jueves, 23 de agosto de 2012

Fidel castro biografía a dos voces


La apasionante biografía de Fidel Castro, por Ignacio Ramonet. Ramonet, el director de Le Monde Diplomatique, desvela con su habitual rigor intelectual las claves de la revolución cubana, su deriva actual y su incierto porvenir. Indagando «a dos voces» en la vida del controvertido líder político, el resultado son más de 100 horas de entrevistas que arrojan inéditas revelaciones extraídas de la memoria oral del comandante. Posiblemente, esta Biografía a dos voces es el libro definitivo sobre Fidel Castro. Un libro esencial para comprender el pensamiento de uno de los políticos más importantes del siglo xx.

Análisis del libro 

Fidel ha muerto, pero es inmortal. Pocos hombres conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos –Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka – que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 50, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

En aquella época, en mas de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización. Casi toda África y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América latina, independientes en teoría desde hacía siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorias, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.


Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales líderes que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra Mundial (Nehru, Nasser, Tito, Jrushov, Olaf Palme, Ben Bella, Boumedienne, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayasamin, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel Garcia Marquez, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).

Bajo su dirección, su pequeño país (100 000 km2, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.

En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la revolución cubana.

Desde hace mas de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial -reforzado en los años 1990 por las leyes Helms-Burton y Torricelli- que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes. Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio “Marti” y TV “Marti”, instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la Guerra Fría.

Por otra parte, varias organizaciones terroristas –Alpha 66 y Omega 7– hostiles al régimen cubano, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que mas victimas ha tenido (unos 3.500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.

Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola : “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición.” Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los lideres vivos de la Revolución.

Cuba, pequeño país apegado a su soberanía, obtuvo bajo la dirección de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general… En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones mas eficientes.

Su diplomacia sigue siendo una de las mas activas del mundo. La Habana, en los años 1960 y 1970, apoyó el combate de las guerrillas en muchos países de América Central (El Salvador, Guatemala, Nicaragua) y del Sur (Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina). Las fuerzas armadas cubanas han participado en campañas militares de gran envergadura, en particular en las guerras de Etiopía y de Angola. Su intervención en este ultimo país se tradujo por la derrota de las divisiones de élite de la República de África del Sur, lo cual acelero de manera indiscutible la caída del régimen racista del apartheid.

La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América latina y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren para intentar establecer regímenes inspirados por el modelo cubano.

La caída del muro de Berlín en 1989, la desaparición de la Unión Soviética en 1991 y el fracaso histórico del socialismo de Estado no modificaron el sueño de Fidel Castro de instaurar en Cuba una sociedad de nuevo tipo, mas justa, mas sana, mejor educada, sin privatizaciones ni discriminaciones de ningún tipo, y con una cultura global total.

Hasta la víspera de su fallecimiento a los 90 años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera linea, conduciendo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie le hizo renunciar.

En el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la justicia social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra, Fidel Castro - le guste o no a sus detractores - tiene un lugar reservado.

Lo conocí en 1975 y conversé con él en múltiples ocasiones, pero, durante mucho tiempo, en circunstancias siempre muy profesionales y muy precisas, con ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento. Cuando decidimos hacer el libro “Fidel Castro. Biografía a dos voces” (o “Cien horas con Fidel”), me invitó a acompañarlo durante días en diversos recorridos. Tanto por Cuba (Santiago, Holguin, La Habana) como por el extranjero (Ecuador). En coche, en avión, caminando, almorzando o cenando, conversamos largo. Sin grabadora. De todos los temas posibles, de las noticias del día, de sus experiencias pasadas y de sus preocupaciones presentes. Que yo reconstruía luego, de memoria, en mis cuadernos. Luego, durante tres años, nos vimos muy frecuentemente, al menos varios días, una vez por trimestre.

Descubrí así un Fidel intimo. Casi tímido. Muy educado. Escuchando con atención a cada interlocutor. Siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores. Nunca le oí una palabra mas alta que la otra. Nunca una orden. Con modales y gestos de una cortesía de antaño. Todo un caballero. Con un alto sentido del pundonor. Que vive, por lo que pude apreciar, de manera espartana. Mobiliario austero, comida sana y frugal. Modo de vida de monje-soldado.

Su jornada de trabajo se solía terminar a las seis o las siete de la madrugada, cuando despuntaba el día. Más de una vez interrumpió nuestra conversación a las dos o las tres de la madrugada porque aún debía participar en unas “reuniones importantes”… Dormía sólo cuatro horas, más, de vez en cuando, una o dos horas en cualquier momento del día.

Pero era también un gran madrugador. E incansable. Viajes, desplazamientos, reuniones se encadenaban sin tregua. A un ritmo insólito. Sus asistentes –todos jóvenes y brillantes de unos 30 años– estaban, al final del día, exhaustos. Se dormían de pie. Agotados. Incapaces de seguir el ritmo de ese infatigable gigante.

Fidel reclamaba notas, informes, cables, noticias, estadísticas, resúmenes de emisiones de televisión o de radio, llamadas telefónicas... No paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor – el que constituían sus asistentes y ayudantes – librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.

Una vez definido un proyecto. Ningún obstáculo lo detenía. Su realización iba de si. “La intendencia seguirá” decía Napoleón. Fidel igual. Su entusiasmo arrastraba la adhesión. Levantaba las voluntades. Como un fenómeno casi de magia, se veían las ideas materializarse, hacerse hechos palpables, cosas, acontecimientos.

Su capacidad retorica, tantas veces descrita, era prodigiosa. Fenomenal. No hablo de sus discursos públicos, bien conocidos. Sino de una simple conversación de sobremesa. Fidel era un torrente de palabras. Una avalancha. Que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos.

Le gustaba la precisión, la exactitud, la puntualidad. Con él, nada de aproximaciones. Una memoria portentosa, de una precisión insólita. Apabullante. Tan rica que hasta parecía a veces impedirle pensar de manera sintética. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba. Todo tenía que ver con todo. Digresiones constantes. Paréntesis permanentes. El desarrollo de un tema le conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, y otro. Alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal.

En ningún momento, a lo largo de mas de cien horas de conversaciones, Fidel puso un limite cualquiera a las cuestiones a abordar. Como intelectual que era, y de un calibre considerable, no le temía al debate. Al contrario, lo requería, lo estimulaba. Siempre dispuesto a litigar con quien sea. Con mucho respeto hacia el otro. Con mucho cuidado. Y era un discutidor y un polemista temible. Con argumentos a espuertas. A quien solo repugnaban la mala fe y el odio.

domingo, 12 de agosto de 2012

La biblioteca de los tesoros ocultos

Alguien deslizó un misterioso escrito hace seiscientos años en un libro encuadernado en pergamino: “ Piensa Penitente a lo que bienes aquí Ciérrate dentro de ti Por espacio de un momento” (cita textual). ¿Quién y con qué propósito dejaría esta advertencia entre las páginas de un manuscrito del medievo? ¿Sería un monje? ¿Un abad? ¿Se dirigía a un lector señalado o tenía el ánimo de invocar la meditación a almas anónimas? ¿Se encontraba el volumen en una biblioteca monástica o en una iglesia?

Nada sabemos de su autor (ni de sus deseos) más que el rastro que ha dejado de su letra en el papel que ha permanecido en la oscuridad durante siglos y que ha salido a la luz hace muy poco, en que un técnico de catalogación de la Universidad de Barcelona (UB) abrió la obra y vio el mensaje.

Este es un ejemplo de las curiosidades que hemos catalogado como si fueran pequeños tesoros”, explica Neus Verger, la guardiana de la sala de los manuscritos, el fondo de reserva de la Biblioteca de la Universidad de Barcelona, que es como una joya potteriana por su tenue luz, su olor a polvo y madera antigua, por los millares de obras con cobertura de pergamino que permanecen en las estanterías que cubren las paredes hasta el techo, intocadas durante siglos, esperando que un lector les retorne del olvido.

Este es un ejemplo de las curiosidades que hemos catalogado como si fueran pequeños tesoros”

Guardiana de la sala de los manuscritos

Ahora mismo este fondo está en proceso de restauración y catalogación digital lo que implica una minuciosa tarea para los profesionales. “Sé que yo no podré ver en vida todo el fondo catalogado”, lamenta Verger, por la falta de recursos en la conservación. Se trata de dos mil manuscritos, cerca de mil incunables (los primeros libros impresos antes del año 1500) y casi 120.000 obras impresas entre los siglos XVI y XVIII, que suponen un valioso testimonio de la historia de Catalunya. El primer libro es un manuscrito del siglo X.

Sólo cinco bibliotecarios entran en la sala para sacar de la oscuridad este material. En ocasiones, se emocionan al descubrir alguna sorpresa, un objeto ajeno al libro como el escrito dirigido al penitente, pero vinculada al mismo. “Cuando sucede, nos llamamos unos a otros para agruparnos y observarlo, atraídos por la magia del pasado”.
El primer objeto encontrado fue una hoja de árbol conservada entre las páginas de un volumen del siglo XVIII. Aparentemente no tenía más valor que el de un fósil vegetal, pero colocado a contraluz se descubrió la imagen de un pastor con su rebaño pastando cerca de un árbol y la muralla de un castillo o una ciudad.
Ahora mismo este fondo está en proceso de restauración y catalogación digital lo que implica una minuciosa tarea para los profesionales
En los últimos diez años han topado con flores secas, dibujos, grabados, puntos de libros, pan de oro, naipes, notas manuscritas, borradores de sermones, operaciones aritméticas, poesías... En las hojas de guarda de una encuadernación puede leerse un poema de amor. 

¿Quizás para que lo leyera en secreto algún amante?

“Pedimos a una visitante habitual de nuestra biblioteca, especialista en literatura medieval que nos diera alguna indicación. Y, efectivamente, nos dijo que se trataba de una poesía popular del año 1700”, cuenta Verger. Otros textos escritos parecen tener propósitos menos terrenales pues parecen certificar el perdón de los pecados obtenido en una iglesia para obtener alguna indulgencia: “Yo he confesado en la Iglesia de...”.

Entre libros del XVIII y XIX se conservaban intactas unas hojas de papel caladas con motivos geométricos, delicadas y preciosas. Una es negra y otra blanca. Dibujos de filigranas que parecen vidrieras góticas o, conjetura la bibliotecaria, “ neules mallorquinas”, la ornamentación que elaboraban los conventos y casas de la isla para celebrar la Navidad.

En los últimos diez años han topado con flores secas, dibujos, grabados, puntos de libros, pan de oro, naipes, notas manuscritas, borradores de sermones, operaciones aritméticas, poesías...
Y más curiosidades, como la hoja adherida a un grabado dieciochesco que reproduce fielmente el palacio Real de Madrid durante la marcha de Felipe V en la campaña de Portugal (4 marzo de 1704). La hoja, cuya finalidad era reforzar la parte posterior del gradado, es un registro de enfermos del siglo XIX que se hacía servir en los hospitales de Francia durante las guerras napoleónicas.

Con todo, uno de los hallazgos más interesantes que se produjeron en la sala de manuscritos surgió gracias al propio deterioro de la obra, un proceso natural que la biblioteca trata de frenar adecuando el lugar en las mejores condiciones de luz y temperatura. Al sostener un volumen facticio titulado Dialogi de Inmortali con diversos tratados de Pere Alfons de Burgos impresos en Barcelona en el siglo XVI, se desencuadernó. El pergamino que realiza la función de tapa de cobertura para una recopilación de obras quedó desprendido del cuerpo del libro dejando ver el refuerzo del lomo (como se ve en la fotografía ­situada en la página ­anterior). “En una época en que nada se tiraba si podía ser utilizado para un determinado propósito –describe Verger–, es habitual encontrar trozos de pergamino y de papel, manuscritos e impresos, en las encuadernaciones de los libros antiguos con el fin de reforzarlas”. Así, el impresor barcelonés que se llamaba Claudio Bornat utilizó en 1562 –como data el libro– un pergamino ya escrito que debía tener por ahí para ser utilizado como refuerzo en el recosido de los volúmenes. El fondo de reserva de la UB llamó a un reputado investigador en historia medieval de la Universidad de Saint John, Daniel Gullo, para que analizara y datara el texto que aparecía en el lomo. ¿De qué se trataba? “Gullo descubrió que era un fragmento desconocido de unos Comentarios de Sant Bonaventura en las Sentències de Pere Llombard del...¡siglo XIV!”, exclama la responsable de la custodia de la obra.

Un texto de dos siglos anteriores a la obra impresa, y que ha servido de base para un estudio posterior sobre la difusión de la obra franciscana, hubiera quedado oculto por siempre si no se hubiera desprendido. El volumen en cuestión cuenta no sólo con la marca identificativa del impresor, una imagen de un niño Jesús cabalgando un águila, sino el exlibris de Josep Jeroni Besora, su primer propietario, que donó toda su colección al convento de Sant Josep, situado donde ahora se encuentra el mercado de la Boqueria, explica Verger. Besora fue un clérigo de Lleida, humanista, que presidió brevemente la Generalitat en 1656, y que reunió una biblioteca de unos cinco millares de libros, de grandes dimensiones para la época. En su testamento, realizado a favor de los carmelitas descalzos de Barcelona, especificó la condición de que la colección fuera de uso público.

El volumen de las “curiosidades descubiertas” ha obligado a crear un nuevo archivo específico para estas pequeñas piezas que están en los libros pero no forman parte de los mismos
En 1835, con la desamortización de Mendizábal que expropió a la Iglesia de sus bienes, los libros cobijados en Sant Josep, junto con los preservados en conventos como Santa Caterina, Sant Francesc d’Assís o del Carme, fueron a parar al monasterio de Sant Joan de Jerusalem, situado en la Via Laietana. Las monjas fueron expulsadas y cientos de libros, amontonados en las salas. En 1840 se inauguró una biblioteca. “Sin embargo, se nota en las obras el deterioro propio de los pocos cuidados que recibieron en medio siglo. Humedades, agujeros por bichos, encuadernación en mal estado...”. En 1880, coincidiendo con la restauración de la biblioteca de la UB, todo el fondo fue trasladado al edificio central y se acondicionó la sala de los manuscritos. El convento fue derribado.

El volumen de las “curiosidades descubiertas” ha obligado a crear un nuevo archivo específico para estas pequeñas piezas que están en los libros pero no forman parte de los mismos.
“Primero se redacta una descripción de cada pieza y se incorpora al registro del ejemplar (material anexo), para que se pueda consultar en el catálogo en línea de la biblioteca”, indica Verger. Y, después, se archiva en un dossier individual, donde se hace constar la firma topográfica del libro. Así se mantiene el vínculo del material con el libro donde ha sido ­encontrado.
Verger reivindica la importancia de la tarea de catalogación de los ejemplares. “La catalogación, sobre todo en una biblioteca como la nuestra, es un trabajo primordial, además de la conservación, porque nos permite saber lo que tenemos”. Calcula que aún quedan por catalogar entre un tercio y un cuarto del fondo antiguo, lo que supone, en total, más de 37.000 libros. de manera que aún queda margen para conocer otros detalles de la historia de nuestros antepasados.

martes, 7 de agosto de 2012

SÉNECA: Tragoediae (1728)


“El trabajo y la lucha llama siempre a los mejores”.

Séneca (4 a. C – 65 d.C)


 “Tragoediae” de Lucius Annaeus Seneca ;

Autor :  SENECA, Lucio Anneo

Título : Tragoediae ; Notas de Johann Friedrich Gronovius  ;  frontispicio de Louis Fabricius Dubourgnd. Joannes Casparus Schröderus (Editor)

Publicación : Delphis (Holanda) : impresor Adrianum Beman, 1728

Descripción : [62], 802, [104] p. ; 26,5 x 22 cm ; encuadernación en pergamino, falto de las correas de cierre, dorados en cubierta y contracubierta enmarcados en doble filete, en las esquinas decoración con motivos vegetales, superlibro en el centro. En la segunda cubierta,  sello de propiedad de la “Bibliotheca Residentiae Insul – S. J.”

Idioma : Latín

Notas :   Hercules Furens, Thyestes, Phoenissae, Hippolytus, Oedipus, Troades, Medea, Agamemnon, Hercules Oetaeus, y Octavia.

Notas : Ex libri manuscrito en portada.

Editado por la “Escuela Latina” situada en la ciudad de Delft (Holanda), el superlibro, representado por la Υ  pitagórica está íntimamente ligado a esta escuela.