domingo, 29 de junio de 2014

La biblioteca ideal versus la biblioteca posible. (comentario de un lector bibliofilo)




Si por un azar abrupto me convirtiera en un hombre rico –con esa riqueza material que parece ilimitada respecto de los patrones habituales de consumo de una persona común y corriente-, convertiría mi biblioteca en un proyecto. Con seguridad, compraría menos libros y me desharía de muchos de los que tengo. Importaría menos la cantidad que el perfil de las estanterías. Probablemente apostaría por la narrativa clásica. 
Viajaría para ratonear en librerías de usados y mercados callejeros en busca de títulos desaparecidos. La mantendría al día con catálogos contemporáneos. En fin, le dedicaría tiempo y trabajo, porque, a fin de cuentas, si efectivamente fuera un hombre rico, tendría que rellenar los días de una manera creativa e imponer un cierto orden al ejercicio de la lectura y la escritura; en ese sentido, la definición de la biblioteca sería, también, la definición de un horizonte de trabajo.
Pero, en la realidad, cada buen lector, cada persona para quien el libro es una necesaria compañía, construye la biblioteca posible, la que está al alcance del bolsillo y de las oportunidades, que se arma en viajes, en saldos, en librerías de viejo, en liquidaciones, a punta de encargos y del simple azar que te conduce hacia un libro u otro. 
Entras, por ejemplo, a la bodega de un distribuidor santiaguino, a un  espacio trasero donde van a dar los libros que no se han vendido en seis o más años. Los libros que nadie quiso, lo que acumularon polvo en las librerías e iniciaron el largo camino de regreso hacia aquella bodega o que, peor aún, nunca salieron de ella porque nadie los solicitó. 
Allí puede haber –de hecho, hay- tesoros, libros que tú habías buscado en vano, títulos que alguna vez perdiste, pero también hay muchos otros que te llevas guiado tanto por la genuina curiosidad como porque están ahí, arrumbados y a precio vil, al diez o al cinco por ciento del valor que tendrían si en lugar de esa bodega estuvieran en la vitrina de una librería de la plaza.


lectora

 ¿Cómo resistirlo?

 Son el material de la biblioteca posible, y hay que obedecer a las incitaciones del azar. O vas a Buenos Aires y en alguna librería de Madrid liquidan títulos de una editorial normalmente muy cara y que alguna vez quisiste tener, pero luego te interesaste en otros temas y autores, pero ahí están, a unos cinco dólares, una ganga: te llevas un montón. O das con un autor que te interesa. Buscas sus libros. Y libros sobre aquel autor. Y así das con otros, y sigues la rama del árbol, y de repente estás comprando y leyendo a gente que no sabías que existía. Y le das gracias al azar.

Esa es la biblioteca posible, que siempre tendrá muchos libros que están por si acaso o porque sí, porque los encontraste baratos, porque alguna vez te interesaron, porque quieres tener completa una colección de ensayos de muy buen gusto, porque estaban entre los saldos, porque hubo un ofertón, porque alguna vez quisiste saberlo todo sobre los ríos africanos o sobre la inquisición en Chile o sobre el nacimiento de las universidades en la vieja Europa, esas bibliotecas dentro de bibliotecas que proliferan también según las posibilidades y según la variación de tus ingresos.
hoja de libro de un incunable

Los Libros electrónicos.

Todo puede cambiar, es obvio, con los libros electrónicos, que no ocupan espacio y además están al alcance de un click. Cuando se cumpla la promesa de la infinita abundancia, estarás más cerca, entonces, de la posibilidad de la biblioteca ideal, de aquella que tú diseñas y labras como si se tratara de una escultura o mejor dicho de un bonsái, que crece de manera controlada y en la dirección que tú le das; y que, así mirada -una colección de ficheros alojada en un disco duro o en la nube-, tiene que ser muy atractiva para vencer la insipidez de la fórmula. Pero sabes que no será lo mismo. 
Que aquel conjunto de íconos podrá adaptarse a tu designio inicial, pero es tan distinto que te arropen y te abriguen los libros que el azar puso en tu camino y que forman tu biblioteca posible, que tiene, al fin y al cabo, una personalidad única, un carácter propio y distinto que no obedece tanto a un diseño preconcebido, sino a esa combinación de azar, necesidad y gusto que, vaya, tanto se parece a la vida.

Miguel Eyquem de Montaigne. Enciclopedia Espasa Calpe

retrato de Miguel Eyquem de Montaigne.

Biografía.

Primeros Años.


Miguel Eyquem de Montaigne, fue literato y moralista francés, uno de los ingenios mas originales del siglo XVI, nace en el castillo de montaigine (Perogord), el 28 de febrero de 1533, y murió en el mismo lugar el 13 de septiembre de 1592.  Era hijo del magistrado  Pedro, hombre de cultura y buen gusto, que educo cuidadosamente al futuro autor de los Ensayos, dándole un preceptor alemán que,  según  se dice, no le hablaba sino en latín,  y hasta los mismos criados no se dirigían a él mas que la lengua del Lacio.

Educación.

A los 6 años ingreso al Colegio de Guyana, de Burdeos, en el que permaneció  hasta los 13 o 14 años, estudiando luego filosofía en Facultad  de Burdeos, y derecho en la Toulouse.

Magistrado

A los 21, en el año 1554 sucedió a su padre como consejero  del tribunal de Perigueux, y en 1557 paso con el mismo cargo en Burdeos, donde estableció una intima amistad con Esteban de la Beotie, cuya prematura muerte fue uno de los mayores dolores de su vida (1563).
En 1565, caso con Francisca de la Chassaigne, hija de otro magistrado, y en 1568 perdió a su padre,retirándose de la magistratura, a la que había permanecido por espacio de 16 años, durante  los cuales desempeño diversas comisiones de poca importancia. En una de estas acompaño al rey Carlos IX, al sitio de Ruán, dándole aquel monarca el titulo de "Gentilhombre de cámara", y siendo, además miembro del consejo privado de Margarita de Francia hasta 1570.

Retiro y la creación de los Ensayos.

En el  año 1570, se retiro a sus tierras de Montaigue para entregarse al estudio y a la meditación, y en 1580 publico parte de la obra que había de inmortalizar su nombre, los libros primero y segundo de los "Essais de messire Michel, seigneur de Montaigne."  A poco, ya fuere porque la composición de este trabajo le hubiere fatigado, o tal vez porque ya aquejasen los primeros síntomas de la enfermedad  que le llevo al sepulcro antes de cumplir los sesenta años, emprendió un viaje.

Primeramente se dirigió a París, donde presentó sus Essais a Enrique III, después paso una temporada en las aguas de Plombieres, y luego visito Suiza y una parte de actual Alemania, pasando, finalmente  Italia, y deteniéndose en Venecia, Florencia, Roma y Loreto, donde dejo un rico exvoto.

Alcalde de Burdeos

 En Italia recibió la noticia de su nombramiento para la alcaldía de Burdeos (Septiembre de 1581), dando entonces por terminado su viaje y tomado inmediatamente posesión del cargo, que desempeño por espacio de dos años, terminados los cuales fue elegido de nuevo. La segunda etapa de su mando ser vio turbada por los primeros disturbios de la LIGA, y Montaigne, en aquellas circunstancias bastante criticas, puso tanta dignidad  como discreción en el desempeño de sus dedicadas funciones.  Sin embargo, cuando estaba ya a punto de terminar el segundo periodo de su cargo, y en ocasión de hallarse  Montaigne ausente de Burdeos, se presento una epidemia  en la ciudad, y el primer magistrado de la misma, teniendo por la salud de los suyos, se abstuvo de volver a ella y paso seis meses  errando  de lugar en lugar, hasta creyó alejado, el peligro de un contagio. A este acto, que no dice ciertamente nada en favor del funcionario y que le fue duramente censurado, se debe, en cambio, que se publicara una nueva edición de los Ensayos,    a los que se añadió un tercer libro.

Señorita de Gournay,y fallecimiento.

En un viaje que hizo a París, conoció a una de sus administradoras, la señorita  de Gournay, su hija de alianza, como él la llamaba. Hallándose en la capital de Francia (1588) fue detenido por los ligueros, que lo encerraron en la Bastilla, pero su prisión no duró más que un día. Después asistió a los estados Generales de Blois, y, por ultimo, regreso a castillo , y para buscar consuelo a sus males físicos, se entrego  con ardor al trabajo, muriendo a poco como católico ferviente, mientras un sacerdote decía misa en su habitación.
De su matrimonio con Francisca de la Chassaigne tuvo cinco hijas, de las cuales solo una sobrevivió.

Comentario 

Pocas vidas hay más desprovistas de incidentes interesantes que la de Montaigne, aun cuando vivió en una de las épocas mas agitadas; pudo ver de cerca los esplendores de los reinados de Francisco I, Enrique II, fue testigo de los horrores de la noche de San Bartolomé, y de los tumultos de la Liga, y, sin embargo, estos acontecimientos que descritos por él hubieran adquirido un interés y una originalidad grandes, no ejercieron la menor influencia  en su obra, y en que   Montaigne no aspiraba a retratar su época, tan pintoresca y tan movida; para ello le faltaba el aguijón de la gloria y de ambición, y su temperamento perezoso y apático le llevaba a buscar la tranquilidad y a rehusar todo aquello que le pudiese hacer abandonar su vida apacible y cómoda. Este egoísmo amable, pero concentrado, es el nervio de los Essais, y se comprende cuán extraordinario ha de ser su merito, teniendo en cuenta que la humanidad es muy poco dada a admirar  a los hombres del carácter de Montaigne, para que la admiración por este y sus Essais, subsista viva y fervientemente aún después de pasados mas cuatro siglos. Y esta admiración no fue póstuma, ciertamente, porque viviendo él y solo en el corto espacio de ocho años (de 1580 a 1588) publico cinco ediciones y al morir se disponía a dar la sexta.

             
Los Ensayos.

Los ensayos no reúnen, en apariencia, al menos, ninguna de las cualidades necesarias para inmortalizar al que la concibiera. Sin plan ni lógica ni unidad, constituyen una serie de observaciones personalísima e intimas, como si dijéramos una especie de autografía espiritual, sin orden ni concierto, en la que el autor  pasa revista, no tanto a los acontecimientos vistos y vividos por él, como a sus lecturas y meditaciones.



Primera edición Inglesa 

De estos se desprende que los ensayos habrían de ser una obra de erudición, algo así como un libro de criticas literarias y filosóficas, y no obstante, nada  mas lejos de la verdad. los ensayos, y en esto estriba su merito principal, no tienen época ni lugar, son de siempre y para todos, porque las observaciones de Montaigne, tan ingenuas y sencillas en apariencia, encierran una suma extraordinaria de filosofía de la mas honda y humanas, y habiendo querido ocuparse solo en sí mismo, ha recogido los anhelos de todos los hombres.

Su obra constituye la desesperación de los analistas y de los exegetas, porque lo es todo y no es nada. Su mismo autor tampoco admite el encastillamiento que tanto facilita la comprensión de los espíritus rutinarios. Pascual, que le había estudiado a fondo, decía de Montaigne solo se había preocupado de morir cobardemente, del mismo modo que había procurado vivir tranquilamente. No era sin embargo, un pesimista ni tampoco un  optimista.
Quien le ha tratado  de epicúreo, quien de estoico, pero no están  en lo cierto, como tampoco los que hicieron de él un escéptico o un ferviente cristiano, Montaigne fue, en realidad, un hombre de su siglo y como tal obró. Amaba con pasión todo lo veían a su alrededor cobardía, fealdad y pequeñez, no es extraño que se encarnara al mostrar los defectos  de su época, hasta el punto de parecer que se recreara en ellos.  
Por eso su obra constituye, desde el punto de vista filosófico, un verdadero caos que escapa  a todo análisis y clasificación. No se le podría considerar como un cristiano ferviente, porque desde el momento en que despreciaba al hombre, no estaba capacitado para amarlo como a sí mismo; pero menos aun merece el dictado de escéptico.
Efectivamente, es cierto que sus mas duras reproches se dirigían a la sociedad que le rodeaba; pero, en cambio, ¡ que entusiasmo y que ve-herencia cuando generaliza ! ¡que alteza de miras y que profundidad de observaciones cuando desarrolla sus teorías sobre la educación  !
Alguien ha dicho, hablando de los Ensayos, que podrían titularse "Recuerdos y reflexiones de un lector " o mejor aun "Viajes de Montaigne alrededor  de su librería (Biblioteca)", y esto es cierto en cuanto a la intención, pero no en lo que se refiere al resultado. Seria mas exacto decir que es una enciclopedia o de misceláneas en la que se pasa revista a todo lo divino u humano ; las lecturas de Montaigne son las bases de ella, pero el nervio lo constituye las observaciones que estas lecturas y el examen de las cosas a su alcance le sugieren, profundas unas, sencillas otras, superficiales algunas, pero todas originales y personalisimas.

En cuanto a sus opiniones en religión se atiende al culto de sus mayores y no ve con agrado las innovaciones de la reforma, pero tampoco se siente en absoluto penetrado del verdadero espíritu cristiano;   en política, aun cuando muestra cierta simpatía, mas literaria que efectiva, por los republicanos de la antigüedad, en partidario de la sumisión a las leyes y al poder establecido; en moral, es una mezcla de epicúreo, y estoico, y preconiza una virtud a base de constancia y resignación, es ferviente adorador  de la voluntad y aconseja los medios de habituarse a no temer la muerte. Se ve, pues, que sus ideas no ofrecen novedad alguna y que se ajustan en un todo a la moral  corriente de los hombres que se preocupan poco de esas cosas.

Lo mas interesante de Montaigne, lo que ha inmortalizado su nombre, es la originalidad y desenvoltura de sus Observaciones y su maravilloso estilo, que hacen de los Ensayos un verdadero monumento literario, mas apreciado a medida que va pasando el tiempo, y en el se encuentran  en germen todas las elegancias, todas las sutilezas, todas las exquisiteces de los poetas, prosistas y oradores franceses posteriores a él.  

Enciclopedia Soviética.-Filosofía en la India, Japón, y URSS

volumenes

Filosofía india

En la India, la filosofía surgió sobre la base de una de las civilizaciones humanas más antiguas; sus tradiciones milenarias, que se remontan a los siglos X-XV a. n. e., se han conservado hasta nuestros días. En la historia de la filosofía india suelen distinguirse cuatro períodos:
 1) el período védico;
2) el período clásico o brahmano-budista, desde el siglo VI a. n. e. hasta el X d. n. e.;
3) el período postclásico o hinduista, siglos X-XVIII;
4) la filosofía india moderna, contemporánea.
Ya en los primeros momentos del pensamiento indio, en los Vedas, junto a los himnos en honor de numerosos dioses, se encuentra el concepto de un orden mundial único, el concepto de «Rita».
Los comentarios religioso-fílosóficos a los Vedas, los Upanishadas, contienen ideas en gran medida determinantes de todo el ulterior desarrollo de la filosofía india (sobre la unidad del alma universal, el brahmán, y del alma individual, el atmán; sobre la inmortalidad del alma, que pasa de una reencarnación a otra según la ley del karma o recompensa). Junto a las doctrinas místicas, idealistas religiosas, en los [183] Upanishadas encontraron asimismo un reflejo las concepciones de los antiguos materialistas y ateos, quienes rechazaban la autoridad de los Vedas, la existencia del alma después de la muerte del hombre, y consideraban como base primera del mundo uno de los principios materiales: fuego, agua, aire, espacio o tiempo. Durante el período clásico, la filosofía india se desarrolla bajo una fuerte influencia de los Vedas y de los Upanishadas.
 En los tiempos del filósofo indio medieval Madjavachara (siglo XVI) se estableció la tradición de dividir todas las escuelas filosóficas en ortodoxas, que reconocen la autoridad de los Vedas, y no ortodoxas, que rechazan la infalibilidad de los mismos.
Entre las escuelas ortodoxas, seis se consideran principales, a saber: mimansa, sankjia, yoga, niaia, vaisheshika y vedanta. A las escuelas no ortodoxas pertenecen las budistas, las jainistas y numerosas escuelas ateas, de las que alcanzó mayor difusión la escuela charvaka (Lokaiata). Pese a que semejante división tiene bases históricas, vela el resorte capital del desarrollo de la filosofía: la lucha entre materialismo e idealismo. Tanto en las fuentes budistas como en las brahmánicas, ante todo se condenan las escuelas materialistas. Shankara, el filósofo más destacado de los vedantas, ataca furiosamente las ideas materialistas de los pensadores de la escuela sankjia, el empirismo de la niaia y de la vaisheshika. Se manifiesta disconforme con el sentido común de la escuela niaia y se aproxima a las escuelas idealistas y místicas del budismo.
En el seno del budismo, las escuelas idealistas de los madjiamikas y de los yogacharos lucharon contra las doctrinas materialistas de los tjeravdinos y de los sarvastivadinos. Las enconadas discusiones entre las distintas escuelas filosóficas dieron origen a la ciencia sobre el arte de la discusión, sobre las fuentes del saber y el carácter fidedigno del conocimiento: la lógica. Las primeras referencias a la lógica india pueden hallarse ya en las lejanas fuentes búdicas (siglo III a. n. e.); después, la lógica se desarrolla en la escuela niaia y, más tarde, en los tratados de los lógicos budistas Dignagui, Djarmikirti y otros.
 A fines del período clásico, el jainismo pierde su importancia y el budismo es desplazado de la India. Durante el período hinduista, se desarrollan los sistemas vishnuita y shivaita del hinduismo, en los cuales se enseñaba que el brahmán Upanishad es el dios Shiva o Vishnú. A partir de los siglos V-VII, se fortalecen el tantrismo y el shaktismo. En el siglo X, bajo el influjo del Islam, penetran doctrinas monoteístas (kabir-panji, sikji). En la época contemporánea, el desarrollo de la filosofía se efectuó bajo la bandera de la lucha por la liberación nacional del pueblo indio contra el dominio inglés.
El carácter de la nueva filosofía india ha sido determinado por el hecho de que al frente del movimiento de liberación nacional se ha encontrado la burguesía india, cuyos ideólogos se orientan hacia el renacimiento de las tradiciones religiosas y filosóficas nacionales. Ello ha conducido a la aparición del teísmo modernizado de Brahma-samai y de Aria-samai, del panteísmo y del idealismo, de la doctrina de Tagore, de Gandhi, de Aurobindo Gjosh. Los filósofos indios de nuestros días (Sarvepali Radjakrishnan y otros) propugnan la unión de la ciencia y de la técnica occidentales con los «valones espirituales» del Oriente.
 En la actualidad, la ideología dominante en la India es la doctrina de Gandhi sobre la «no violencia» y el denominado «socialismo democrático» de Nehru. Después de la Gran Revolución Socialista de Octubre, en la India se difunden las ideas de la filosofía marxista-leninista.

Filosofía japonesa

Las primeras doctrinas filosóficas del Japón se constituyeron en la época del feudalismo. La filosofía japonesa se desarrolló bajo la influencia de la antigua filosofía china de la naturaleza, de la doctrina ético-política del confucianismo, del budismo y, luego, del neoconfucianismo. Los fundadores del idealismo neoconfuciano japonés fueron Fudziwara Seika (1561-1619) y Hayasi Radzan (1583-1657). Su escuela («Siusi gakuja») propagaba la doctrina del filósofo chino Chu Si.
Los neoconfucianos japoneses enseñaban que sobre el universo impera el «taikioku» o «mukioku» –el «gran límite» o «lo ilimitado»–, fuerza universal y sobrenatural, privada de cualidades y de formas, inaccesible a la percepción humana; el absoluto místico «taikioku» constituye la base del principio ideal «ri» (li), enlazado con el principio material «ki» (tsi) y capaz de crear la naturaleza física de las cosas y del hombre.
Los neoconfucianos procuraban fundamentar los dogmas del confucianismo clásico acerca de las eternas relaciones de subordinación (del hijo al padre, del súbdito al emperador, de la esposa al marido, &c.). En ese período, actuaban también escuelas del confucianismo clásico con Yamaga Soko (1622-85) y Butsu (Oguiyu) Sorai (1666-1728) al [184] frente, así como de los partidarios del idealismo subjetivo del filósofo chino Wan Chou-Jen (Wan Yan-Min), la escuela «Oiomeigakuja» dirigida por Nakae Todzio, (1608-48). Frente a las corrientes idealistas dominantes en la filosofía japonesa, se formaron concepciones materialistas.
 Para el desenvolvimiento de la filosofía materialista en el Japón y para socavar el dominio del idealismo confuciano y neoconfuciano, así como de la mística budista, fue de extraordinaria importancia el que los filósofos japoneses entraran en conocimiento de las teorías expuestas por los pensadores de Europa occidental (Francis Bacon, Gassendi, Hobbes, Copérnico, Galileo, y otros).
Contribuyeron en gran manera a desarrollar la ideología social contra el feudalismo de las ideas materialistas y ateas las obras de Kaibara (Ekiken) Ekken (1630-1714), de Muro Kiusa (1658-1734), de Ito Dzinsai (1627-1705), de Yamagata Siunan (1687-1752). A la época feudal (fines del s. XVII-comienzos del XVIII) corresponde la actividad del filósofo materialista y ateo Ando Sioeki. Rechazando la idea neoconfuciana de un principio ideal «ilimitado» Ando Sioeki defendía la tesis de que la verdadera ley de la naturaleza estriba en «un proceso incesante de formación». En sus ideas acerca de la naturaleza y sus leyes, hay elementos de dialéctica. El universo, según afirmación de Ando Sioeki, se compone de cinco elementos materiales infinitos, que actúan espontáneamente.
 Ando Sioeki era un decidido enemigo del régimen feudal, un propagandista de concepciones ilustradas de vanguardia. Negaba la idea de la desigualdad innata de los seres humanos y consideraba que la fuente del mal social se encontraba en la propiedad privada, pero las reivindicaciones sociales del pensador eran utópicas. Para establecer la igualdad, los hombres han de pasar al laboreo colectivo de la tierra, cosa que conducirá a la igualdad social, al florecimiento de los oficios y de las artes. Atestiguaron una firme renuncia al escolasticismo confuciano los brillantes elementos materialistas contenidos en las obras del filósofo de la naturaleza Miura Baien (1723-89).
Actuaron como paladines del pensamiento materialista y ateo en la filosofía japonesa, Minagava Vakien (1716 - 1804), Jiraga Guensai (1726-79), Yamagata Banto, (1761-1801) y Kamada Riukiu (1754-1821). En la segunda mitad del siglo XIX, un elemento esencial influyó sobre el desenvolvimiento de la filosofía japonesa, a saber: la inacabada revolución burguesa de 1867-68. Las ideas filosóficas, en dicho período, se fueron desarrollando en el proceso de la lucha entre los filósofos «kanrió gakusia»doctos de la burocracia») y «minkan gakusia» («doctos, del pueblo»). Fueron representantes de los «kanrió gakusia» (se consideraban llamados a «desarrollar la cultura según los planes, gustos y esfuerzos de las alturas») Nisi Amane (1826-94) y Kato Jiroiuki (1836-1916).
Los mismos procuraban coordinar elementos del confucianismo con las ideas de la filosofía idealista de Europa occidental (de Mill, Bentham, Comte y Spencer, entre otros). Nisi fue el primero en introducir el término «tetsugaku», «filosofía». Fue un ilustre representante de los «minkan gakusia». Fukudzawa Yukiti (1834-1901). Rechazaba las ideas darvinistas sociales de Kato Jiroiuki y abogaba en favor de la igualdad social. El ideólogo del régimen monárquico japonés fue el idealista y ecléctico Inoue Tetudziro (1855-1944). Se manifestaba contra el empirismo inglés, intentaba sintetizar las ideas del confucianismo, del neoconfucianismo, del sintoísmo, y del budismo con las ideas de la filosofía clásica alemana (especialmente de Hegel y de Eduard Hartmann) y del empiriocriticismo. Su doctrina ecléctica se convirtió en la base filosófica de la ideología del «Japonismo». 
La filosofía de Inoue tuvo un enemigo –que lo era, en principio, de todo idealismo– en el filósofo materialista y ateo Nakae Tiomin (1847-1901), quien ejerció una gran influencia sobre el avance de la ideología progresiva, científica y social, del Japón. Al entrar este país en la fase imperialista, las escuelas filosóficas idealistas recibieron un apoyo cada vez más activo. Se crearon en las universidades cátedras especiales para difundir las ideas de la filosofía clásica alemana y del idealismo más reciente (fenomenología, filosofía de la vida, pragmatismo y existencialismo). La filosofía que alcanza mayor difusión es la de Nisida Kitaro (1870-1945), quien intentaba expresar las ideas del budismo-zen con los conceptos y principios de la filosofía idealista de Europa occidental. En la doctrina de Nisida, se combinaban eclécticamente las ideas de la filosofía clásica alemana, del neokantismo, del intuitivismo, del pragmatismo y del existencialismo.
 La Gran Revolución Socialista de Octubre, la crisis general del capitalismo, los éxitos del movimiento obrero japonés han contribuido a que en el Japón penetrara y se difundiera la filosofía marxista. Las ideas [185] marxistas-leninistas, a despecho de la persecución a que las someten los reaccionarios japoneses, han hallado cada vez más partidarios entre los filósofos profesionales.
 En el Japón, han sido activos propagandistas de una concepción del mundo, científica, marxista, Tosaka Dziun (1900-45); Kavakami Jadzime (1879-1946), traductor de «El Capital», de Marx; Kagata Jirosi (1904-47), autor de una nueva traducción, mejorada, del libro de Lenin «Materialismo y empiriocriticismo». Ha hecho suyas, después de madurada reflexión, las ideas del marxismo, Yanaguida Kendziuro (nacido en 1893), hombre público progresivo, enemigo del militarismo y de la reacción.

Filosofía marxista soviética

Surgió después de la Revolución Socialista de Octubre. En los primeros años de su existencia, la filosofía marxista soviética se desarrolló en lucha contra los vestigios de la vieja filosofía burguesa y también contra las teorías filosóficas del menchevismo, del machismo ruso (Bogdánov y otros), &c. En 1922 se fundó la primera revista filosófica marxista «Bajo la Bandera del Marxismo» («Pod známienem marxisma») en cuyo tercer número se publicó el artículo de Lenin «Sobre el significado del materialismo militante» dedicado a los objetivos de la revista y del desarrollo de la filosofía marxista soviética. Este artículo de Lenin, lo mismo que sus otros trabajos teóricos, ejerció una influencia decisiva sobre toda la actividad ulterior de los filósofos soviéticos.
La tarea fundamental de los primeros años estribaba en formar nuevos filósofos estrechamente unidos al Partido Comunista y a la lucha por la reestructuración socialista del país. La lucha de clases del primer período de la existencia del Estado soviético halló su expresión en todos los sectores de la ideología, incluido el de la filosofía. A fines de la década de 1920 y comienzos de la siguiente, se desplegó la crítica contra las recaídas en el materialismo mecanicista (Nikolái Ivanovich Bujarin, A. I. Variash, V. N. Sarabianov y otros) y también contra las manifestaciones del idealismo menchevizante (grupo de Abram Moiséievich Deborin), cuya esencia consistía en identificar la dialéctica marxista con la hegeliana, en separar la teoría de la práctica, subestimar la etapa leninista en el desarrollo de la filosofía, &c.
Aparecieron los primeros manuales en que se explicaba el contenido del materialismo dialéctico e histórico. En la revista «Bajo la Bandera del Marxismo» (dejó de publicarse en 1944) y en otras publicaciones, se estudiaban los problemas fílosóficos que planteaba la edificación de la sociedad socialista, la revolución cultural; partiendo de la filosofía marxista, se daba la correspondiente interpretación de la historia de la filosofía del pasado, se luchaba por establecer una alianza con los naturalistas, para lograr que éstos adoptaran los principios del materialismo dialéctico.
 Las obras «Dialéctica de la naturaleza» de Engels, y «Cuadernos filosóficos», de Lenin, publicadas por primera vez en 1925 y 1929 respectivamente, impulsaron la investigación de nuevas cuestiones. No obstante, el progreso de la filosofía soviética, lo mismo que el de otras ciencias sociales, se vio seriamente obstaculizado durante los años del culto a la personalidad de Stalin, cuyo trabajo «Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico» fue declarado, sin motivo alguno, punto culminante de la filosofía marxista.
 La crítica del culto a la personalidad llevada a cabo por el Partido y las resoluciones del XX Congreso del P.C.US. iniciaron una nueva etapa en el desarrollo de la filosofía soviética. Dicha etapa se caracteriza por la sensible ampliación de los temas objeto de investigación filosófica y por el examen mucho más profundo, de los problemas actuales de la ciencia filosófica moderna. Ha empezado a ocupar un lugar importante el estudio de la herencia filosófica de Lenin. Se han redactado nuevos textos y manuales superando los rasgos de dogmatismo vinculados al culto a la personalidad de Stalin. La dirección básica que sigue la filosofía soviética en su desarrollo, está condicionada por los objetivos de la edificación comunista tal como han sido definidos en las resoluciones de los Congresos XX y XXII del P.C.U.S. y en su nuevo programa. Las resoluciones del Partido, que generalizan la práctica de la edificación comunista en la U.R.S.S. y de todo el desarrollo mundial, se hallan colmadas de profundo contenido filosófico, ponen de manifiesto, científicamente, las leyes del desarrollo de la sociedad en las actuales condiciones.
 Muchos filósofos soviéticos, especialmente sociólogos, trabajan en torno a las leyes de la edificación comunista, a la dialéctica del paso del socialismo al comunismo, al desarrollo del Estado soviético, a la fusión de las dos formas de propiedad socialista en la forma comunista, a la superación de las [186] diferencias esenciales entre la ciudad y el campo, entre el trabajo físico y el intelectual, al progreso de la cultura socialista y otros. (G. M. Gak, G. I. Glezerman, L. F. Ilichov, F. V. Konstantinov, T A. Stepanián, V. P. Tugarinov, P. N. Fedoséiev, V. A. Fominá, G. P. Frántsev, D. I. Chesnokov y otros).
 Aunque las investigaciones sociales concretas ocupan todavía un lugar insuficiente en las publicaciones filosóficas, durante los últimos años han aparecido trabajos consagrados a la elevación del nivel cultural y técnico de la clase obrera, a la desaparición de las diferencias entre la ciudad y el campo, a la superación de las supervivencias religiosas, &c. Ocupan un importante lugar en las investigaciones de los filósofos soviéticos las cuestiones del materialismo dialéctico. Las más importantes de todas ellas son las que están relacionadas con la generalización de los resultados obtenidos por la moderna ciencia natural, con la ulterior elaboración de la dialéctica materialista, de las nuevas formas en que sus leyes aparecen en la sociedad socialista, con el estudio de los problemas de la lógica dialéctica y de la teoría del conocimiento.
Guiándose por las indicaciones de Lenin, los filósofos soviéticos investigan la lógica de «El Capital», utilizándola para el estudio de los problemas de la lógica dialéctica y de la teoría del conocimiento; analizan las categorías del materialismo dialéctico, trabajan en el problema del sistema materialista de categorías, en las cuestiones filosóficas de la ciencia natural (I. V. Ilenkov, B. M. Kédrov, P. V. Kopnin, I. Kolman, I. V. Kuznétsov, V. I. Omelianovski, M. N. Rutkiévich, V. I. Svicliersk, E. P. Sitkovski, A. G. Spirkin, B. S. Ukraintsev, V. P. Chertkov y otros). Es muy importante el trabajo que llevan a cabo los filósofos soviéticos en lo tocante a la investigación marxista de la historia universal de la filosofía. En el transcurso de los últimos años, se ha realizado una seria labor en el estudio de la filosofía materialista rusa; un grupo de filósofos se dedica a la investigación crítica de la filosofía burguesa actual (V. F. Asmus, M. P. Baskin. B. E. Bijovski, A. M. Deborin, M. A. Dinnik, M. T. Iovchuk, I. S. Kon, G. A. Kursánov, M. O. Makovielski, I. K. Melvil, M. B. Mitin, J. N. Momdzhian, I. S. Narski, T. I. Oizerman, O. V. Traitenberg, B. A. Chaguin, I. I. Shchipánov y otros).
La edificación comunista ha planteado como una de las tareas más importantes en el campo de la filosofía, la de elaborar los problemas de la moral comunista, de la ética marxista, de la lucha contra las supervivencias del capitalismo en la conciencia y en la conducta de los hombres, contra la influencia de la concepción religiosa del mundo, &c. A estos problemas están dedicados los trabajos de varios filósofos (I. A. Levada, A. F. Shishkin y otros).
Durante los últimos años, los filósofos soviéticos dedican gran atención al examen de los problemas de la estética: historia de las ideas estéticas, de las categorías de la estética, de la teoría del realismo socialista, crítica de las concepciones estéticas burguesas, &c. (I. B. Bórev, A. G. Iegórov, M. A. Lifshits, M. F. Ovsiánnikov, Z. V. Smirnova, G. M. Friedländer y otros). Mientras que antes los filósofos soviéticos que trabajaban en la esfera de la lógica formal se ocupaban sobre todo de estudiar las cuestiones de la lógica tradicional, últimamente han empezado a ocuparse con preferencia de las cuestiones actuales de la ciencia lógica que requieren se generalice con un criterio materialista dialéctico los resultados de la lógica matemática, de la semántica y otros (K. S. Bakradze, I. K. Voishvilo , D. P. Gorski, A. A. Zinóviev, P. S. Popov, P. V. Tavanets, S. A. Ianóvskaia y otros).
Han aparecido trabajos consagrados al análisis filosófico de la cibernética, a su esencia, a su relación con otras ciencias, al estudio de las cuestiones psicológicas en general y de la psicología social en particular (B. G. Ánaniev, A. N. Leontiev, S. L. Rubinstein, B. M. Tieplov y otros). Los filósofos soviéticos se encuentran ante grandes tareas, la más importante de las cuales consiste en generalizar más profundamente los procesos reales de la edificación comunista, del desarrollo de la nueva cultura, de la formación del hombre de la sociedad comunista, de la gran moral humana del comunismo.

Filosofía medieval en los países de la Europa occidental

Filosofía de la sociedad feudal del Occidente de Europa en la época comprendida entre el hundimiento del Imperio romano (siglo V) hasta la aparición de las formas tempranas de la sociedad capitalista (siglos XIV-XV). Al derrumbarse la sociedad esclavista grecorromana, se produjo también una decadencia de la filosofía.
 La herencia filosófica clásica se perdió y hasta la segunda mitad del siglo XII permaneció desconocida de los sabios de la Europa Occidental. La ideología imperante fue [187] la religiosa: en el Cercano Oriente, en Arabia y en los países de lengua árabe, musulmana; en Europa, cristiana, en dos variantes (catolicismo romano y ortodoxia bizantina). La escuela y la instrucción pasaron a manos de la Iglesia, cuyos dogmas figuraban en la base de todas las representaciones acerca de la naturaleza, del mundo y del hombre. El desarrollo de las escuelas (seglares y eclesiásticas) así como, desde mediados del siglo XII, la creación de las primeras universidades (en Italia, Inglaterra, Bohemia y Francia) plantearon a la filosofía el problema de ayudar a la Iglesia a explicar e incluso fundamentar filosóficamente los dogmas de la fe. Durante varios siglos, la filosofía se convirtió en la «sierva de la teología».
Ya había desempeñado esta función, en la obra de los apologistas, defensores del cristianismo contra el paganismo, como también, más tarde, en los trabajos de los «padres de la Iglesia». En Occidente, el más importante de todos ellos, Agustín (354-430) introdujo en el sistema de doctrinas de la filosofía cristiana varias ideas del neoplatonismo. Constituyeron otra de las fuentes –para el Occidente– de esta influencia, adaptada a los objetivos de la ideología cristiana, los neoplatónicos orientales, entre ellos el denominado seudo Dionisio, el Areopagita (siglo V). Una de las personalidades que dejó más profunda huella en la filosofía del Medioevo fue Juan Escoto Erigena. Al explicar los dogmas de la fe, los filósofos medievales se encontraron con una serie de complejos problemas acerca de la relación entre lo singular y lo general y respecto a la realidad de lo general.
 En dependencia del procedimiento que empleaban para resolverlos, la filosofía escolar, que fue denominada escolástica, elaboró varios puntos de vista entre los cuales se destacaron como más importantes las doctrinas del realismo (Realismo medieval) y del nominalismo, que se combatieron recíprocamente. En el siglo XII, Pedro Abelardo se manifestó contra las posiciones extremas de ambos puntos de vista. Desde mediados del siglo XII, las obras principales de Aristóteles se tradujeron al latín.
Las teorías aristotélicas, acogidas al principio hostilmente por la Iglesia, se tomaron pronto como base filosófica del cristianismo. Desde entonces, los maestros de escolástica se convirtieron en exégetas y sistematizadores de Aristóteles. Adaptaron el aristotelismo a sus conceptos religiosos y filosóficos, aprendieron dogmáticamente las partes envejecidas de la concepción del mundo de Aristóteles (por ejemplo, el sistema geocéntrico, los principios de su física), rechazaron toda búsqueda de lo nuevo en la ciencia. Los sistematizadores principales de la escolástica, en el siglo XIII, fueron Alberto Magno, Tomás de Aquino y Juan Duns Escoto.
La Iglesia ha concedido la máxima valoración a la obra y a la doctrina de Santo Tomás: le ha incluido en el número de sus «santos» y, en la segunda mitad del siglo XIX, declaró su sistema, doctrina filosófica oficial de la Iglesia (Neotomismo). En el siglo XIII, al mismo tiempo que los tres sistematizadores de la escolástica, actuaron varios eminentes filósofos, entre los cuales se destaca como más importante Roger Bacon. En su doctrina resuena ya la protesta contra las bases sociales del feudalismo. El crecimiento registrado en el siglo XIII, de las ciudades medievales, de la artesanía y del comercio, así como de las vías de comunicación y el incremento de las relaciones con el Oriente durante las Cruzadas, originaron cierto auge de la filosofía, en particular del nominalismo, del que Guillermo de Occam se convirtió en su figura más eminente, seguido por sus discípulos de la escuela occamista de París.
En la filosofía medieval, la lucha ideológica no se planteaba sólo como lucha interna de la escolástica. A esta misma se contraponía la mística, que situaba la autoridad de la Iglesia y sus doctrinas en un plano inferior al del testimonio del sentimiento, personal y de la conciencia subjetiva. En la vida espiritual del feudalismo, la mística se convertía con frecuencia en la forma que adoptaba la oposición contra la doctrina religiosa oficial y obligatoria: la actitud personal del creyente respecto a Dios se convertía en crítica e incluso en lucha contra la ideología y contra el sistema social del feudalismo. Pero en la mística existía también una corriente reaccionaria (Bernardo de Clairvaux, Buenaventura).
En el siglo XIII, apareció en la filosofía medieval un fuerte movimiento antiescolástico fecundado por la teoría de Averroes acerca de la mortalidad del alma individual y respecto a la razón, común a todos. Desarrolló valientemente las ideas de Averroes, el luchador contra la escolástica en la Universidad de París, Siger de Brabante, quien padeció una muerte atroz en 1282. Ya a principios del siglo XII, para aplastar las manifestaciones heréticas y hostiles a la Iglesia, así como para luchar contra nuevas ideas filosóficas, fueron instituidas las órdenes monásticas de dominicos y franciscanos. [188] Fueron precisamente sabios de estas dos órdenes quienes, en el siglo XII dieron cumplimiento al proyecto del Papa Gregorio IX en el sentido de «corregir» la doctrina de Aristóteles en interés de la ideología católica.
Pese al relativo auge que experimentó la filosofía medieval en el siglo XIII, los resultados a que ésta, llegó durante más de mil años de desarrollo fueron sumamente pobres tanto para la filosofía como para la ciencia, ya que incluso los grandes pensadores buscaban no tanto la verdad cuanto los procedimientos para fundamentar la fe, y el régimen espiritual de la sociedad, en el Medioevo; aherrojaba la iniciativa y el vuelo del pensamiento de quienes se atrevían a rebasar los límites del cometido indicado.
 Únicamente el surgimiento de un nuevo método de producción, el capitalista, y de una nueva manera de concebir los objetivos prácticos y teóricos de la ciencia liberó gradualmente, del cautiverio de la filosofía medieval, al pensamiento de los hombres avanzados de la sociedad del Occidente de Europa.

Filosofía natural

(del latín «natura»: naturaleza). Filosofía acerca de la naturaleza, a la que interpreta en un plano eminentemente especulativo considerándola en su totalidad. Los límites entre la ciencia y la filosofía naturales, así como el lugar de la filosofía natural en el sistema de las otras disciplinas filosóficas, han cambiado en la historia de la filosofía. En la Antigüedad, la filosofía natural se fundía, de hecho, con la ciencia de la naturaleza, y en la época clásica a menudo se denominaba física. Era propio de la antigua filosofía natural dar una interpretación dialéctica espontánea e ingenua de la naturaleza como un todo concatenado y vivo, considerar idénticos el microcosmo (el hombre) y el macrocosmo (la naturaleza) (Hilozoísmo). También formaban parte orgánica de la filosofía natural la cosmología y la cosmogonía.
Hasta en la escolástica medieval se encuentran elementos de dicha filosofía, que estribaban, ante todo, en la adaptación de ciertos principios de la filosofía natural y de la cosmología aristotélicas a la imagen geocéntrica del mundo. Durante el Renacimiento, la filosofía natural alcanza gran difusión (conserva en lo fundamental los conceptos y principios de la filosofía natural de la época grecorromana, pero se basa en un nivel más elevado de los conocimiento científico-naturales) y en su lucha contra la visión escolástica de la naturaleza desarrolla diversas y profundas ideas materialistas y dialécticas, por ejemplo la de infinitud de la naturaleza y la de innumerabilidad de los mundos que la componen (Bruno), la de coincidencia de contrarios en lo infinitamente grande y en lo infinitamente pequeño (Nicolás de Cusa, Bruno).
 En el siglo XVII, aunque de la filosofía de la naturaleza se separan varias ramas de las ciencias naturales, ante todo la matemática y la mecánica, aquélla se sigue concibiendo como formando una estrecha unidad con dichas ciencias. No es una casualidad que la obra principal de Newton, en la que se formulan los principios de la mecánica y de la astronomía, se denomine «Principios matemáticos de la filosofía natural». 
En el siglo XVIII, en la filosofía de la Ilustración francesa y europea y en la del materialismo, la filosofía natural formula la idea de la conexión enciclopédica de todas las ciencias, que se amplían y ahondan en comparación con el siglo precedente.
 A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, alcanzó importante relieve la filosofía natural de Schelling, en la cual, aunque sobre una base idealista, se formulaba la idea de la unidad de las fuerzas de la naturaleza, se generalizaban varios importantes descubrimientos científicos de la época. Uno de los discípulos de Schelling, Oken, expuso la idea de que el mundo orgánico estaba sujeto a desarrollo.
Caracterizando la filosofía de la naturaleza, escribió Engels que ésta « ... no tenía más remedio que suplantar las concatenaciones reales, que aún no se habían descubierto, por otras ideas, imaginarias, sustituyendo los hechos ignorados por figuraciones, llenando las verdaderas lagunas por medio de la imaginación."" Con este método llegó a ciertas ideas geniales y presintió algunos de los descubrimientos posteriores. Pero también cometió, como no podía por menos, absurdos de mucha monta. Hoy, cuando los resultados de las investigaciones naturales sólo necesitan enfocarse dialécticamente, es decir, en su propia concatenación, para llegar a un «sistema de la naturaleza» suficiente para nuestro tiempo, cuando el carácter dialéctico de esta concatenación se impone, incluso contra su voluntad, a las cabezas metafísicamente educadas de los naturalistas; hoy, la filosofía de la naturaleza ha quedado definitivamente liquidada.
 Cualquier intento de resucitarla no sería solamente superfluo: significaría un retroceso (Marx y Engels, t. XXI, págs. 304-305 - Marx y Engels, «Obras escogidas», Ed. esp., Moscú, 1952, t. II, pág. [189] 363). Posteriormente (fines del siglo XIX y comienzos del XX) dieron un paso atrás semejante Ostwald, Avenarius, Lipps, Driesch y otros filósofos idealistas que intentaron superar, con ayuda de la filosofía de la naturaleza, la crisis de la novísima ciencia natural.

Filosofía práctica

1. Parte ética de los sistemas clásicos de filosofía, teoría sobre los principios y leyes de la acción (por ejemplo, la «Ética» de Spinoza, la «Crítica de la razón práctica» de Kant, &c.).

2. Amplia corriente, orientada contra el materialismo y la ciencia, en la filosofía burguesa contemporánea. Pueden incluirse en la filosofía práctica el nietzscheanismo, el pragmatismo, la filosofía de la vida (Bergson), el existencialismo y otras escuelas que les son afines y que conciben el conocer como «instrumento» para alcanzar resultados prácticos. La renuncia al pensar teórico y a la verdad objetiva, el culto al subconsciente, van ligados en la filosofía práctica a la disolución del pensamiento en la función biológica de la adaptación: la veracidad de una idea no se determina por lo que en ella se refleje de la realidad objetiva, sino por su validez práctica, por su utilidad: todas las ideas (entre ellas las religiosas) son «verdaderas» si conducen al éxito. De este modo, el relativismo y el agnosticismo de la filosofía práctica se encubren con una referencia al hacer práctico entendido en un sentido extremadamente subjetivista.

La Gran Enciclopedia Soviética. Capitulo Filosofía.

Primera pagina de Enciclopedia


La Gran Enciclopedia Soviética, en ruso Большая советская энциклопедия, abreviada БСЭ, (transliterado como Bolshaya soviétskaya entsiklopédiya, BSE), es una de las más extensas publicadas alguna vez en ese idioma eslavo.
Históricamente fue publicada por una editorial de la desaparecida Unión Soviética que estaba especialmente abocada a su desarrollo y edición, llamada simplemente Soviétskaya entsiklopédiya ("Enciclopedia soviética"). Debido justamente a su origen, la obra tenía un natural sesgo a favor del marxismo-leninismo, la ideología oficial del sistema soviético.
La Gran Enciclopedia Soviética tuvo tres distintas ediciones a lo largo de sus varias décadas de existencia:
La primera edición de 65 volúmenes (65.000 artículos, es decir, unos mil por tomo) además de un volumen adicional especial y específicamente dedicado a la Unión Soviética), fue publicado entre 1926 y 1947, en pleno auge del estalinismo. Su editor en jefe fue, hasta el estallido de la Gran Guerra Patria (invasión nazi de la URSS) en 1941, Otto Shmidt. En términos histórico-cronológicos, coincidió con el período del auge del estalinismo en la URSS.
La segunda edición de 50 volúmenes (100.000 artículos y un tomo adicional dedicado a la Unión Soviética) fue publicada entre 1950 y 1958, siendo los editores en jefe Serguéi Vavílov (hasta 1951) y Borís Vvedenski (hasta 1969); dos volúmenes extras, a modo de índice, fueron publicados en 1960. Cronológicamente, coincidió con la bisagra histórica entre el régimen de Iósif Stalin y la parcial liberalización cultural de la desestalinización lanzada por el posterior líder soviético Nikita Jruschov, que sería conocida con el nombre de "deshielo" (en ruso о́ттепель, transliterado como Óttepel).
La tercera edición (apodada la Edición Roja), publicada entre 1969 y 1978, fue de 30 volúmenes (ofreciendo 100.000 artículos y un volumen adicional para el índice, publicado en 1981). El volumen 24 de esta edición fue editado en dos tomos, estando uno de ellos exclusivamente dedicado a la Unión Soviética. Ésta, la última edición, cuenta con alrededor de 21 millones de palabras (poco más de mitad de la Encyclopædia Britannica) , y su editor en jefe fue, desde 1969, Aleksandr Prójorov. Históricamente su publicación coincidió con el período de estancamiento de Leonid Brézhnev.
Entre los años 1957 y 1990 se publicó un anuario adicional, que permitía a la enciclopedia estar actualizada con los últimos datos históricos y demográficos de todos los países del mundo.

Capitulo de la filosofía en Enciclopedia.

 Filosofía

(griego: filosofía: amor a la sabiduría). Ciencia sobre las leyes universales a que se hallan subordinados tanto el ser (es decir, la naturaleza y la sociedad) como el pensamiento del hombre, el proceso del conocimiento. La filosofía es una de las formas de la conciencia social y está determinada, en última instancia, por las relaciones económicas de la sociedad. La cuestión fundamental de la filosofía como ciencia especial estriba en el problema de la relación entre el pensar y el ser, entre la conciencia y la materia. Todo sistema filosófico constituye una solución concreta y desarrollada de dicho problema, incluso si la «cuestión fundamental» no se formula claramente en el sistema.
 El término «filosofía» se encuentra por primera vez en Pitágoras; en calidad de ciencia especial, lo introdujo por primera vez Platón. La filosofía surgió en la sociedad esclavista como ciencia que unía todos los conocimientos que el hombre poseía acerca del mundo objetivo y acerca de sí mismo, cosa perfectamente natural dado el bajo nivel de desarrollo del saber en las etapas [176] primeras de la historia humana. En el curso del desarrollo de la práctica en el ámbito de la producción social, y a medida que se acumularon conocimientos científicos, ocurrió un proceso de «desprendimiento por gemación» de algunas ciencias respecto a la filosofía, a la vez que ésta se formaba como ciencia independiente. La filosofía como ciencia surge de la necesidad de estructurar una concepción general del mundo, de investigar los principios y leyes generales del mismo; surge de la exigencia de un método de pensamiento acerca de la realidad fundado en lo racional, en la lógica.
 Tal necesidad hace que el problema de la relación entre el pensar y el ser se sitúe en el primer plano de la filosofía, pues toda filosofía se apoya en una u otra solución de dicho problema, lo mismo que el método y la lógica del conocimiento. A ello se debe, también, la polarización de la filosofía en dos corrientes opuestas: materialismo e idealismo; entre ellos ocupa una posición intermedia el dualismo. La lucha entre el materialismo y el idealismo atraviesa, como un hilo rojo, toda la historia de la filosofía, es una de sus fuerzas motrices fundamentales.
Esta lucha se encuentra estrechamente vinculada al desarrollo de la sociedad, a los intereses económicos, políticos e ideológicos de las clases. Al precisar la problemática específica de la ciencia filosófica, se fueron diferenciando en la propia filosofía distintas facetas en calidad de partes más o menos independientes, a veces con diferencias señaladísimas. Estas partes son: la ontología, la gnoseología, la lógica, la ética, la estética, la psicología, la sociología y la historia de la filosofía. Al mismo tiempo, ante la insuficiencia de conocimientos concretos, la filosofía intentaba sustituir las conexiones y leyes del mundo que faltaban por otras imaginarias, con lo cual se convertía en una «ciencia de las ciencias» especial, por encima de todas las demás ciencias. Respecto a la naturaleza, tal filosofía se presentaba como filosofía natural; ante la historia como filosofía de la historia.
El último sistema de este género fue el de la filosofía de Hegel. Sin embargo, a medida que los conocimientos aumentaron y se diferenciaron, desaparecieron los motivos para que existiera la filosofía como «ciencia de las ciencias». La clara concepción de la necesidad social que da origen a la filosofía como ciencia especial, la clara idea del lugar que ésta ocupa y del papel que desempeña en el conjunto de la cultura espiritual así como, por ende, de cuál es el círculo de sus problemas (su objeto) se alcanzaron por primera vez en el marxismo-leninismo (Materialismo dialéctico, Materialismo histórico). El conocimiento teórico de los fenómenos del mundo circundante no puede darse sin el pensar desarrollado en el sentido lógico. Pero, en virtud de la división del trabajo entre las ciencias, que se formó históricamente, fue precisamente la filosofía la que elaboró las categorías y leyes lógicas.
 La filosofía marxista-leninista ha desarrollado y sostenido consecuentemente el principio materialista en la concepción del mundo objetivo y del pensar, principio que ha fecundado con la concepción dialéctica no como «ciencia de las formas externas del pensamiento, sino de las leyes que rigen el desarrollo de «todas las cosas materiales, naturales y espirituales», es decir, el desarrollo de todo el contenido concreto del mundo y del conocimiento del mismo, o sea, resultado, suma, conclusión de la historia del conocimiento del mundo» (V. I. Lenin, t. XXXVIII, págs. 80-81). La filosofía marxista, al considerar las formas y leyes lógicas como formas y leyes aprehendidas y comprobadas por toda la práctica humana del desarrollo de los procesos naturales, históricos y sociales, eliminó la diferenciación entre ontología, lógica y teoría del conocimiento. La coincidencia de la dialéctica, de la lógica y de la teoría del conocimiento constituye el principio cardinal de la filosofía del materialismo dialéctico. Con esto, la teoría filosófica del marxismo constituye la solución materialista dialéctica del problema fundamental de la filosofía, solución desarrollada de manera concreta, acabada en todos sus detalles. Las formas y leyes lógicas se presentan, en esta teoría, como formas y leyes universales reflejadas en la conciencia del hombre del decurso de todo proceso natural o histórico social, como grados de la reproducción teórica de los objetos en concordancia con el desarrollo real de los mismos.
 La filosofía, elaborada partiendo de la concepción indicada de su papel, de su objeto y de sus tareas verdaderas en el desenvolvimiento de la cultura humana, aparece como poderoso instrumento del conocer y obrar de las personas, como factor activo en el desarrollo ulterior del conocimiento y de la práctica. Así concebida la filosofía, sus partes la psicología, la sociología, la ética y la estética se convierten cada vez más en ciencias independientes, que se consideran ciencias filosóficas sólo por el peso de la tradición. Cierto es que dicha tradición tiene su fundamento, ya que las ciencias indicadas están relacionadas en alto grado con la problemática específicamente filosófica, en particular con el problema de la relación entre el sujeto y el objeto. La filosofía facilita el desarrollo de la autoconciencia del hombre, la comprensión del lugar y del papel de los descubrimientos científicos en el sistema del progreso general de la cultura humana; con esto, proporciona una medida para valorar dichos descubrimientos y enlazar los eslabones sueltos del conocimiento en la unidad de la concepción del mundo. A las teorías burguesas contemporáneas les son inherentes tendencias antifilosóficas.
Dichas tendencias caracterizan, sobre todo, al neopositivismo, el cual declara que los problemas de la filosofía son seudoproblemas, pretende substituir el análisis filosófico del desarrollo de los conocimientos y de la práctica actuales por el análisis del «lenguaje de la ciencia», es decir, por el análisis lingüístico-semántico «de las formas externas del pensar», del idioma, de los sistemas de signos con que se expresa el pensamiento, &c. De este modo, la filosofía, en el fondo, se liquida como ciencia. De ahí que el único camino que queda para que la filosofía se desarrolle como ciencia es el del materialismo dialéctico continuador de las mejores tradiciones de la filosofía universal.

Filosofía analítica

Amplía corriente, bastante heterogénea, de la filosofía burguesa moderna; une distintos grupos, direcciones y filósofos que ven en el análisis del lenguaje el objetivo de la filosofía. Actualmente, la filosofía analítica se cultiva sobre todo en los Estados Unidos e Inglaterra; cuenta, asimismo ciertos partidarios y grupos en los países escandinavos, Finlandia, Australia, &c. En los Estados Unidos, esta corriente se halla representada por los filósofos del empirismo lógico y el neopragmatismo (Williard van Quine, N. Goodman, M. White). Existen, asimismo, varios analíticos americanos independientes, que no pertenecen a ninguna dirección determinada (Rog Wood Sellars y otros).
 En Inglaterra, la forma dominante de la filosofía analítica es la filosofía lingüística. Mantienen una posición próxima al empirismo lógico Ayer y Karl Popper. Todas esas tendencias de la filosofía analítica aparecen como variedades del neopositivismo. Caracteriza a la mayor parte de quienes la cultivan el trasladar el centro de gravedad, en la investigación, de los problemas gnoseológicos generales a las formas y a los recursos concretos del análisis del lenguaje. En este terreno pueden señalarse dos maneras fundamentales de enfocar las cuestiones:
1) se construyen lenguas artificiales «modélicas» de estructura lógica fijada con precisión (empirismo lógico, neopragmatistas, varios analíticos «independientes»). Tales investigaciones se basan en la lógica y en la semántica lógica;
2) Se investigan las lenguas naturales históricamente dadas (filosofía lingüística). En gran medida, los trabajos de los representantes modernos de la filosofía analítica dedicados al análisis del lenguaje pierden el carácter de investigaciones filosóficas o gnoseológicas en el sentido estricto de la palabra y se convierten en investigaciones concretas sobre lógica, acerca de problemas específicamente metodológicos o de lingüística, las cuales poseen, sin duda alguna, contenido científico. En cuanto a los problemas filosóficos generales, la filosofía analítica en realidad se aparta de ellos o bien les da una solución idealista equivocada.

Filosofía antigua

Nombre dado al conjunto de doctrinas filosóficas desarrolladas en la antigua sociedad griega esclavista desde fines del siglo VII a. n. e. y en la antigua sociedad esclavista romana a partir del siglo II a. n. e. hasta principios del siglo VI d. n. e. La filosofía antigua constituye un fenómeno peculiar, pero no aislado en el desarrollo de la conciencia filosófica de la humanidad. Se formó sobre la base de los rudimentos de astronomía, matemática, física, &c., que llegaron a las ciudades griegas desde el Oriente; como resultado de la elaboración de la mitología antigua en arte y poesía, y también a consecuencia de la liberación del pensamiento filosófico en lo que respecta a las representaciones mitológicas sobre el mundo y el hombre, representaciones que habían mantenido prisionero a dicho pensamiento. Ya en el siglo V a. n. e. surgieron sistemas filosóficos y cosmológicos en los cuales el mito se presenta no tanto como idea fundamental cuanto como recurso expresivo para formular el pensamiento. En el siglo VI a. n. e., e incluso en el V, la filosofía y el conocimiento de la naturaleza aún no había delimitado sus esferas. Como faltaban recursos de comprobación [178] experimental: el número de hipótesis ideadas era grande. Para la filosofía, tal multiplicidad de hipótesis significaba diversidad de tipos de explicación filosófica del mundo. Esta diversidad y el nivel de la elaboración, convirtieron la filosofía antigua en escuela del pensamiento filosófico para los tiempos posteriores.
«...En las múltiples formas de la filosofía griega –escribió Engels– se contienen ya en germen, en génesis, casi todas las concepciones posteriores» (t. XX, pág. 369 - «Anti-Dühring» E.P.U., 1961, pág. 405). El punto de partida de la filosofía antigua fue el materialismo filosófico. Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito, pese a todas las diferencias existentes entre ellos, suponían que todas las cosas proceden de un principio único y, además material. No obstante, sobre esta base ingenuamente materialista, se perfilaron pronto ciertas concepciones que condujeron más tarde al nacimiento del idealismo.
 Los brotes de escisión entre las corrientes materialistas y las idealistas se dieron ya en los pensadores griegos más antiguos. En la segunda mitad del siglo V y en la primera del IV antes de nuestra era, se convirtieron en la oposición entre materialismo e idealismo. Con no menor claridad se presenta en la filosofía antigua la oposición entre el método dialéctico y el método metafísico del pensar. En esencia, muchos de los primeros filósofos griegos eran dialécticos, concebían la naturaleza como un todo y, por consiguiente, la veían en la interacción y concatenación de sus fenómenos. Durante el desarrollo de la filosofía antigua, que pasó de los mil años, el materialismo y el idealismo, la dialéctica y la metafísica constituidos en la antigua filosofía griega, experimentaron una compleja evolución que reflejaba, en última instancia, la dialéctica del desarrollo de la sociedad antigua.
Fueron materialistas, en la filosofía antigua, Empédocles, Anaxágoras, Leucipo, y Demócrito. En las enseñanzas de Sócrates y, sobre todo, de Platón se formó la doctrina del idealismo filosófico, que se contrapuso en primer lugar al materialismo de los atomistas. Desde entonces, en la filosofía antigua se dibujan netamente dos líneas principales de desarrollo, en pugna: el materialismo y el idealismo (o bien, por decirlo con palabras de Lenin, la «línea de Demócrito» y la «línea de Platón»). Oscilando entre el materialismo y el idealismo, Aristóteles expuso también sus ideas en polémica con las doctrinas anteriores y contemporáneas a su tiempo. Resulta singularmente enérgica e ingeniosa la crítica aristotélica de la teoría de las «ideas» capital en el idealismo de Platón.
En la época del helenismo, como reflejo de la crisis inicial de la polis en el sistema de esclavitud, la lucha de escuelas de la filosofía antigua vuelve a acentuarse. En aquel entonces se hizo particularmente intensa la pugna entre la escuela materialista epicúrea y la escuela estoica, en cuyas doctrinas, materialistas en el fondo, habían penetrado ampliamente elementos de idealismo. Se sitúan en primer lugar, entre los problemas filosóficos, los que conciernen a la ética, aunque basados en la concepción de la naturaleza y en la doctrina concerniente al saber y al pensar. Las escuelas filosóficas se convierten en comunidades cerradas de personas unidas por su indiferencia respecto a los acontecimientos exteriores y por un acentuado interés por las cuestiones éticas y la educación.
Al mismo tiempo, cambia la relación entre la filosofía y las ciencias especiales, aparece un nuevo tipo de hombre culto y un nuevo tipo de literatura docta, especializada, al alcance sólo de los iniciados. En la época del Imperio Romano, período en que se agudiza la crisis de la sociedad esclavista, cobra mayores vuelos la búsqueda religiosa de la abnegación y de la resignación. De este a oeste penetra y se difunde una ola de cultos, doctrinas y misterios religiosos. La propia filosofía se vuelve religiosa y, en algunas escuelas, incluso mística. Tal ocurre con el neoplatonismo y el neopitagorismo. El primero influyó sobre el desarrollo de las doctrinas filosóficas del cristianismo. En el año 529, el emperador Justiniano decretó el cierre de las escuelas filosóficas de Atenas. Pero antes ya de este decreto e independientemente de él, el ciclo fundamental de las ideas de la filosofía antigua había llegado ya al término de su desarrollo.

Filosofía china

Posee una larga tradición histórica. Sus fuentes se remontan a los comienzos del primer milenio a. n. e. Ya en los siglos VIII-V a. n. e., había alcanzado amplia difusión la doctrina sobre las cinco «fuerzas ciegas o primeros elementos, de la naturaleza. Los pensadores de la antigua China enseñaban que las conexiones de los cinco «primeros fundamentos»: agua, fuego, metal, madera y tierra crean toda la diversidad de los fenómenos y cosas. Existía también otro sistema de clasificación de los «primeros fundamentos» del mundo real.
 En el «Libro de las transmutaciones» «Itszin») ya se citan [179] ocho «primeros fundamentos» de esa clase, cuya interacción da origen a las distintas situaciones de la realidad. No obstante, dicho libro no deja de ser, en el fondo, un texto de vaticinios. Sólo algo más tarde recibió interpretación filosófica. Las imágenes y el simbolismo del «Libro de las transmutaciones» ejercieron una extraordinaria influencia sobre el desarrollo ulterior de la filosofía china. Al mismo tiempo, se iban elaborando los principios capitales de la doctrina acerca de las fuerzas opuestas y recíprocamente ligadas, el yan y el yin, cuya acción era considerada como la causa del movimiento y de la variabilidad en la naturaleza. Eran los símbolos de la luz y de las tinieblas, los principios de lo positivo y de lo negativo, de lo masculino y de lo femenino en la naturaleza.
 La antigua filosofía china sigue desarrollándose en el período que abarca los s. V-III a. n. e. Precisamente durante ese período surgieron las principales escuelas filosóficas. Testimoniaron un profundísimo interés por las cuestiones filosóficas los partidarios del taoísmo, ante todo Lao-tse y Chuang-tse; de las investigaciones gnoseológicas se ocuparon sobre todo Mo Ti (Mo-tsé) y sus discípulos. Muchos pensadores de la antigua China se interesaron por la solución del problema lógico acerca de la relación entre el concepto («el nombre») y la realidad. Mo Ti, Siun-tsé y otros consideraban que los conceptos son un reflejo de los fenómenos y cosas objetivos. Da una explicación idealista del problema, Hunsun Lun, quien alcanzó notoriedad por sus exposiciones que recuerdan las aporías de Zenón, así como por entender con un criterio en extremo absoluto el concepto y separarlo de la realidad. Su doctrina sobre los «nombres» tiene mucho de común con la doctrina de las «ideas» de Platón.
 En el período indicado, Tsou Yan investigó las representaciones sobre las fuerzas yan y yin y los cinco «elementos» de la naturaleza. Alcanzaron amplia resonancia las doctrinas ético-políticas de Confucio y de Mencio (Men-tsé), las ideas de Han Fei-tsé y de otros representantes de la escuela de los «legistas» (fa kia) sobre el Estado y el derecho. Aquel fue el «siglo de oro» de la antigua filosofía china. En las cuestiones de filosofía natural, la lucha giró sobre todo alrededor de las representaciones sobre el «tian» –«cielo»–, que unos pensadores determinan como naturaleza (Siun-tsé) y para otros es una designación de una fuerza superior, rectora (Confucio, Mencio); sobre el «tao», «camino» (ley natural y absoluta), el «de», manifestaciones, cualidades; sobre el tsi, materia primera, «elementos» de la naturaleza, &c. En el campo de la ética y de la moral, se centró la atención en la teoría sobre la esencia del hombre. Las ideas de Confucio llevaron a las concepciones de Mencio sobre la bondad innata de la naturaleza humana y a las de Siun-tsé sobre la maldad innata de la misma. Gozaron de gran predicamento las teorías del individualismo, de Yan Chu, y del altruismo, de Mo-tse.
 Las concepciones de la filosofía de la naturaleza formuladas por los antiguos pensadores chinos se distinguen por la insuficiencia del material empírico aprovechado. Entre el siglo III a. n. e. y el III d. n. e., las numerosas teorías sobre la filosofía de la naturaleza y cosmológicas siguen basándose en la doctrina de las cinco «fuerzas ciegas» o elementos primarios y las fuerzas polares yan y yin. Las concepciones del tsi recibieron una interpretación materialista en el sistema, seriamente argumentado, de Van Chun. Al mismo tiempo se desarrollan distintas teorías místicas, se van perfilando corrientes religiosas en el taoísmo y en el confucianismo. En los primeros siglos d. n. e., el problema central de la lucha entre materialismo e idealismo pasa a ser el de la correlación entre el «ser» y el «no ser».
En dicho período, como resultado de las influencias recíprocas, –y de la síntesis–, de las concepciones taoístas y confucianistas, se desarrollan las representaciones acerca de lo «inicial» (yuan), de la primera materia (tsi), del «tao» y otros fundamentos del ser. En el siglo I, en China empieza a penetrar y a difundirse el budismo, el cual, junto al confucianismo, y al taoísmo, se convierte en una de las tendencias dominantes del pensamiento chino. Los siglos V-VI transcurren bajo el signo del predominio del misticismo budista. En ese período, se sostuvo una lucha en torno a la doctrina budista sobre la irrealidad del mundo. Muchos pensadores manifestaron hondo interés por los problemas relativos a la correlación entre esencia y fenómeno, ser y no ser, cuerpo y alma. Los materialistas Je Chen-tian y Fan Chen sometieron a una crítica demoledora la creencia en la inmortalidad del alma.
El budismo queda como la doctrina más difundida en los siglos VII-X. Los ataques al idealismo budista partían fundamentalmente del confucianismo y del taoísmo. Como resultado de hondos progresos económicos y sociales, en el período de los siglos X-XIII se produce un florecimiento de la filosofía china. El ulterior desarrollo de la doctrina confucianista, denominada neoconfucianismo, constituyó una reacción contra el budismo y el taoísmo.
El neoconfucianismo no se limitaba ya a exponer ideas ético-políticas. En él figuran con mucha mayor amplitud y riqueza las cuestiones de ontología, de filosofía natural y de cosmogonía. El problema central era el de la relación entre el principio ideal li (ley, principio) y el principio material tsi (materia primera). Los primeros representantes del neoconfucianismo examinaban algunas cuestiones con un criterio materialista (Chou Tun-I, Chan Tsai). En el desarrollo y generalización de las ideas neoconfucianistas, corresponde un preeminente lugar a Chu Si. Respondiendo a la pregunta de qué conexiones se dan entre el li y el tsi, Chu Si sostenía, en última instancia, que el li es el elemento primario, y el tsi, el secundario. Cultivaron el idealismo subjetivo en el neoconfucianismo Lu Tsiu-yuan (Lu Sianshan) y, ante todo, Van Shou-zhen (Van Yan-min). Al primero de ellos pertenece la frase: «El mundo es mi intelecto (corazón), mi intelecto es el mundo."" Al idealismo neoconfucianista se contraponían las doctrinas materialistas de Chen Lian, E. Shi, Lo Tsin-shun, Van Tinsian. En la lucha contra la escuela ortodoxa del neoconfucianismo desempeñó un gran papel la doctrina del pensador progresivo Li Chi.
En los siglos XVII-XVIII sigue estudiándose el problema de la correlación entre el li y el tsi; lo resuelven en un sentido materialista Van Fu-Shi (Van Chuan-Shan) y Tai Zhen. La guerra del opio, en 1840, señaló el comienzo de la penetración extranjera en China. Al yugo feudal y a la agresión extranjera, el pueblo chino respondió con una poderosa sublevación campesina el movimiento «Tai-ping» en cuyo transcurso desempeñaron cierto papel ideas utópicas sobre la reestructuración de la sociedad. Posteriormente, cuando China quedó convertida en un país semicolonial, los pensadores progresivos (Tan Si-tun, Sun Yat-sen y otros) recogieron y continuaron las mejores tradiciones y las ideas materialistas de la filosofía china.
 Desde que, bajo la influencia de la Gran Revolución Socialista de Octubre, se produce el movimiento del 4 de mayo de 1919, se inicia una nueva etapa en el desarrollo, del pensamiento político social y filosófico de China. El marxismo-leninismo se convierte en el arma ideológica principal en la lucha por la independencia nacional y las transformaciones revolucionarias del país, y la clase obrera, encabezada por el Partido Comunista de China pasa a ser la fuerza social dirigente.

Filosofía de la historia

Así se denominaba, en la filosofía anterior a Marx, la esfera del saber que se ocupaba de los problemas relativos al sentido de la historia, a sus leyes, a la dirección fundamental del desarrollo de la humanidad. Desde el punto de vista histórico, la filosofía de la historia arranca de la Antigüedad grecorromana. En la Época Moderna, la cultivaron los pensadores de la Ilustración del siglo XVIII (Voltaire, Herder, Condorcet, Montesquieu). Los hombres de la Ilustración al combatir la teologización de la historia, teologización iniciada por San Agustín, introdujeron en la filosofía de la historia la idea de causalidad, elaboraron la teoría del progreso, expusieron la idea de que el proceso histórico constituía una unidad, explicaron que el medio geográfico y social influía sobre el hombre.
 En el desarrollo de la filosofía burguesa de la historia alcanzó una etapa superior la filosofía de Hegel quien concebía la historia como un proceso único, sujeto a ley, internamente necesario de autodesarrollo del espíritu, de la idea. Marx y Engels superaron la limitación de la filosofía de la historia, que se manifestaba en el carácter especulativo, apriorístico e idealista, de dicha filosofía. El descubrimiento del materialismo histórico, sirvió de base para crear una historia auténticamente científica. En la actual filosofía burguesa de la historia, las concepciones que gozan de mayor influencia son las de Toynbee y de Spengler. La mayor parte de los sociólogos e historiógrafos burgueses renuncian a la generalización filosófica de la historia, hecho que refleja el miedo de la burguesía ante las leyes históricas objetivas, que conducen al capitalismo a su fin. Ven la historia como una sucesión caótica de casualidades y rechazan los conceptos de causalidad, de sujeción a ley de progreso.

Filosofía de la identidad

Concepción filosófica que resuelve el problema de la correlación entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza, partiendo del reconocimiento de su identidad absoluta. Su principio básico se halla diametralmente opuesto al de los sistemas dualistas (Dualismo). La filosofa de la identidad, como concepción filosófica determinada está unida [181] al nombre de Schelling, quien, intentando superar el dualismo de los sistemas de Kant y de Fichte, presentó un nuevo principio inicial de la filosofía monista: el de la identidad absoluta entre lo subjetivo y lo objetivo, entre lo ideal y lo real.
El principio de la identidad del pensar y del ser figura, asimismo, en la base del sistema hegeliano, mas Hegel desarrolla este principio de otra manera, pues concebía la identidad misma dialécticamente: no como algo absoluto e inmóvil, como una unidad indeterminada que se opone indiferentemente a la multiplicidad del ser, sino como la idea lógica que se desarrolla por sí misma y cuya determinación y diferenciación se encuentran en ella misma como su forma inmanente infinita.
La particularidad específica de la filosofía de la identidad y la que la diferencia de otras concepciones idealistas objetivas no estriba en el reconocimiento de la identidad entre el pensar y el ser, sino en la concepción metafísica de dicha identidad. La filosofía de la identidad, que representa uno de los intentos de resolver el problema básico de la filosofía, suprime el problema disolviendo las diferencias entre espíritu y naturaleza, entre el pensar y el ser, en el seno de la substancia absoluta e inmóvil. En la historia de la filosofía, Parménides y Spinoza expusieron concepciones próximas a la filosofía schellingiana de la identidad. En nuestros días, algunas escuelas del neotomismo propagan las ideas de la identidad metafísica entre el pensar y el ser. La filosofía monista auténticamente científica es la filosofía marxista, que funda su monismo partiendo de las ideas de unidad material y desarrollo del mundo.

Filosofía de la vida

Corriente idealista subjetiva de la filosofía burguesa; surgió en Alemania y Francia en la linde del siglo pasado y del actual. Su principal antecesor ideológico fue Schopenhauer. El nacimiento de dicha filosofía se debió, en cierto modo, al rápido avance de la biología, de la psicología y de otras ciencias que descubrían la inconsistencia de la imagen mecanicista del mundo. La filosofía de la vida representó un intento de superar, desde posiciones idealistas, el carácter limitado del materialismo mecanicista. Su aparición señaló la crisis de la filosofía burguesa, su renuncia a la ciencia, el paso al irracionalismo y al nihilismo. Por su contenido objetivo, la filosofía de la vida constituyó una interpretación errónea, idealista, de la peculiaridad del proceso histórico-social. Se apoyaba en el concepto de la vida como principio absoluto e infinito del mundo, principio que, a diferencia de la materia y de la conciencia, se mueve de manera activa, diversa y eterna.
No es posible comprender la vida gracias a los sentidos o al pensar lógico, sólo se llega a conocer intuitivamente, sólo es accesible a la vivencia (sobre todo a la religiosa). Dentro de la filosofía de la vida, cabe distinguir dos grupos principales: uno de ellos (Bergson) concebía la vida en un sentido biológico y hacía extensivas las propiedades biológicas a toda la realidad; el otro grupo (Nietzsche, Dilthey, Simmel) concebía la vida como voluntad, como vivencia interna, como juego irracional de las fuerzas espirituales. Las ideas centrales de la filosofía de la vida han servido de fuente ideológica al existencialismo.
Volumenes

Filosofía del lenguaje

(conocida también bajo el nombre de «análisis lógico», «análisis lingüístico», «filosofía del lenguaje corriente»). Una de las direcciones de la filosofía analítica. Se halla difundida sobre todo en Inglaterra (Gilbert Ryle, J. Austin, J. Wisdom, y otros). En los Estados Unidos, mantienen opiniones próximas a la filosofía lingüística M. Black, P. Malcolm y otros. La fuente ideológica de esta corriente ha sido la «filosofía del sentido común», de Moore y las ideas del Wittgenstein tardío. Lo mismo que otras escuelas del neopositivismo, la filosofía lingüística niega que la filosofía sea una concepción del mundo y tiene por seudoproblemas los problemas filosóficos tradicionales, como si surgieran por la incomprensión de la naturaleza real del lenguaje, en virtud del influjo desorientador de este último sobre el pensamiento. La filosofía en cambio, ha de aclarar las dificultades que se presentan a consecuencia del empleo equivocado de palabras y proposiciones.
 Como subrayan los representantes del grupo de Cambridge de la filosofía del lenguaje, la filosofía está llamada a desempeñar una función «terapéutica» a curar los achaques de nuestro lenguaje. En su afán de «superar la metafísica», los partidarios de la filosofía del lenguaje no sólo desechan la «metafísica ontológica» de la filosofía tradicional, sino que, además, negando toda posibilidad de que exista una concepción filosófica sin fisuras, niegan asimismo la «metafísica» gnoseológica del positivismo lógico con su principio de lo «dado [182] directamente», con el principio de verificación y otros. Ahora bien, es, precisamente la renuncia al carácter ideológico de la filosofía lo que hace de la filosofía del lenguaje la forma extrema y más reaccionaria del positivismo. Los partidarios de la filosofía del lenguaje, ante todo los del grupo de Oxford, considerando que el objetivo único de la filosofía es el análisis del lenguaje, no hacen objeto de su atención –a diferencia de los positivistas lógicos– los modelos artificiales de lenguaje, sino la lengua coloquial. Parten, para ello, de un principio verdadero, a saber: que no es posible expresar de manera exhaustiva la riqueza de los lenguajes hablados naturales, en los esquemas de algún «lenguaje ideal». 
No obstante, al renunciar al análisis de toda la problemática gnoseológica (relación entre el lenguaje y el pensar, lazos de lenguaje con los procesos de la actividad cognoscitiva para formar las imágenes mentales, génesis de las formas de lenguaje, &c.) cuyo contexto es el único en que pueden ser estudiados con éxito los fenómenos del lenguaje, la filosofía del lenguaje condena las investigaciones a una descripción superficial de los tipos distintos del uso de las expresiones en el lenguaje, cierra el camino al estudio de una auténtica elucidación de la esencia de aquél y llega, en última instancia, al convencionalismo en su manera de interpretarlo. Según la filosofía lingüística, el lenguaje es un medio para construir el mundo, no para representarlo; se transforma en algo místico, en una fuerza que se justifica por sí misma. La justa crítica de los intentos llevados a cabo para reconstruir de manera íntegra el lenguaje en el esquema de un «lenguaje ideal» está acompañada también, en la filosofía del lenguaje, de la renuncia a la investigación del lenguaje en general a partir de la base de alguna totalidad en la plataforma teórica. 
Resulta, pues, que al eludir la resolución de los problemas filosóficos básicos, la filosofía del lenguaje fracasa también en la esfera a que reduce, ilegítimamente, la investigación filosófica.

Filosofía especulativa

1. Sistema de principios filosóficos estructurado sin recurrir a la experiencia. 
El filósofo especulativo, partiendo de la «fuerza pura de la inteligencia», establece determinados principios con los cuales intenta abarcar toda la realidad objetiva. No obstante, ni un solo sistema especulativo ha resistido la prueba del tiempo, ya que la realidad, en última instancia, ha resultado ser inconmensurablemente más rica que cualquier variedad de la filosofía especulativa. Si ésta contiene algunas conclusiones acertadas, se debe tan sólo a que presenta como definiciones especulativas suyas, propiedades de la realidad misma. El primer filósofo especulativo consecuente fue Descartes. En la actualidad, emplean en gran escala el método especulativo los escolásticos (Neotomismo).

2. Sistemas filosóficos de Fichte, Schelling y, ante todo, de Hegel, inferidos de un principio, mediante el método deductivo dialéctico.
 Según Hegel, el examen especulativo es sinónimo de análisis dialéctico. Los resultados obtenidos por esta corriente de la filosofía especulativa se explican por el hecho de que la investigación de la dialéctica de las ideas permitía conjeturar algunos aspectos de la realidad misma. No obstante, la tendencia a explicar mediante las especulaciones, costara lo que costara, la realidad entera, condujo a los representantes de dicha filosofía especulativa a la subordinación servil al objeto, de modo que se veían obligados a construir como absolutamente necesarias y universales las determinaciones más casuales e individuales del objeto. 3. 
En el amplio sentido de la palabra, por pensamiento especulativo se entiende el pensamiento teórico.



IdiomaRuso
SujetoGeneral
GéneroReferencia enciclopedia
EditorСоветская Энциклопедия
Fecha de publicación
1926-1981 (versión impresa)
Tipo de medio30 volúmenes (tapa dura) en 1981
OCLC14476314