sábado, 5 de abril de 2014

Discursos: Iseo

Iseo de Atenas (en griego antiguo Ἰσαῖος, Isaĩos, ca. 420 a. C. - 340 a. C.), fue un orador ático. Se especializó en escribir discursos para ser leídos frente a los tribunales.
 Unos pocos de estos se han conservado hasta nuestros días. Usaba el estilo simple de Lisias de Atenas, utilizándolo como medio de argumentación en complejas cuestiones de orden jurídico.
En tiempo de Dionisio de Halicarnaso ya no se conocía ningún detalle de la vida de Lisias, dado que Hermipo, que había escrito un listado de los discípulos de Isócrates, no lo menciona.

Iseo  es uno de los diez oradores áticos incluidos en el «Canon de los Diez o Alejandrino» (junto con Antifonte, Andócides, Lisias, Isócrates, Esquines, Licurgo, Demóstenes, Hipérides y Dinarco). Como logógrafo se encargaba de escribir discursos para que las partes de litigios los pronunciaran frente a tribunales (en Grecia, a diferencia de la práctica romana, eran las partes quienes hablaban frente a los jueces, no un representante legal).
 En la Antigüedad se le consideró discípulo de Isócrates y maestro de Demóstenes. De la sesentena de discursos que se le atribuyeron, y de los cincuenta que se consideran auténticos, nos han llegado once y algunos fragmentos. Iseo se limitó a los parlamentos judiciales: los que conservamos corresponden a causas de herencia, y uno a un litigio por pérdida de ciudadanía. 

El estilo de Iseo es muy próximo al de Lisias, al que se asemeja en rasgos como la pureza, la precisión, la claridad, la propiedad y la concisión, un estilo ajeno a la elocuencia pomposa y de aparato, si bien se aparta de la naturalidad y el encanto de Lisias y adopta un tono más técnico y elaborado. En cuanto al contenido, siempre se ha destacado su ordenación y ejecución de las ideas, las exposiciones preliminares y el uso de figuras dramáticas. Gran conocedor de los recursos de la oratoria judicial, Iseo es un innovador y aporta a los discursos forenses algunas características que su discípulo Demóstenes llevará a la perfección, sobre todo la consideración de la efectividad como fin y criterio supremos, a la que todo se subordina: la consistencia de las demostraciones, la sutileza de la dialéctica, la habilidad en el tratamiento de las cuestiones legales, la exposición vehemente (usando incluso la invectiva) y detallada de hechos y pruebas. Iseo pone todo el énfasis en las demostraciones para convencer a unos miembros del jurado que a menudo no son versados en leyes. 
A diferencia de Lisias, no presta gran atención a la etopeya o presentación de carácter, e incurre a menudo en maniqueísmos entre buenos y malos. Sus contemporáneos le reprocharon que pusiera su arte e ingenio al servicio de algunas de las peores causas

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