste en 40.000 versos de pulida factura en octavas reales e inundados de una imaginación exuberante, especie de libro de caballerías en verso que se inspira sólo en parte en la leyenda de Bernardo del Carpio y la contamina con todo tipo de materiales aledaños: alegorías, moralidades, cronologías, genealogías reales e inventadas y episodios mitológicos, fantásticos y maravillosos, en medio de una imaginería deslumbrante y un auténtico frenesí descriptivo. El verso está tallado en busca de una suma perfección, como el mismo autor declara en su prólogo, y como tal hay que considerarlo el culmen de la épica culta barroca española, de la misma manera que la Araucana es el culmen de la épica culta renacentista.

10).-El verdadero suceso de la famosa batalla de Roncesvalles con la muerte de los doce Pares de Francia, por Francisco Garrido Villena.

11).-Palmerín de Oliva, de Francisco Vázquez.

Palmerín de Oliva es un libro de caballerías español, primero de la serie de los Palmerines, publicado por primera vez en Salamanca en 1511, con el título de El libro del famoso y muy esforzado caballero Palmerín de Olivia. Según indica su continuación Primaleón, su autor fue Francisco Vázquez, vecino de Ciudad Rodrigo, aunque otros han atribuido su composición a "una señora Augustobrica" y a Juan Augur de Transmiera.

12).-Palmerín de Inglaterra, de Francisco de Moraes.

El Palmerín de Inglaterra es un libro de caballerías escrito por el portugués Francisco de Moraes (1500-1572), secretario del embajador portugués en París, conde de Linhares, entre 1541 y 1543. El libro posee algunos recuerdos autobiográficos del autor.
Palmerín de Inglaterra consta de dos libros, el primero dividido en 101 capítulos y el segundo en 66. 

13).-Belianís de Grecia, de Jerónimo Fernández.

Belianís de Grecia, o más exactamente la Hystoria del magnánimo, valiente e inuencible cauallero don Belianís de Grecia es un libro de caballerías español, escrito por el licenciado burgalés Jerónimo Fernández, abogado de la corte del Emperador Carlos V.
 Su primera y segunda parte su publicaron por primera vez en Sevilla en 1545, siendo reimpresas en Burgos, Martín Muñoz, 1547, y versan sobre la vida del príncipe Don Belianís de Grecia, ficticio hijo primogénito del Emperador Belanio de Grecia y de la Emperatriz Clarinda.

14).-Tirante el Blanco, de Joanot Martorell.

Tirante el Blanco (Tirant lo Blanch en su título original en valenciano) es una novela caballeresca (expresión de Martí de Riquer) del escritor valenciano Joanot Martorell y que se suponía concluida por Martí Joan de Galba —idea que aún hoy no se descarta—, publicada en Valencia en 1490, en pleno Siglo de Oro valenciano.

15.-Diana, de Jorge de Montemayor.

Jorge de Montemayor o, en portugués original, Jorge de Montemor (Montemor-o-Velho, Portugal, h. 1520 - ¿Piamonte?, Italia, h. 1561) fue un escritor portugués en lengua española.
 Adoptó como nombre el de su lugar de nacimiento, Montemor-o-Velho, cerca de Coímbra. Se ha especulado sobre su origen judío, pero no hay nada probado. Fue músico en las cortes de Portugal y de Castilla. Estuvo primero al servicio de María, hermana de Juan III de Portugal y futura esposa de Felipe II, como cantante. Más adelante pasó a la corte de Juana, infanta de Castilla, hija de Carlos I, como cantor contrabajo primero, y luego, tras el matrimonio de la infanta con el príncipe don Juan de Portugal, hijo de Juan III, como aposentador. Cuando falleció don Juan, en 1554, Montemayor regresó con la infanta viuda a Castilla. 
Por entonces publicó su Cancionero (Amberes, 1554), cuyos versos devotos no gustaron a la Inquisición. Con el séquito de Felipe II estuvo en Flandes, y posiblemente también en Inglaterra. Se sabe que estuvo también en Valencia al servicio de Juan Castellá, barón de Bicorb y Quesa, así como de Gonzalo Fernández de Córdoba, duque de Sessa. Los últimos años de su vida los pasó en el Piamonte. Se piensa que murió asesinado por un amigo en una reyerta causada por un asunto de celos.
Su obra más importante es Los siete libros de la Diana, impresa por primera vez en Valencia y en Milán hacia 1559. Esta obra, que combina el verso y la prosa, es la primera novela pastoril de la literatura en lengua castellana y ejerció una gran influencia en las letras del siglo XVI. Fue pronto traducida al francés, al inglés y al alemán.
Según el propio autor, el planteamiento de la obra es como sigue:
En los campos de la principal y antigua ciudad de León, riberas del río Esla, hubo una pastora, llamada Diana, cuya hermosura fue extremadísima sobre todas las de su tiempo. Esta quiso y fue querida en extremo de un pastor, llamado Sireno; en cuyos amores hubo toda la limpieza y honestidad posible. Y en el mismo tiempo, la quiso más que a sí otro pastor llamado Sylvano, el qual fue de la pastora tan aborrecido que no había cosa en la vida a quien peor quisiese. Sucedió, pues, que como Sireno fuese forzadamente fuera del reino, a cosas que su partida no podía excusarse, y la pastora quedase muy triste por su ausencia, los tiempos y el corazón de Diana se mudaron; y ella se casó con otro pastor llamado Delio, poniendo en olvido al que tanto había querido. El cual, viniendo después de un año de ausencia, con gran deseo de ver a su pastora, supo antes que llegase como era ya casada.

16.-Segunda parte de la Diana de Jorge de Montemayor, de Alonso Pérez.

Alonso Pérez, llamado el Salmantino, escritor español de la primera mitad del siglo XVI
Escribió una novela pastoril, Segunda parte de la Diana (Valencia: Sebastián Mey, 1564), continuación de la Diana de su amigo Jorge de Montemayor. La obra ha sido muy despreciada por la crítica, quizá por las palabras de Cervantes al condenarla a la hoguera y por el hecho de haber tenido que competir con la continuación de Gaspar Gil Polo; la realidad, sin embargo, es otra, ya que entre 1559 y 1624, época áurea de la novela pastoril, la continuación de Gil Polo se imprimió siete veces, pero la de Alonso más del doble, quince; fue, pues, un éxito en su tiempo. 
La teoría sobre el amor esbozada en la obra no está inspirada en la filosofía del Neoplatonismo, como las otras de su género, sino que posee algunos rasgos del amor cortés. Por otra parte, mezcla elementos muy heterogéneos que hacen la estructura de la obra compleja y difusa. 

17.-Diana enamorada, de Gaspar Gil Polo.

Gaspar Gil Polo (* Valencia [España], 1530, † Barcelona [España], 1584) fue un escritor español del que se tienen escasas referencias sobre su vida: su fama como poeta radica en que Miguel de Cervantes le dedica una octava real en el "Canto de Caliope" de La Galatea y Juan de Timoneda lo cita en el Sarao de amor, de 1561. Su principal obra es Diana enamorada, de 1564, continuación de la obra Diana de Jorge de Montemayor. Cerda y Rico ha apuntado que puede tratarse del catedratico del mismo nombre inscrito en la Universidad de Valencia entre 1565 y 1574. Se basa en los elogios, en el "Canto del Turia" de la Diana enamorada a ingenios valencianos, contemporáneos algunos de ellos, catedraticos de la Universidad valenciana. También se le ha atribuido el cargo de notario (1571-1573) y el de primer coadjutor. Su prosa y poesía son extremadamente cultas, aunque abundan en valencianismos. Fue inventor de la que el llama rima provenzal, su poesía se distingue por el dominio de la forma y el manejo de las estrofas.

20.-Los diez libros de Fortuna de Amor, de Antonio de Lofraso.

Los diez libros de Fortuna de Amor es una novela pastoril del poeta y militar sardo Antonio de Lofraso, publicada en Barcelona en 1573 y mencionada por Miguel de Cervantes en el "donoso escrutinio" de la biblioteca de Don Quijote (I, VI).
La obra, dedicada al Conde de Quirra, relata los honestos amores del pastor Frexano (personaje que al parecer está inspirado en el propio autor, ya que lofraso en el dialecto sardo signfica fresno) y la hermosa pastora Fortuna. Concluye con una larga composición poética de 168 versos en 56 tercetos, denominada "Testamento de Amor".
El cura de la aldea de Don Quijote, Pero Pérez, dice en el mencionado escrutinio que «...desde que Apolo fue Apolo, y las musas musas, y los poetas poetas, tan gracioso ni tan disparatado libro como ése no se ha compuesto, y que, por su camino, es el mejor y el más único de cuantos deste género han salido a la luz del mundo, y el que no le ha leído, puede hacer cuenta que no ha leído jamás cosa de gusto.» (Según el académico Martín de Riquer, no obstante, «el elogio es burlesco y se le salva precisamente por ser disparatado.»)
En el libro VI de la obra aparecen un pastor llamado Dulcineo y una pastora llamada Dulcina, que pueden haber servido de inspiración a Cervantes para el nombre de Dulcinea del Toboso. Los diez libros de Fortuna de Amor fue reimpreso en Londres en 1740 por el maestro de lengua castellana Pedro Pineda, quien consideraba esta obra apreciable por «su bondad, elegancia y agudeza».

21.-El pastor de Iberia, de Bernardo de la Vega.

El Pastor de Iberia es una novela pastoril española, publicada en Sevilla en 1591. Su autor fue Bernardo de la Vega, gentilhombre andaluz, quien la dedicó a Juan Téllez Girón, Duque de Duque de Osuna y Conde de Ureña.
La obra está dividida en cuatro libros. Su protagonista, que inspira el título, es el pastor Filardo, quien es perseguido por sospechas de homicidio. Arrestado por el alguacil de la aldea donde vive, se libra por el favor de dos padrinos que tiene en Sevilla y se embarca en Sanlúcar de Barrameda. En las islas Canarias es prendido nuevamente y le libera la intervención de otro familiar. El amor de Filardo es la pastora Marfisa. Ambos enamorados llenan la obra con sus versos, y Filardo hace en ellos incapie en la mitológia y en la historia, citando a Platón, Antonio de Nebrija y el Concilio de Trento.
Miguel de Cervantes, en el escrutinio de la biblioteca de Don Quijote de la Mancha (Primera Parte, capítulo VI), condenó al fuego El Pastor de Iberia. El comentarista Diego Clemencín criticó acerbamente el lenguaje de la obra, diciendo que era malo, trocaba los tiempos verbales y contenía solecismos.
 cura Pero Pérez

22.-Primera parte de las ninfas y pastores de Henares, de Bernardo González de Bobadilla.

23.-Desengaño de celos, de Bartolomé López de Enciso.

24).-El pastor de Fílida, de Luis Gálvez de Montalvo.

luis Gálvez de Montalvo, (Guadalajara, 1549 - algún lugar de Italia, probablemente Palermo, 1591), escritor español.

El pastor de Fílida (Madrid, 1582)  es una de las más importantes novelas pastoriles españolas. El escritor más eminente de la historia literaria  española  así lo manifestó  en  su famoso escrutinio de la librería de don Quijote; pero además de Miguel de Cervantes la elogiaron poetas y eruditos como  Lope  de  Vega,  Vicente  Espinel,  Pedro  Laínez, López Maldonado, Ta m ayo  de Vargas  y Nicolás Antonio, entre los más famosos y conocidos. 

25).-Tesoro de varias poesías, de Pedro de Padilla.

El escritor Pedro de Padilla (1549?-1600?) nació en Linares (Jaén) y fue apreciado y amigo de López de Hoyos, Lope de Vega y Cervantes, aunque atacado por Herrera. Obtuvo el grado de Bachiller en Artes en la Universidad de Granada en 1564, y en 1572 era estudiante de Teología en la Universidad de Alcalá de Henares. Muy pronto comenzaron a circular por Madrid sus poemas, que primero guardaba escritos en papel, como es el caso de un cartapacio autógrafo estudiado por el profesor Labrador. Algunos pasaron después a sus libros impresos. Escribió poesía religiosa (Jardín Espiritual, 1585) y profana (Romancero, 1583), y su obra fue muy apreciada en vida. Publicó diversos libros impresos en su época, teniendo una gran popularidad y una difusión solo comparable a la que tuvo el poeta e historiador Diego Hurtado de Mendoza, hijo del segundo conde de Tendilla. Su villancico "Al niño sagrado/ que es mi salvador/ cada vez que lo miro/ me parece mejor" se cantaba en España hasta hace muy poco.
El 6 de agosto de 1585 ingresó en el convento de los carmelitas calzados de Madrid, hoy es la parroquia de El Carmen, entre Callao y Sol, donde muere. Se dedicó a la predicación, pero también hizo de censor de obras, como las de su amigo Lope de Vega La Arcadia y La Dragontea. Por desgracia, al poco de su fallecimiento, su obra pasó al olvido. 
El Tesoro fue publicado en 1580.
Posiblemente fuera Cervantes quien dio fama moderna al libro que hoy nos ocupa en el Quijote, cuando el cura y el barbero hacen el escrutinio de la biblioteca del emblemático loco y perdonan de las llamas al Thesoro sin renunciar al guiño amistoso a su amigo el linarense Padilla. Dice:"Este grande que aquí viene se intitula -dijo el barbero-Thesoro de varias poesías.  -Como ellas no fueran tantas -dijo el cura-, fueran más estimadas: menester es que este libro se escarde y limpie de algunas bajezas que entre sus grandezas tiene; guárdese, porque su autor es amigo mío, y por respeto de otras más heroicas y levantadas obras que ha escrito".
Para poder publicar el Thesoro, entonces como ahora se necesita financiación, sobre todo si es un libro grande: en su edición actual son ochocientas páginas de poesías. Padilla buscó al rico librero Blas de Robles para que le pagara al impresor madrileño Francisco Suárez los gastos de producción del Thesoro. "Es un grueso libro  -dicen Labrador y DiFranco en el estudio preliminar- de 482 folios que tituló Thesoro de varias poesías, el cual tuvo tanto éxito que le siguieron otras dos ediciones, una en 1587 organizada según géneros y formas métricas, y otra en 1589, supuestamente idéntica a la de 1587, aunque no existe hoy ejemplar alguno: las tres ediciones salieron de imprentas madrileñas".
El Tesoro es sin duda la obra central del prolífico Padilla. El mismo Padilla nos cuenta que mandó imprimir sus poemas para "sujetarlos a la piadosa censura de los buenos entendimientos". Es decir, los imprime con su nombre porque se los plagiaban. Así justifica el autor verlos impresos: por "lástima de ver algunos hijos de mi pobre entendimiento, tratados menos bien que merecen, de muchos que no siendo sus padres los han hecho hijos adoptivos, para solo destruirlos". En el mismo Thesoro de 1580 indica que incluye unos "Romances pastoriles que hurtaron al autor y andan muy mal impresos". Como ven, los plagios no son nada nuevo.
El libro esta formado por canciones, coplas castellanas, glosas, estancias, tercetos, liras, villancicos sonetos, romances y ensaladillas, verdadero muestrario del tipo de poesía que gustaba en esos años. La obra de Padilla es central para conocer los gustos poéticos del último tercio del siglo XVI. Padilla continúa las viejas tendencias del "best seller" de ese siglo, el Cancionero general de 1511, al que añade ecos de la exquisita lírica que poetas como san Juan de la Cruz, Lope, Liñán y Figeroa componen en esos años, juntando en el Thesoro a la nueva lírica italianizante renacentista con la poesía tradicional. Padilla, buen conocedor de la poesía pastoril, se adentra en el mundo real de los pastores y pastoras, gentes reales de pueblo que celebran sus bodas, compiten en sus juegos rústicos y hablan como gentes alejadas de la corte, reflejando en sus versos, como ninguno otro poeta ha sabido hacer, el habla de los campesinos.

26.-El Cancionero, de Gabriel López Maldonado.

Poeta español muerto hacia 1615. Fue uno de los más destacados integrantes de la Academia de los Nocturnos de Valencia. Poseedor de una gran técnica formal, perfecto cultivador de los metros españoles e italianos, e inclinado preferentemente hacia los temas elevados y morales, su Cancionero (1586) es un buen ejemplo de la poesía, virtuosista y convencional, de su época. Recibió elogios en El Quijote.

27).-La Galatea, de Miguel de Cervantes Saavedra.

La Galatea' es una novela de Miguel de Cervantes publicada en 1585 en Alcalá de Henares con el título de Primera parte de La Galatea, dividida en seis libros.
La Galatea se suele clasificar como novela pastoril. Tal descripción es muy limitada. En efecto sus personajes son pastores, pero es un vehículo para un estudio psicológico del amor, y es éste el propósito de Cervantes al escribirla.

28).-La Araucana, de Alonso de Ercilla.

La Araucana (1569, 1578 y 1589) es un poema épico del español Alonso de Ercilla que relata la primera fase de la Guerra de Arauco entre españoles y mapuches.

Según el propio autor, que participó en dicho conflicto, el poema fue escrito durante su estadía en Chile usando, a manera de papel, cortezas de árboles y otros elementos rústicos. Ercilla, quien como antiguo paje de la corte de Felipe II contaba con una educación mayor a la del promedio de los conquistadores, había llegado a dicho país como parte de la expedición de refuerzo comandada por el nuevo gobernador García Hurtado de Mendoza.
Tras el regreso de Ercilla a España, el libro fue publicado en Madrid en tres partes a lo largo de dos décadas. El primer volumen se editó en 1569; el segundo, en 1578; y el tercero, en 1589. El libro obtuvo, entonces, un considerable éxito entre los lectores.
Aunque la historicidad de muchos de los relatos que aparecen en la obra es relativa, se la considera uno de los mayores escritos testimoniales acerca de la Conquista, y en su tiempo fue habitualmente leída como una crónica verídica de los sucesos de Chile.
La Araucana había sido precedida por una gran cantidad de textos españoles que describían el Nuevo Mundo a los lectores europeos, como los Naufragios de Cabeza de Vaca, que relataban las aventuras de su autor en Norteamérica, o la Historia verdadera de la conquista de Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, que divulgó la asombrosa caída del Imperio azteca. Sin embargo, La Araucana se distinguió entre estos libros como la primera obra de literatura culta, dedicada al tema con claras ambiciones artísticas.
Luego de La Araucana, surgió una gran cantidad de obras sobre temas americanos que imitaban su estilo poético: La Argentina, Arauco domado y Purén indómito, etc. Con el paso del tiempo, en estos textos se acrecentó el distanciamiento respecto de la crónica y narración de hechos históricos. Los autores optaron por trasladar temáticas del Renacimiento europeo al exótico escenario americano. Así, muchos de estos poemas realmente trataban más sobre sentencias morales, el amor romántico o tópicos latinos, que acerca de la Conquista.
La trama incluye episodios históricos como la captura y ejecución de Pedro de Valdivia así como la muerte de los caciques mapuches Lautaro y Caupolicán. Sin embargo, también se insertan sucesos fantásticos, como el de un hechicero que eleva al narrador en un vuelo sobre la Tierra, permitiéndole ver acontecimientos que suceden en Europa y Oriente Medio, como la batalla de Lepanto.
Destaca también el episodio del encuentro con una mujer indígena, Tegualda, que busca a su marido, Crepino, entre los muertos en un campo de batalla. Este último relato es una muestra del aspecto humanista del trabajo de Ercilla y de su condolencia por la suerte corrida por el pueblo indígena, describiendo la carencia de malicia y vicios en la gente hasta la llegada de los españoles. Los versos rinden loas a la valentía tanto de conquistadores como de indígenas.

29).-La Austríada, de Juan Rufo.

La Austríada de Juan Rufo fue dirigida a la Sacra, Cesárea Real Majestad de la Emperatriz de Romanos, reina de Bohemia y Hungría, etc. La dedicatoria está firmada en Madrid, a 20 de marzo de 1582. En la introducción de dicho poema aparecen sonetos de Pedro Gutiérrez Rufo (hermano del autor), Miguel de Baeza Montoya, Luis de Vargas, Diego de Rojas Manrique, Francisco Cabero, Luis de Góngora y Miguel de Cervantes, así como unas estancias de Lupercio Leonardo de Argensola. Este poema épico consta de 24 cantos. 

30).-El Monserrate, de Cristóbal de Virués.

El Monserrate, es un poema narrativo en veinte cantos, en octavas, del poeta español Cristóbal de Virués, publicado en Madrid, en 1587, y que desarrolla la leyenda del monje Garín y de la fundación del Monasterio de Montserrat.

31).-Las lágrimas de Angélica, de Luis Barahona de Soto.

La primera parte de la Angélica, más conocida como Las lágrimas de Angélica, es un poema caballeresco del escritor español Luis Barahona de Soto, publicado en 1586.
La obra se plantea, dentro de la tendencia italianizante importada por Boscán y Garcilaso, como una continuación del Orlando Furioso, y narra las peripecias vividas por la hermosa Angélica tras su matrimonio con Medoro, sus esfuerzos para huir de la persecución de Orlando, prisiones, encantamientos y las tribulaciones vividas para la reconquista del reino de Catay, del que se había apoderado una reina rival.
En el capítulo VII se mencionan dos obras más:

32.-La Carolea, de Jerónimo Sempere.

Jerónimo Sempere, poeta español de Renacimiento, llamado también Jerónimo Sampere o Jerónimo de Sampedro.
Seguramente de origen valenciano, pues habló dicha lengua y en 1532 organizó en la iglesia de Santa Catalina Mártir el último certamen poético de cierta importancia en valenciano. Luego compondría un mediocre poema de épica culta en español, La Carolea (1560), que narra algunos momentos de la vida del emperador Carlos V; la obra adolece de maniqueísmo, pues mientras que el héroe aparece adornado de todas las perfecciones Francisco I de Francia no posee ninguna, es déspota y necio.
 Hay personajes alegóricos, como la Fama y la Esperanza, descripciones del infierno, sueños proféticos y visiones fantásticas. Consta de dos partes y cada una va precedida de un resumen argumental. Aunque alguna vez cae en la monotonía, la obra posee un lenguaje ágil. Se inicia poco antes de la batalla de Pavía y termina con la derrota turca de Buda. Se compondrá luego otra obra de igual título por Juan Ochoa de la Salde, de 1585. Ambas son laudatorias composiciones en verso enaltecedoras de la figura de Carlos V. La Carolea fue elogiada por Cervantes en el capítulo VII de la primera parte del Quijote, después del escrutinio de la biblioteca de Don Quijote.

33.-León de España.

34.-Comentario de la guerra de Alemania hecha por Carlos V, máximo emperador romano, rey de España de Luis de Ávila.


Aldo Ahumada Chu Han

La locura de leer


Leer el Quijote nos ha hecho lo que somos. Quizá incluso nos ha inculcado una noción de la lectura que es única en sus consecuencias: creer que podríamos ser mejores. Leer, se diría, nos promete otro mundo. Es la utopía del humanismo: al cerrar el libro debería acogernos una realidad digna de la imaginación. En español leemos, desde el Quijote , para imaginar esa otra margen.
Como todos los hijos de este idioma español, leí el Quijote a los  diecisietes  años. No podía dejar de leer y reía con asombro. Esa intimidad de la emoción, esa complicidad, nos hace sentir que Don Quijote es un viejo conocido. Como dijo Borges, uno habla de él como de un amigo.

Mucho después, descubrí por mi cuenta que distintas tradiciones han leído otra cosa en la novela. Los rusos creyeron que era un libro cruel, quizá el más cruel, y aprovechan su lectura para llorar. Nabokov se negó a incluirlo en su curso en Harvard protestando su bárbara crueldad pero la universidad le hizo saber que tenía que enseñarlo. Las notas que pergeñó son un diario de lectura metódica que le hizo apreciar mejor la novela. Para los lectores alemanes, en cambio, el Quijote ha sido un tratado sobre la melancolía, esto es, sobre el deseo desmentido por la miseria de lo real.
 Para los ingleses es, más bien, una guía ligeramente estrambótica sobre las dificultades de viajar en España entre fondas donde se come mal, pero lleno de juegos de forma y espejismos de fondo. No es casual que el Quijote tuviese mayor fortuna en Inglaterra, cuya novelística inspiró, casi inventó, sacándola del manual de buenas maneras. 
En España se lo leyó como una alegoría de la nacionalidad, que ilustraba la identidad agonista y revelaba el alma del país, nostálgica de raíces castellanas. Esa lectura esencialista empobreció la modernidad de la novela y explica que fuese convertida no en fuente de cambio sino en monumento del museo cultural. Has ta que las lecturas de Américo Castro, Juan Goytisolo y Francisco Márquez Villanueva pusieron al día su lugar, que es finalmente transatlántico.
 En América Latina, desde el primer día, hemos leído el Quijote con alegría, casi como una comedia de la lectura. Celebramos los juegos paródicos, las formas irónicas, la indeterminación de lo moderno como la libertad de lo imaginario. En la empresa delirante de Pierre Menard, héroe quijotesco de Borges, él imaginó una metáfora de esta lectura, abierta y relativista. Menard copia literalmente la novela para producir un Quijote distinto y suyo, porque las palabras son las mismas pero el sentido pertenece a cada tiempo.

Me he dado cuenta con los años y las relecturas de que todos tenemos una intuición central sobre esta novela. Al final de La Cervantiada , bajo el título de “Teoría del juego,” sumé algunas notas y adelanté mi intuición más propia, aquella versión de los hechos que la novela, como una figura en construcción, espera de nosotros. Esa nostalgia de una forma plena es otro umbral que se abre en el paisaje de la página. A las puertas de otra interpretación, sin embargo, el lector vuelve los pasos y no se anima o atreve a explicar todas las consecuencias de su versión.
Esas intuiciones deben haber producido las estampas, poemas y charlas que Borges dedicó a sus lecturas del Quijote . Es misterioso el hecho de que al recuperarse del accidente que casi le cuesta la vida, decidiese poner a prueba sus facultades mentales y escribir un cuento, y que este fuese “Pierre Menard, autor de El Quijote”.

Desde mi primera lectura creí entender que la empresa de la novela es convertir a Sancho, el analfabeto, en el mejor lector. Y que, en una verdadera epifanía de la lectura, lo consigue en el capítulo de la Insula, donde Sancho al juzgar cada caso demuestra que lee una novela, aunque sea italiana. Son verdaderas novelas ejemplares, actuadas para poner a prueba al gobernador burlado; pero Sancho las descifra impecablemente, convertido en humanista sabio y justiciero. 
Esa isla es una utopía del humanismo: el buen lector asume que el mundo es perfectible. Ya en el capítulo de la cueva de Montesinos, Sancho ha escuchado a un escritor estrambótico, cuyas obras son disparates de falsa erudición, y propone otra, digna de un filólogo del sentido común. “Más has dicho, Sancho, de lo que sabes,” sentencia Don Quijote. El pícaro es el bufón de las decadencias de España; incluida la actual, en que el pícaro es el corrupto de éxito; en cambio, Sancho, el hombre pobre, es el primer héroe moderno del español transnacional: pone en práctica una lectura hecha en el poder de dar forma y sentido, pero también de tolerar y compartir.
Yo creo que esa es hoy día la gran lección de la novela: contra su lectura única, a favor de los nuevos lectores plurales; y contra la verdad única, en defensa de los próximos lectores, libres de cualquier Mancha.

Cervantes cita en la novela los Diálogos de amor de León Hebreo en la traducción del Inca Garcilaso de la Vega. Y no sería vano comprobar un eco de la cadencia arcaizante en la traducción de ese tratado neoplatónico en las definiciones cervantinas del amor y el paraíso armónicos de la Edad Dorada. 
Finalmente empezamos a reconocer en la literatura clásica española las resonancias del mundo americano, sus repertorios y sus textos. Diana de Armas en su Cervantes, the Novel, and the New World (Oxford, 2000) demostró la gravitación del Inca Garcilaso en el comienzo del Persiles ; y hoy nos parece que el horizonte del Nuevo Mundo fue cercano a Cervantes, y no solo porque intentó mudarse a las Indias, tal vez para no volver a La Mancha. Vivió un año en el pueblo de Montilla, donde Garcilaso vivió muchos años, antes de mudarse a la ciudad de Córdoba. Cervantes sabía de la vecindad del Inca, pudieron haberse conocido. Ambos eran dados a la conversación y compartían largas frustraciones con la burocracia.

Cervantes estaba lleno de deudas, Garcilaso lleno de deudores. Compartían también lecturas italianas y pudieron haberse demorado en Orlando furioso . Ambos sabían que el Nuevo Mundo era menos arbitrario y autoritario que la España de su tiempo, y podrían acordar que la modernidad de España estaba en las Indias. Diana de Armas explica la “hibridez” y la “mezcla” como principios de la escritura cervantina, fenómeno que a nivel del lenguaje había sido observado por Spitzer. Ambos mecanismos son centrales al pensamiento cultural del Inca Garcilaso. 
Pero, sobre todo, sin ellos no se puede entender lo moderno. La pureza es negocio medieval, la mezcla inicia el diálogo de lo moderno. El mismo hecho de que el narrador encuentre en el mercado público, en Toledo, un manuscrito árabe, que compra por unos reales y hace traducir, demuestra que la lectura se cumple en la calle y la vida urbana, y en su centro, el intercambio de las lenguas y la práctica más moderna de todas, la traducción como mediación. Traducir es trasladarse a la otra orilla, la del futuro. América es la orilla de esa modernidad, donde las semillas de España gestan un nuevo traslado del mundo, en la hibridez fecunda del Barroco.

Gabriel García Márquez tiene como su episodo favorito del Quijote la desaparición y aparición del rucio de Sancho, y lo explica como un olvido del autor. Este episodio es otro don del arte del relato cervantino, que convierte en escritura el lapso, y es asimismo otra demostración de la libertad y la gracia de la novela. Ya alguien ha estudiado sistemáticamente las equivocaciones y distracciones de Cervantes como un lenguaje narrativo propio, aunque en primer lugar declaran el carácter procesal del relato, que fluye episódicamente, y cuya memoria no es un pasado de la lectura sino el presente de la duración de la última frase que leemos; un tiempo que circula sin repetirse. 
En Cervantes o la crítica de la lectura (1976), Carlos Fuentes puso al día la modernidad de la novela desde esta orilla del idioma, demostrando con brío su actualidad. A la indeterminación del presente se debe que la novela como género nos comunique una experiencia viva de lo específico, como explica Bajtin. Y a ello también se deba el hecho de que, después de Borges, García Márquez, Juan Goytisolo y Carlos Fuentes, nuestra lectura del Quijote sea más inmediata y proyectiva: una intervención en la hechura de la novela, en su despliegue y actualidad. 
Como se ilustra con elocuencia en la variable cervantina de Eduardo Mendoza (quijotescamente nadie es imposible), Luis Goytosolo (la ciudad es indeterminadamente sin fin), Fenando del Paso (la Historia misma es quijotesca), Sergio Ramírez (la escritura es la Comedia), Alfredo Bryce Echenique (la biografìa son los otros), Julián Ríos (el Quijote es plurilingüe), Juan José Millás (una vida es muchas vidas), Leonardo Padura (las ejemplares son las policiales), Edgardo Rodríguez Juliá (la melancolía desmiente al lenguaje), Javier Marías (la calle es abismal), Jorge Volpi (cada saber es una forma de locura), Juan Francisco Ferré (Dulcinea es plural), Antonio López Ortega (cada biografía inventa al lenguaje), Carmen Boullosa (las mujeres son la veracidad de la trama), Manuel Rivas (escribir es rehacer la Mancha), Javier Cercas (cualquier vida es ilusoria), Robert-Juan Cantabella (los gigantes ya han leído esta novela), quienes, entre otros, asumen el Quijote como una caja de herramientas del español más creativo, que en cada palabra significa lo que rehace.

viernes, 22 de junio de 2012

Las Muy Ricas Horas de Juana I de Castilla (Introducción)











Este lujoso manuscrito de extraordinaria suntuosidad ilustrado por Rogier van der Weyden, el Maestro de las Escenas de David del Breviario Grimani y Simon Marmion, conocido por sus contemporáneos como el “príncipe de los iluminadores”, no sólo es singular por ser uno de sus pocos encargos reales, sino también, porque de todos los primeros manuscritos de la época, es el más personalizado en texto e imagen. Tanto Rogier van der Weyden como Simon Marmion, pintores y miniaturistas,  tienen algunas de sus obras maestras expuestas en los más prestigiosos museos del mundo, tales como el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, la National Gallery de Londres, el Louvre de París o el Museo Nacional del Prado de Madrid.

Simon Marmion destaca por su penetrante capacidad de observación de la naturaleza y su intuición para captar el encanto de lo cotidiano. Su obra fue la satisfacción de emperadores, príncipes y duques. Realmente, la genial capacidad creativa de Marmion tanto en la pintura de cuadros sobre tabla como en miniaturas, unifica en maravillosa armonía las tradiciones francesas del maestro Jean Fouquet con las representaciones humanas del holandés Rogier van der Weyden y el lirismo naturalista de Jan van Eyck.

· Fue encargado, con motivo de su boda, por Juana I de Castilla, hija de la reina Isabel de Castilla y el rey Fernando de Aragón, madre de dos emperadores y cuatro reinas, esposa de Felipe el Hermoso, hijo del Santo Emperador romano Maximiliano de Austria y María de Borgoña.










· El manuscrito contiene un número de textos que habitualmente no se suelen encontrar en libros de horas, incluyendo una serie completa de textos de catecismo que podrían haberse considerado apropiados para una esposa joven; un oficio de Ángel Custodio extremadamente inusual, acompañado por un retrato de Juana, tres series elaboradas de textos e iluminaciones sobre la Pasión de Cristo, y una oración a la Virgen poco común, acompañada por un segundo retrato de la archiduquesa.

· La historia de la presente edición facsímil íntegra se remonta al año 2002, cuando David Way y Justin Clegg, entonces Jefe de Publicaciones y Conservador de la British Library respectivamente, nos mostraron a Ana Docavo, en calidad de Directora de Publicaciones, y a mi persona, como Editor de Patrimonio Ediciones, sus más notables tesoros, manuscritos de acceso totalmente restringido entre los que se encontraban: el Breviario de Isabel la Católica (Add. Ms. 18851), las Muy Ricas Horas de Juana I de Castilla (Add. Ms. 18852), el Vaticinia Pontificum de Benozzo Gozzoli (Harley Ms. 1340), la Genealogía de las Reales Casas de Europa (Add. Ms. 12531, ilustrado por Simon Bening), los Viajes de Sir John Mandeville (Add. Ms. 24189) y la Divina Comedia de Alfonso V de Aragón, Nápoles y Sicilia (Yates Thompson Ms. 36).
Ambos quedamos fascinados por la singularidad, suntuosidad y encanto del único devocionario manuscrito que se conserva de las colecciones de Juana I de Castilla, lo describiría como un flechazo.

· La totalidad de sus 854 páginas están profusamente ilustradas e iluminadas con oro, tanto sus numerosas miniaturas a toda página como el resto de sus folios en los que se encuentran presentes, en la parte superior, lateral e inferior, motivos aislados en los que figuran: drolleries o seres fantásticos, aves, flores, insectos, un variado bestiario, y que se engalanan con numerosas piedras preciosas en ocasiones presentes como joyas suntuosas, amuletos e insignias de peregrinación pertenecientes a las colecciones de la Reina.
Desde ese instante, nos decidimos a emprender su publicación facsimilar, superando innumerables obstáculos de carácter técnico, conservación y mecenazgo con la British Library hasta que, en el año 2009, suscribimos un convenio en el que se nos otorgaron los derechos de explotación con carácter exclusivo y mundial, acordando la realización de la fotografía, en la más alta resolución, de todas sus páginas, así como el acceso –trasladándonos en más de 12 ocasiones- a la Biblioteca, para contrastar cada una de sus páginas con las pruebas de pre-impresión, realizando los ajustes de tono, intensidad de color y oros con el original hasta su fiel e idéntica reproducción.

· Agradezco, sinceramente al Dr. Scot McKendrick y al Prof. Eberhard König sus comentarios sobre la obra. Su erudición se acompaña de una claridad que permitirá a los lectores el disfrute y la riqueza de la comprensión de una obra extraordinaria. También queremos agradecer a la British Library, el honor de permitirnos realizar esta primera edición que reproduce la totalidad del manuscrito en color, tamaño real y encuadernación del único libro de horas que perteneció con certeza a Juana I de Castilla., en este sentido las pruebas que lo acreditan son abrumadoras.

Al igual que en el original, en nuestro facsímil también hemos empleado años de trabajo y ha sido necesaria una legión de artesanos, orfebres y artistas, que convierten cada réplica en un ejemplar único.

· Encuadernación, que se reproduce fielmente en el facsímil, en terciopelo de seda natural carmesí sobre tabla con herrajes y cierres de bronce bañados en oro puro de 24 quilates.

·El único libro de horas de Juana I de Castilla.

Este es el único libro de horas del que se sabe con certeza que perteneció a Juana I de Castilla, y dicha atribución se acredita triplemente de la siguiente manera: En el fol. 26 se exhiben los escudos de armas vigentes desde la celebración del matrimonio en 1496, con la corona de oro en el caso de la reina de Castilla y sobre la birreta germánica la corona del Habsburgo Felipe el Hermoso, cuyo escudo se compone de la faja de plata austríaca y los colores borgoñones, bajo el pequeño escudo en forma de corazón del centro, con el león rampante de Flandes. Las iniciales P e I, por Felipe y Juana, van entrelazadas en un lazo de amor. Dos divisas enuncian una pregunta y ofrecen una respuesta, pues por dos veces se pregunta QUI VOULDRA, esto es ¿quién querrá? - y se responde una sola vez: IE LE VEUS, ¡yo quiero!. Respecto a la fidelidad del retrato de la orante; conocemos sus rasgos a través de varios retratos de pintores flamencos de hacia 1500 y la idealizada representación en la tumba de su suegro, el emperador Maximiliano, en la Hofkirche de Innsbruck. La identidad de Juana en las Muy Ricas Horas queda documentada porque no sólo la está presentando su ángel de la guarda, sino también Juan Bautista, que fue elegido desde que la bautizaron como su santo patrón. En tercer lugar, la acreditada correspondencia con el manuscrito de una de las entradas del inventario de bienes de Juana, redactado en 1545. Allí se describe como: otro libro chiquito de paramino de mano mediano de muchas ystorias e iluminaciones, la primera ystoria es de como pecaron adan y heba y fueron hechados de paraíso comiença especulum conciencia e tiene las coberturas de terciopelo carmesí...

·¿Por qué, dentro de una colección de más de ciento cincuenta millones de volúmenes, el Libro de Horas de Juana I de Castilla  (Add. Ms. 18852) continúa siendo uno de los mayores tesoros de la British Library?

Casi inmediatamente tras su adquisición por la Biblioteca del British Museum en 1853, el manuscrito fue destacado por el historiador de arte alemán Gustav Friedrich Waagen (1794-1868). En su informe sobre los tesoros artísticos de la Gran Bretaña lo describió memorablemente como: una de las muestras más delicadas y elegantes de la escuela de Van Eyck. A partir de entonces, fue repetidamente mostrado en las galerías públicas del British Museum y posteriormente de la British Library, mencionado en los principales estudios de los manuscritos iluminados del Sur de los Países Bajos. Más estudios especializados se han centrado en los aspectos de la imaginativa ilustración del volumen, incluyendo la singular apertura del Speculum Conscientiae (fol. 15) y las copias del icono bizantino de la Virgen Hodegetria (fol. 176v), así como de la Virgen con el Niño (fol. 287v) de Rogier van der Weyden.
Además, el Libro de Horas de Juana I de Castilla (Add. 18852) está reconocido como una parte importante del patrimonio cultural español. Después de todo, es el único devocionario manuscrito que se conserva de las colecciones de una de las princesas más apreciadas del país. El presente códice continúa siendo el único que se puede relacionar con seguridad a ella. De hecho, es palmaria la existencia de dicha relación, no sólo porque se incluyó visiblemente el escudo de armas de Juana y de su esposo Felipe el Hermoso (fol. 26), más por la clara correspondencia con el objeto de una de las entradas del inventario de bienes de Juana I de Castilla, redactado en 1545. En este sentido las pruebas que lo acreditan son abrumadoras.

Dr. Scot McKendrick. Conservador General del departamento de Manuscritos Occidentales. The British Library

· ¿Otros libros producidos para Juana I de Castilla?

Thomas Kren, conservador de la J.P. Getty, conjeturó ya en 1983 que la reina podría estar relacionada con un libro de horas, el Add. Ms. 35313 de la British Library de Londres. Por entonces aún estaba indeciso sobre si no debería vincularlo con Juan de Austria; sin embargo la miniatura de las Vísperas de difuntos indica que, probablemente, el destinatario era una mujer. La inusual miniatura  es una copia a gran tamaño del Libro de horas de María de Borgoña, que se conserva en Berlín. Como el códice de María de Borgoña pasó a su hija Margarita de Austria, Kren conjeturó en el catálogo de la exposición de 2003 que la duquesa podría haber encargado el nuevo  manuscrito para ella misma ó quizás  para Juana I de Castilla. Fundamentándose en una sospecha tan vaga, la edición facsimilar del Add. Ms. 35313, publicada dos años más tarde, se aventuró sin más a presentar el volumen como el Libro de Horas de Juana I de Castilla, sin explicar siquiera su procedencia. Sin embargo cuando necesitó reproducir una imagen de la reina hubo de recurrir a una miniatura de nuestras Muy Ricas Horas de Juana I de Castilla, Add. Ms. 18852, la del fol. 288. (Ver C. Miranda García-Tejedor 2005, p.25).

E. König. Prof. Experto en manuscritos iluminados, Freie universität Berlin.

· Edición única y limitada a 500 ejemplares numerados y autentificados notarialmente, todos y cada uno de ellos correspondientes a la Serie Oro.

· Patrimonio Ediciones es la única empresa en el mundo que emplea oro de ley y auténticas piedras preciosas, razón por la que, igualmente, somos la única que lo acredita notarialmente mediante análisis en laboratorio gemológico.

· Volumen de estudios a cargo del prestigioso Prof. Eberhard König. Introducción a cargo del Dr. Scot McKendrick, conservador general del departamento de manuscritos occidentales de la British Library.