viernes, 3 de abril de 2015

Vida Nuova de Dante Alighieri

Introducción 

La Vita nuova (Vida nueva) es la primera obra conocida de Dante Alighieri, escrita entre 1292 y 1293, poco después de la muerte de su amada Beatriz. Consta de 42 capítulos en los que se alterna poesía y prosa. El sentido del título viene dado por la renovación vital que experimenta el poeta al enamorarse de su amada.

Temática


La parte en prosa sirve como explicación de los sonetos, escritos según los cánones del dolce stil nuovo, y escogidos entre los que Dante había compuesto desde 1283, en honor de diversas mujeres y de la propia Beatriz. Destacan algunos, como Donne ch'avete intelletto d'amore (capítulo V), o Tanto gentile e tanto onesta pare (capítulo XXVI). Las explicaciones en prosa se escribieron después, con el objeto de dar un marco narrativo a los poemas.
El tema de la obra es el amor platónico de Dante por su amada Beatriz. La palabra "beatriz" (latín beatrix) significa "beatificadora" o "dadora de bienaventuranza". Unas veces se escribe en la obra con mayúsculas y otra con minúsculas. Es significativo que al comienzo de la obra, hablando de Beatriz, se dice que "la quale fu chiamata da molti Beatrice lí quali non sapevano che sì chiamare" ("la cual fue llamada Beatriz por muchos que no sabían que así se llamaba").
El primero en identificar a Beatriz con una mujer real, Beatrice Portinari, fue Boccaccio, en su Trattatello in laude di Dante.

La exaltación de la mujer que ofrece Dante en esta obra va más allá de lo característico del amor cortés: Beatriz está por encima de las pasiones humanas, y pertenece a la esfera de lo celeste ("donna angelicata", o "mujer angelical"). Esta concepción de la mujer ya estaba presente en la obra de otro destacado stilnovista, Guido Guinicelli, cuya influencia en esta obra de Dante es muy grande.

Argumento

Dante encuentra por primera vez a Beatriz a los nueve años y se enamora de ella en el acto. Vuelve a encontrarla nueve años después, a los dieciocho de edad, y compone un soneto en honor suyo. Desde ese momento, siente por Beatriz un amor platónico, y su mayor felicidad es ser saludado por ella. Sin embargo, oculta cuidadosamente el amor que tiene por Beatriz cortejando abiertamente a otra dama. Llegado esto a oídos de Beatriz, ella le niega el saludo. Se le aparece el Amor, y en su discurso, que el poeta no comprende, se profetiza la muerte de Beatriz. Dante toma como objetivo de su vida expresar a través de la poesía su amor por Beatriz. Muere el padre de Beatriz y, poco después, Dante cae gravemente enfermo.

 Durante su enfermedad tiene una pesadilla que es un presagio de la muerte de Beatriz. Tras la muerte de Beatriz, que se relaciona con el número 9, Dante se cree enamorado de otra dama, pero vence esta falsa pasión, y una visión le muestra a Beatriz, vestida de rojo, en la gloria de los cielos, por lo cual el poeta decide no amar a otra mujer y consagrar su vida al recuerdo de su amada, aunque no escribirá sobre ella hasta que no sea capaz de encontrar la forma adecuada de hacerlo.

DANTE ALIGHIERI - ENCADENADO POR EL AMOR SUBLIME A BEATRIZ

El amor imposible de Dante fue la bella joven florentina Beatriz Portinari, a quien inmortalizó en su obra La Divina Comedia y en los sonetos de la Vida Nueva.
Bastaba sólo la sonrisa que ella le prodigaba al pasar para satisfacer el enorme amor de Dante.
Dante Alighieri, encadenado por el amor de Beatriz, termina por encontrar en ella el camino espiritual que lo conduce al sumo arquetipo de la mujer en Occidente.
Beatriz de Dante, es una de las mujeres más amadas e idealizadas de la literatura. Dante Alighieri y ella se conocieron desde chiquitos, ella tenía 8 años y él 9, era el año 1272.
Dante sintió en aquel instante que su corazón se rompía debido a los fuertes latidos y, con lágrimas en los ojos, vió claramente que aquella encantadora niña iba a ser el centro de su existencia. Desde ese momento, el amor se adueñó de su alma.
Beatriz era hija de Folco Portinari quien vivía cerca de la casa de los Alighieri. Los chicos se vieron en muy pocas oportunidades y nunca se dirigieron la palabra, pero Dante jamás olvidó la belleza de la pequeña niña, y marco para siempre la inspiración de sus obras.
Jamás intercambiaron palabras, pero para Dante se convirtió en su mayor inspiración. Lean:


Tan honesta parece y tan hermosa

mi casta Beatriz cuando saluda,


que la lengua temblando queda muda


y la vista mirarla apenas osa.


Ella se va benigna y humillosa


y oyéndose loar, rostro no muda


y quien la mira enajenado duda


si es visión o mujer maravillosa.


Muéstrase tan amable a quien la mira


que al alma infunde una dulzura nueva


que solo aquél que la sintió la sabe.



Saludo a Beatriz, en Vida Nueva.


La primera vez que Dante y Beatriz que se conocieron ella lucía un vestido rojo, por lo que Dante le escribió:

 "Sobre el cándido velo, orla de oliva
Dama me apareció, tras verde manto,
Vestida de color de llama viva"

Es imposible pensar la Comedia sin conocer parte de la vida de Dante y su relación mística con Beatriz. Dante nació en Florencia en 1265 y a los nueve años (1274) ve por primera vez a Beatrice Portinari. Este contacto dejó una marca imborrable en el futuro poeta. Vuelve a verla nueve años más tarde, en 1283. En el Canto XXIII de "La vida nueva" de ella dice:


Tan noble y tan honesta parece mi dama
cuando a alguien saluda, que toda lengua,
temblando enmudece, y los ojos no se
atreven a mirarla (…)



Sobrevienen, poco después, la muerte del padre de Beatriz y una enfermedad del propio Dante. Éste empieza a obsesionarse con la muerte de su amada.
Este presentimiento le provoca angustia y le lleva al delirio. Todo ello desemboca en un sueño impresionante que relata en una canción:

" Luego ví cosas muy espantosas en el vano desvarío en que entré: me parecía estar no sé en qué lugar y ver mujeres desceñidas por la calle, cuál llorando, cuál lanzando gritos que asaeteaban fuego de tristeza. Luego me pareció ver que poco a poco se enturbiaba el sol, aparecían las estrellas y lloraban, que los pájaros caían volando por el aire y que la tierra temblaba. 

Un hombre descolorido y macilento se me apareció y me dijo: ¿qué haces? ¿No sabes la noticia? Ha muerto tu dama, que era tan hermosa".


Y, efectivamente su dama había muerto, contagiada de la peste negra o bubónica, en 1290, y el fiel enamorado sólo pudo seguir de lejos el cortejo, acercándose a la tumba de la amada cuando todos se habían retirado. Dante, hundido, trocó su vida en un constante disfrute de placeres, prodigándose múltiples amantes.


Dante y Beatriz en el puente Santa Trinidad(1915) 
- VISTO POR JOHN WILLIAM WATHEROUSE 

El puente Santa Trinidad es un puente de Florencia sobre el río Arno. Es el más antiguo puente en arco elíptico del mundo. Sus arcos laterales miden 29 m, y el central 32 m. Se encuentra entre el puente Viejo al oriente, y el puente alla Carraia al occidente.

Significado de Beatriz

*.- En definitiva, Dante nos descubrió una nueva forma de amar, sin egoísmo, sin correspondencia, sin esperanza. Un amor idealizado (platónico), que le permite seguir viviendo con Beatriz como musa de su obra.

Un ejemplo extraordinario de amor sublime. "Beatriz" significa "dadora de felicidad" o "beatificadora" y en el Paraíso instruye al poeta con sus sutiles argumentos filosóficos y teológicos. En opinión de muchos críticos toda la fuerza y la belleza del grandísimo poema que es la Divina Comedia tuvo su origen en este amor espiritualizado que sintió Dante por Beatriz.

Su Beatriz era delicada, hermosa y más divina que terrena.

jueves, 2 de abril de 2015

La Divina Comedia de Dante Alighieri.(III)

PARAÍSO.


El Paraíso es la tercera de las cánticas del poema medieval intitulado La Divina Comedia, del florentino Dante Alighieri, siendo las primeras dos el Infierno y el Purgatorio. Fue escrito entre 1313 ó 1314 y 1321, fecha del fallecimiento del poeta. Mientras el Infierno y el Purgatorio son sitios terrestres, el Paraíso es un mundo inmaterial, etéreo, dividido en nueve cielos.
Los primeros siete llevan el nombre de cuerpos celestes del sistema solar, que en su orden son Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno. El último par está compuesto por las estrellas fijas y el Primer móvil.
Un gran conjunto de escenarios compone el Empíreo. La relación entre Dante y los beatos, sin embargo, es diferente de la que había sostenido con los habitantes de los otros dos reinos. De hecho, todas las almas del Paraíso, se encuentran en el Empíreo, y precisamente en la cuenca de la Cándida Rosa (o Rosa Mística) desde el cual contemplan directamente a Dios.
Sin embargo, para que su viaje por el Paraíso sea más fácil de comprender, las figuras aparecen por cielo, en una precisa correspondencia astrológica entre las cualidades de cada planeta y el tipo de experiencia espiritual realizada por el personaje descrito. De esa manera, en el cielo de Venus se encuentran los espíritus amantes, mientras que en el de Saturno los contemplativos.
Virgilio, que simboliza la Razón, ha desaparecido. En su lugar, Beatriz (Beatrice), quien representa la teología, toma el lugar de guía. De hecho, es imposible llegar a Dios tan sólo con la razón, siendo necesaria la verdad iluminada. A continuación Dante encuentra un nuevo guía, Bernardo de Claraval. Beatriz sigue acompañándolo y ruega por él en el momento de la invocación final del santo a María.
Al recorrer los tiempos del viaje a través del el Paraíso, Dante tiene presente el esquema del Itinerario de la mente en Dios de San Buenaventura, que buscaba platónicamente tres grados de aprendizaje: el Extra nos, la experiencia de los siete cielos, que corresponde al conocimiento sensible de teoría platónica; el Intra nos, o la experiencia de las estrellas fijas, correspondiente a la visión ; el Supra nos, o la experiencia del Empíreo, correspondiente al conocimiento intelectual. En esta ocasión sigue habiendo elementos de tipo escolástico-aristotélico (vida mundana, activa y contemplativa), y agustiniano (la vida activa según la Scientia, y la vida contemplativa según la Sapientia).

Introducción.

El Paraíso comienza en la cima del Monte Purgatorio, al mediodía del miércoles después de Pascua, coincidiendo narrativamente con el final del Purgatorio. Tras ascender por la atmósfera superior (Canto I), Beatriz guía a Dante a través de los cielos del Paraíso, hacia el Empíreo, que es donde Dios reside. Las nueve esferas son concéntricas, como en la clásica teoría geocéntrica de la cosmología medieval.

Durante su viaje, Dante conoce y departe con varias almas bendecidas. Al respecto, es muy explícito al señalar que todas viven en estado de beatitud, en el Empíreo, por lo que no debe pensar que las encontradas en los cielos se encuentren efectivamente en un lugar distinto de las de los mayores santos. A diferencia de lo que sucede en los otros reinos, la disposición en capas se debe en el Paraíso a la propiedad de sentir más o menos a Dios de las almas que lo habitan:

"(...) del primer cielo son el ornamento,
y gozan más o menos dulce vida
según sienten allí el eterno alimento."

Sin embargo, como elemento didáctico respecto al entendimiento de Dante (y por ende de sus lectores) los personajes de los cielos y su disposición son "como una señal" para mostrar las diferentes almas en distintas esferas según varios criterios de distribución. La escolástica asiste al autor en esta y otras explicaciones similares, que son frecuentes en la cántica.
Mientras las estructuras del Infierno y del Purgatorio se basan en las diferentes características del pecado, la estructura del Paraíso se basa en las cuatro virtudes cardinales (Prudencia, Justicia, Templanza, y Coraje) y las tres virtudes teologales (Fe, Esperanza, y Caridad).

Las esferas del cielo.

Las nueve esferas del Cielo son Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, las Estrellas fijas, y el Primer móvil. Esos astros están organizados según la jerarquía de los ángeles. Dante también evoca otras asociaciones, como la existente entre Venus y el amor romántico.
Las primeras tres esferas (que se encuentran bajo la influencia de la Tierra) están asociadas a formas deficientes de Coraje, Justicia, y Templanza. Las otras cuatro se vinculan a ejemplos positivos de Prudencia, Coraje, Justicia, y Templanza; por su parte, la Fe, la Esperanza y la Caridad se concentran en la octava esfera.

Primera esfera (la Luna, los inconstantes) 

En su visita a la Luna, Beatriz explica a Dante el por qué de las marcas en su superficie, describiendo un sencillo experimento de óptica. También expresa su estima por el método experimental en general (Canto II):
"Mas de esta instancia puede liberarte
la experiencia, cuando es realizada,
que es fuente del arroyo de vuestro arte."

Las fases de la Luna se asocian con la inconstancia. Su esfera es por ende la de las almas que abandonaron los votos monásticos, y por ende presentaron deficiencias en su virtud de coraje (Canto II). En esta los protagonistas conocen a Piccarda Donati, la hermana de Forese Donati, amigo de Dante, quien murió poco después de ser obligada a abandonar contra su voluntad el monasterio. También conocen a Constanza I de Sicilia, quien (según Dante) fue arrancada por la fuerza de un monasterio para que contraer nupcias con Enrique VI (canto III).
Beatriz habla sobre la libertad de la voluntad, el carácter sacro de los votos, y la importancia de resistir a las presiones (Canto IV):

"que el ánimo no cede si se esfuerza,
y hace cual con el el fuego hace natura,
aunque violencia mil veces lo tuerza.

Pues, ya se pliegue mucho o con mesura,
cede a la fuerza; y esto hicieron, pero
podían haber vuelto a la clausura."

Beatriz explica que un voto es un pacto firmado entre el hombre y Dios en el cual una persona ofrece su libertad a Dios. Estas decisiones no deben tomarse a la ligera, y deben mantenerse una vez realizados, a menos que mantenerlo acaree un mal demasiado grande, como el sacrificio de la hijas de Jefté y de Agamenón (Canto V).

Segunda esfera (Mercurio, los ambiciosos) 

Debido a su proximidad al sol, el planeta Mercurio suele ser difícil de ver. Desde un punto de vista alegórico, el planeta representa a quienes hicieron el bien por el deseo de adquirir fama, pero quienes debido a su ambición fallaron en la virtud de la justicia. Su gloria terrenal palidece en junto a la de Dios, del mismo modo que el planeta Mercurio es casi insignificante junto al Sol.
Dante conoce en esta esfera el emperador Justiniano, quien se presenta con las siguientes palabras: "Cesar fui y soy Justiniano," indicando que su personalidad permanece, pero que su cargo terrenal ya no tiene validez11 (Canto V). Justiniano cuenta la historia del Imperio romano, mencionando entre otros a Julio César y Cleopatra; y lamenta la situación actual de Italia, debido al conflicto entre güelfos y gibelinos que así describe en el Canto VI:
"Uno al público signo los lirios áureos
opone, el otro lo usurpa en pro de su parte,
y duro es saber quién es el que más falta.

Obren los gibelinos, obren su arte
bajo otro signo; que mal lo sigue
siempre quien de la justicia lo aparta"
Por asociación, Beatriz habla sobre la Encarnación y la Crucifixión de Jesús, que sucedió en tiempos del Imperio romano (canto VII).

Tercera esfera (Venus, los amantes)

Al planeta Venus (el lucero de la mañana y de la tarde) tradicionalmente se lo asocia con la diosa del amor, por lo que el autor lo convierte en la esfera de los amantes, quienes fallaron en la virtud de la templanza (Canto VIII):
"Solía creer el mundo en su peligro
que la bella Chipriota loco amor
irradiase, girando en su tercer epiciclo;

(...) y de ella de la cual principio tomo
tomaban el nombre de la estrella
que ya de nuca el Sol admira, ya de cejas."

Dante encuentra a Carlos Martel de Anjou-Sicilia, a quien ya conocía,14 y quien expresa que para funcionar correctamente cualquier sociedad necesita gente de diferentes tipos. Esas diferencias se ilustran con Cunizza da Romano (amante de Sordello), quien se encuentra en el Cielo, mientras que su hermano Ezzelino III da Romano en el Infierno, entre los violentos del séptimo círculo.
El trobador Fulco de Marsella habla de la tentación del amor, y recuerda (como se creía en ese entonces) que el cono de la sombra de la Tierra toca la esfera de Venus. Condena la ciudad de Florencia (planeada según él por Satán) por producir la "flor maldita" (el florín) responsable de la corrupción eclesiástica, y critica la clerecía por dedicarse al dinero, en vez de consagrarse a las Escrituras y en los textos de los Padres de la Iglesia (Canto IX):

Fulco de Marsella lamenta la corrupción de la Iglesia, con la clerecía recibiendo dinero de Satán (miniatura de Giovanni di Paolo), Canto

"Tu ciudad, que de aquel es planta
que primero volvió la espalda a su hacedor
y cuya es la envidia tan llorada,

produce y expande la maldita flor
que ha desviado a ovejas y a borregos,
porque ha hecho un lobo del pastor.

Por ello el Evangelio y los doctores magnos
son desechados, y sólo las Decretales
se estudian, que así se ve por los márgenes. (...)"

Cuarta esfera (el Sol, los sabios) 

Más allá de la sombra de la Tierra, Dante encuentra ejemplos positivos de Prudencia, Justicia, Templanza, y Coraje. En el Sol, que es la fuente de luz de la Tierra, Dante encuentra los máximos ejemplos de prudencia: las almas de los sabios, quienes ayudaron a iluminar el mundo intelectualmente (Canto X).
Al principio un círculo de doce luces brillantes baila alrededor de Dante y Beatriz. Se trata de las almas de Tomás de Aquino, Alberto Magno, Graciano, Pedro Lombardo, el rey Salomón, Dionisio Areopagita, confundido con Pseudo Dionisio, Paulo Orosio, Boecio, Isidoro de Sevilla, Bede, Ricardo de San Víctor y Siger de Brabant. Tomás de Aquino cuenta la vida de San Francisco de Asís en el Canto XI.
En una segunda etapa doce nuevas luces aparecen, una de las cuales es San Buenaventura, un franciscano, que cuenta la vida de santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden a la que Santo Tomás pertenece. Como las dos órdenes no siempre fueron amigas en el mundo terreno, tener miembros de una homenajeando al fundador de la otra muestra que el amor reina en el cielo (Canto XII).
 Las veinticuatro luces giran en torno a Dante y Beatriz, cantando la Trinidad. Santo Tomás explica la sorprendente presencia de Salomón, quien se encuentra en el lugar por sabiduría real, más que filosófica o matemática (Cantos XIII y XIV):


Dante y Beatriz encuentran dos grupos compuestos por doce sabios cada uno en la esfera del Sol (miniatura de Giovanni di Paolo), Canto

"No he hablado de modo, que tú no puedas
darte cuenta que fue rey, y señal pidió
a fin de que rey suficiente fuera;

no por saber cuentos sean
los motores de aquí arriba, o si necesse
con contingente nunca necesse se hiciera;

no si est dare primum motum esse,
o si del medio cerco hacer se puede
un triángulo tal que recto no tuviese."

Quinta esfera (Marte: los guerreros de la Fe) 

Al planeta Marte tradicionalmente se le asocia con el dios de la guerra, por lo que Dante hace de esta esfera la de los guerreros de la fe, quienes dieron su vida por Dios, mostrando por ende la virtud del coraje. Las millones de centellas de luz que son sus almas forman una cruz griega en el planeta Marte, y el autor la compara con la Vía Láctea (Canto XIV):


Las almas en el Canto 14 forman una cruz griega, que el autor compara con la Vía Láctea.

"Como diversa de menores y mayores
luces albea tanto entre los polos del mundo
la Galaxia, que hace dudar a los sabios,

así constelados formaban en el profundo
Marte aquellos rayos el venerable signo
al unir cuadrantes en un círculo."

Aunque Dante dice que los sabios están "perplejos" por la naturaleza de la Vía Láctea, en su Convivio ya había descrito su naturaleza con bastante precisión en los siguientes términos:

"Lo que Aristóteles dijera no se puede saber con certeza, porque su sentencia no es la misma en una traducción que en otra. (...) En la Vieja dice que la Galaxia no es sino una multitud de estrellas fijas, tan pequeñas que no podemos distinguirlas desde aquí abajo, pero que de ellas aparece aquel albor, que llamamos Galaxia: y puede ser, que el cielo en aquella parte sea más denso, ya que retiene y refleja aquella luz. Y esta opinión parecen tener, con Aristóteles, Avicena y Tolomeo."

Dante conoce a su ancestro Cacciaguida, quien participó en la Segunda Cruzada, y habla en términos elogiosos de la República de Florencia del siglo XII, pero lamenta la decadencia de la ciudad de los tiempos del autor (Cantos XV y XVI). Como el tiempo de la narración de la obra sucede antes del de la escritura, en 1300, y por ende antes del exilio del autor, algunos personajes del poema pueden "predecir" un porvenir ominoso.
 De hecho, Cacciaguida responde a una pregunta de Dante sin el menor ambage, revelándole que vivirá en el exilio (Canto XVII):


Cacciaguida predice sin ambages que Dante sufrirá un amargo exilio de Florencia.

"Tú dejarás todas las cosas que amas
más entrañablemente; y este es el dardo
que el arco del exilio primero saeta.
Tú probarás cuán amargo
es el pan ajeno, y cuán dura es la calle
de subir y bajar por ajena escala."

Sin embargo, Cacciaguida también encarga a Dante escribir y contar todo lo que ha visto en los tres reinos de ultratumba.24 Dante por último encuentra varios otros guerreros de la fe, como Josué, Judas Macabeo, Carlomagno, Roldán y Godofredo de Bouillón (Canto XVIII).

Sexta esfera (Júpiter, los buenos gobernantes) 

El planeta Júpiter se suele asociar con el rey de los dioses, por lo que Dante lo escoge como la esfera en que figurarán los reyes que se caracterizaron por su justicia. Las almas deletrean la versión latina de "Justicia del amor, que juzgas", tras la cual la "M" final de la frase toma la forma de un águila imperial gigante. (Canto XVIII):

"DILIGITE IUSTITIAM, fue el primer
verbo y nombre de todo lo presentado;
QUI IUDICATIS TERRAM fue el final.
En esta esfera se encuentran David, Ezequías, Trajano (quien se convirtió al cristianismo según una leyenda medieval), Constantino I, Guillermo II de Sicilia, y Rifeo el troyano (lo cual sorprende a Dante), quien fue un pagano salvado por la merced de Dios. Las almas que forman el águila imperial hablan con una sola voz, y hablan de la justicia de Dios. (Cantos XIX and XX).

Séptima esfera (Saturno, los contemplativos)

La esfera de Saturno es la de los contemplativos, que incluye la templanza.30 Dante encuentra a Pedro Damián, y discute con él sobre el monacato, la doctrina de la predestinación, y la triste situación de la Iglesia31 (Cantos XXI and XXII). Beatriz, quien representa la teología, se hace cada vez más adorable y llena de gracia, lo cual es una señal que indica la cercanía de la percepción del observador a la de Dios:


Dante y Beatriz encuentran a Pedro Damián, quien les cuenta su vida, y les habla sobre la predestinación (miniatura de Giovanni di Paolo), Canto.

"Y ella no reía, mas: Si yo riera,
comenzó, tu te harías cual
fue Semele en cenizas hecha;

porque mi belleza, que por la escala
del eterno palacio más se enciende,
como has visto, cuanto más asciende,

si no se templara, tanto esplende,
que tu mortal poder sería, a su fulgor,
fronda que desbarata el trueno."

Octava esfera (las estrellas fijas, fe, esperanza y amor)

La esfera de las Estrellas fijas es la de la Iglesia militante.33 En este punto (de hecho desde la de géminis, bajo la cual nació el autor), Dante vuelve la vista atrás para contemplar tanto las siete esferas por las que ha pasado como la Tierra (Canto XXII):
"Con la vista retorné por todas cuantas
las siete esferas, y vi a este globo
tal, que sonreí de su apariencia villana;
y aquel consejo por mejor apruebo
que lo tiene en menos; y quien en otra cosa piensa
llamarse puede verdaderamente probo."

Dante ve asimimso a la Virgen María y otros santos (Canto XXIII). San Pedro examina a Dante sobre la fe, preguntándole qué es, y si alberga o no ese sentimiento.Tras la respuesta, San Pedro le pregunta al protagonista cómo sabe que la Biblia es verdadera, y (en un argumento atribuido a san Agustín ) Dante cita el milagro de que la iglesia haya crecido tan pronto y tan robusta a partir de orígenes tan humildes (Canto XXIV):

"Me respondieron: Di ¿quién te asegura
que existieron las obras? Aquello mismo
que quiere probarse, no otro, te lo jura.

Si el mundo volvióse al cristianismo,
dije yo, sin milagros, es que él es uno
tal, que los demás un céntimo no valen;

porque tú entraste pobre y ayuno
en el campo, a sembrar la planta buena,
que fue ya viña, y ahora se ha hecho espino."


Santiago, examinando a Dante sobre la esperanza (obra de Rembrandt), Canto
Santiago examina a Dante sobre esperanza, y Beatriz da fe de que el autor alberga ese sentimiento (Canto XXV):

"La Iglesia militante no tiene mejor hijo
con mayor esperanza, como está escrito
en el Sol que irradia a nuestro rebaño;
porque se la ha concedido que de Egipto
venga a Jerusalén para ver,
antes que su combatir le sea prescrito."

Por último, San Juan examina a Dante sobre el amor. En su respuesta, el protagonista se refiere al concepto de "amor torcido" discutido en el Purgatorio (Canto XXVI):

"Entonces comencé: todos los mordiscos
que pueden forzar al corazón que a Dios
se vuelva, a mi caridad concurren;

porque el ser del mundo y el ser mío,
la muerte que Él sostuvo para que yo viva,
y lo que todo fiel como yo espera,

con el dicho conocimiento vivo,
arrancado me han del mar del amor torcido,
y del derecho me han puesto en la orilla.

El follaje del que se enrama todo el huerto
del hortelano eterno, amo yo tanto
cuanto en ellos de bien Dios ha puesto."


Novena esfera (el Primer Móvil, los ángeles) 

El Primer Móvil es la mayor esfera del universo físico. Dios la mueve directamente, haciendo que por reacción a su vez se muevan todas las otras esferas que alberga (Canto XXVII):

"Y este cielo no tienen otro donde
que la mente divina, en la que se inflama
el amor que lo impulsa y la virtud que le llueve.

Luz y amor de un círculo que lo comprende
así como él a los otros; y aquel cinto
que lo ciñe sólo él lo entiende,

No es su movimiento de otro distinto;
más los otros son medidos por este,
como el diez por el medio y el quinto".

El Primer Móvil es la morada de los ángeles, y allí ve Dante a Dios como un intenso punto de luz rodeado de nueve anillos de ángeles (Canto XXVIII). Beatriz explica la creación del universo, y el papel de los ángeles, terminando con una severa crítica a los predicadores de entonces (Canto XXIX):


Beatriz critica a los predicadores contemporáneos del autor,sugiriendo que un "ave" siniestra (en realidad un demonio alado) anida en su cuello (miniatura de Giovanni di Paolo), Canto

"No dijo Cristo a su primer convento:
Id y predicad al mundo patrañas;
más les dio veraz fundamento;

que resonó tanto en sus bocas
que en su lucha por arder la fe,
del Evangelio hicieron escudo y lanza.

Ahora van con argucias y bufonadas
a predicar, y aunque bien la gente ría,
ínflase la capucha, y no se busca otra cosa".

El Empíreo 

Desde el Primer Móvil, Dante asciende a una región que está más allá de la existencia física, el Empíreo, que es la morada de Dios. Beatriz, que representa la teología, se hace en este lugar más bella que nunca, y Dante se ve envuelto por la luz, de modo que es capaz de ver a Dios (Canto XXX):

"Como súbito relámpago que dispersa
los espíritus visivos, tal que priva
al ojo de ver más fuertes objetos,

así me circundó una luz viva,
y dejóme cegado con tal velo
su fulgor, que nada aparecía.

Siempre el amor que aquieta este cielo
con este saludo al que llega acoge
a fin de disponer a su llama la candela."

Dante ve una rosa enorme, que simboliza el amor divino, cuyos pétalos son las almas entronizadas de los fieles (tanto los del Antiguo Testamento como los del Nuevo). Todas las almas que ha conocido en el Paraíso, incluyendo a Beatriz, tienen su morada en esta rosa.
A su alrededor hay ángeles volando como abejas, distribuyendo paz y amor. Cuando Beatriz pasa a ocupar su lugar en la rosa, Dante ya se encuentra más allá de la teología y a su vez puede contemplar directamente a Dios, y San Bernardo, en cuanto místico contemplativo, será su guía en esta última etapa (Canto XXXI).

San Bernardo continua explicando la predestinación, y reza a María a favor de Dante. Por último, el protagonista entra en contacto directo con Dios (Cantos XXXII y XXXIII), quien aparece como tres círculos idénticos que ocupan el mismo espacio, los cuales representan al Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo:

"sino porque la visión se avaloraba
en mi mirada, una sola apariencia,
mudando yo, por mi se trastocaba.
En la profunda y clara subsistencia
del alto lumbre me aparecieron tres giros
de tres colores y de un continente;
y uno de otro como iris de iris
parecía reflejo, y el tercero parecía fuego,
que aquí y allá igualmente se espire.

Dentro de esos círculos el protagonista discierne la forma humana de Cristo. La Divina Comedia termina con el poeta tratando de entender cómo los círculos logran encajar, y cómo la humanidad de Cristo se refiere a la divinidad del Sol no obstante, como Dante lo señala, para continuar "no bastaban las propias alas".
Tras un rayo de comprensión, que el poeta no puede explicar, Dante entiende, y su alma entra en total armonía con el amor divino:

"A la alta fantasía aquí faltaron fuerzas;
mas ya movía mi deseo y mi velle,
como rueda a su vez movida,
el amor que mueve el Sol y las demás estrellas".


















En mi Biblioteca personal tengo dos ejemplares de la divina comedia, que fantástico.

La Divina Comedia de Dante Alighieri.(II)

Las siete gradas del Purgatorio.

Desde la puerta del Purgatorio, Virgilio guía a Dante a través del peregrino sus siete terrazas. Estos corresponden a los siete pecados capitales o "siete raíces del pecado." La clasificación del pecado aquí es más psicológica que la del Infierno, que se basa en motivos, en lugar de acciones.  También es elaborado principalmente a partir de La teología cristiana, y no de las fuentes clásicas. El núcleo de la clasificación se basa en el amor, con las primeras tres terrazas del purgatorio en relación con el amor pervertido dirigido a los daños reales de los demás. La terraza de la cuarta se refiere al amor deficiente (es decir, la pereza o acedia), mientras que las últimas tres terrazas se relacionan con el amor excesivo o desordenado de las cosas buenas.
Cada terraza purga un pecado en particular de manera adecuada (aquellos en el purgatorio pueden dejar voluntariamente su círculo, pero sólo lo hará cuando se haya corregido el defecto dentro de sí mismos que llevaron a cometer el pecado). La estructura de la descripción poética de estas terrazas es más sistemática que la del Infierno, y se asocia con cada terraza son una oración apropiada, una bienaventuranza, y los ejemplos históricos y mitológicos del pecado mortal pertinentes y de su virtud opuesta.


El primer ejemplo de humildad esta dado por la Anunciacion. Relieve en la catedral de Auch, Canto 10.

Primer Grada (La Soberbia)

Las tres primeras terrazas del Purgatorio están relacionadas con pecados causados por un mal amor que de alguna forma llega a herir a la persona amada. El primero de estos es el Orgullo. En la terraza hay almas orgullosas purgando sus culpas, Dante y Virgilio ven hermosas esculturas expresando humildad, la virtud opuesta. El primer ejemplo es la Anunciación de la Virgen María, donde ella responde al ángel Gabriel con las palabras Ecce ancilla Dei ("He aquí la esclava del Señor," Lucas 1:3816 ). Un ejemplo de humildad de la historia clásica es cuando el emperador Trajano, de acuerdo con una leyenda medieval, en una ocasión paró su jornada para hacer justicia a una pobre viuda (Canto X).

También asociado con la humildad esta el Padre nuestro:
Padre nuestro, que en el cielo estás,
no circunscrito, mas por el más amor
que a los primeros efectos allá arriba has.

Alabado sea tu nombre y tu valor
de toda criatura, porque es digno
rendir gracias a tu dulce vapor.

Venga a nosotros la paz de tu reino,
que a ella por nosotros no podemos no,
si ella no viene, con todo nuestro ingenio.

Como de su querer los ángeles tuyos
te ofrecen sacrificio, cantando hosanna,
así también los hombres del suyo.

Danos hoy el cotidiano maná,
sin el cual por este áspero desierto
atrás se vuelve cuando más de ir se afana.

Y como nosotros el mal que hemos sufrido
perdonamos a cada uno, también tú perdona
benigno, y no mires nuestro merecido.

Nuestra virtud que fácilmente se rinde,
no pruebes con el antiguo adversario,
mas líbranos de él, que así la incita."

La construcción de la Torre de Babel fue para Dante un ejemplo de orgullo. Obra de Pieter Brueghel el Viejo, Canto 12.
Luego de haber sido introducidos en la humildad, Dante y Virgilio conocen las almas de los orgullosos, quienes han sido doblados por el peso de enormes piedras en sus espaldas. Mientras ellos caminan por la terraza, pueden llegar a ver y analizar los ejemplos de humildad en las esculturas. La primera de estas almas es Omberto Aldobrandeschi, cuyo orgullo está junto a él en su descenso ("Yo era un Italiano, hijo de un gran Toscano: / mi padre fue Guiglielmo Aldobrandesco" ), aunque está aprendiendo a ser más humilde ("Yo / no sé si habéis oído su nombre" ).
Oderisi de Gubbio es un ejemplo de orgullo a causa de logros – el era un reconocido artista por sus manuscritos iluminados. Provenzano Salvani, líder de los gibelinos, es un ejemplo del orgullo a causa del poder sobre otros (Canto XI).
En el Canto XIII, Dante señala, con "franca auntoconciencia" que el orgullo es un defecto en el:

"yo sufro mucho más la pena debajo;
mi alma ansiosa está, en suspenso; preparada
siento el gran peso de la primera terraza"

Luego de la conversacion con el orgulloso, Dante ve algunas esculturas mucho más alejadas, estas ilustraban el orgullo mismo. Estas mostraban a Satanás (Lucifer), la Torre de Babel, el rey Saúl, a Aracne, el rey Roboam, y otros.
 Luego los poetas acienden a la siguiente terraza, Un ángel cepilla con sus alas la frente de Dante, borrando la letra "P" (peccatum) correspondiente al pecado del orgullo, y Dante oye la beatitud Beati pauperes spiritu ("Benditos son los pobres en espíritu" Mateo 5:323 ) (Canto XII).

El ejemplo de generosidad clásica de Dante es la amistad entre Orestes y Pílades. De acuerdo con Cicerón De Amicitia, Pilades pretendio ser Orestes para evitarle a este la ejecucion que a este le esperaba, Canto

Segunda Grada (La Envidia)

La envidia era el pecado que "mira con deseo y repudio la fortuna y riquezas de otros, tomando cualquier oportunidad para quitarles o privarles de su felicidad" ) Tal como una de las almas envidiosas dice::

"Mi sangre estaba hirviendo con tanta envidia, que,
cuando llegaba a ver a un hombre ser feliz,
hubieras podido ver la livides que me invadia."

Al entrar a la terraza de los envidiosos, Dante y Virgilio en un primer momento oyen voces contando historias acerca de la generosidad, la virtud opuesta. Aquí, tal como en las otras terrazas, hay un episodio de la vida de la Virgen María. Además, hay una historia clásica, la amistad de Orestes y Pílades ), y Jesús predicando "Ama a tus enemigos." Las almas de los envidiosos vestían túnicas grises de penitencia, y tenían sus ojos cosidos, recordando la forma en cómo los cetreros cosían los ojos de sus halcones para lograr entrenarlos – así se les hacia más necesario poder oír que poder ver, como en este ejemplo (Canto XIII).

Caín celoso de su hermano Abel, ejemplo de Dante sobre la envidia, pintado por James Tissot, Canto.
Las almas de los envidiosos incluyen a Guido del Duca, quien les habla amargamente sobre los principios éticos de las personas que vivian a lo largo del río Arno:

"Entre brutos puercos, dignos más de bellotas
que de otro pasto propio del humano uso,
arrastra primero su pobre curso.

Perros encuentra luego, siguiendo abajo,
que gruñen más de lo que les toca,
y de ellos desdeñoso tuerce el morro.

Vase cayendo; y cuando más engorda,
tanto más halla perros hacerse lobos
la maldita y desventurada fosa.

Bajando luego por piélagos más hondos,
encuentra zorros tan llenos de fraude,
que no temen ingenio que los entrampe."

Las voces en el aire también incluyen ejemplos de envidia. Uno clásico es el de Aglauros, quien (según Ovidio) fue convertido en piedra porque estaba celosa del amor de Hermes por su hermana, Herse. Un ejemplo bíblico es Caín, mencionado aquí no por su acto de fratricidio, sino por los celos que lo llevaron a él (Canto XIV).
A medida que va saliendo de la terraza, la deslumbrante luz emitida por el ángel de la terraza hace que Dante revele un poco de su conocimiento científico, pues observa que el ángulo de incidencia de la luz es igual al ángulo de reflexión "tal como la teoría y los experimentos habían demostrado" (Canto XV).


El apedreamiento de San Esteban brinda claro ejemplo de la ira, tanto como de mansedumbre por parte del santo, siendo esta la virtud opuesta. Pintado por Rembrandt, Canto

Tercera Grada (La Ira) 

En la terraza de los iracundos, ejemplos de mansedumbre, la virtud opuesta, son mostrados a Dante como visiones en su mente. Como ejemplo clásico tenemos a la esposa de Pisístrato pidiendo por la ejecucion de un hombre que había abrazado a su hija, a esto Pisístrato habría respondido: "Que debieramos hacer a alguien que nos hiere / si alguien que nos ama aprende (con el significado de temer) de nuestra condena?" San Esteban brinda un ejemplo bíblico, señalado en Hechos de los Apóstoles 7:54–6033 (Canto XV):

"Después vi gente inflamadas en ira,
con piedras matar a un jovencito, unidos en
un solo y fuerte grito: ¡Mátalo, mátalo!

Y lo veía inclinarse, por la muerte
que ya le pesaba, hacia la tierra,
mas con los ojos siempre al cielo alzados,

orando al alto Sire, entre tanta guerra,
que perdonase a sus perseguidores,
con aquel semblante que a piedad lleva."


Las almas de los llenos de ira caminaban en humarolas de acre, esto simboliza el cegador efecto del enojo:

"Oscuridad de infierno y de noche priva
de todo planeta, bajo pobre cielo,
cuanto ser puede de nubes atenebrada,

no cubrió mi rostro de tan espeso velo,
como aquel humo que allí nos cubría,
ni nunca hubo más áspero pelo,

que el ojo abierto sufrir podría;"

Marco Lombardo discute con Dante acerca del Libre albedrío – un tema relevante, ya que no hay razones para discutir con alguien que no tiene control sobre sus acciones (Canto XVI). Dante también tiene visiones con ejemplos de ira, tales como Haman y Lavinia. La oración de esta terraza es el Agnus Dei: "Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis... dona nobis pacem." ("Cordero de Dios, tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros... danos la paz.") (Canto XVII).

En este punto Virgilio explica a Dante la organización del purgatorio y su relación con el amor pervertido, deficiente o mal dirigido. Las terrazas que habían recorrido hasta el momento habían borrado la soberbia ("Aquel que a través de la humillación de otros, / espera la supremacía" ), la envidia ("Ese quien, cuando es superado, / teme la propia perdida de su fama, de poder, de honor, y favor; / deseando con locura el infortunio de sus vecinos." ), y la ira ("Aquel, sobre lastimado / recibido, resentido, por venganza codicioso / y, con enojo, busca dañar a los otros."39 ). Todos ellos, amores mal direccionados. (Cantos XVII y XVIII).

Cuarta Grada (La Pereza)

En la cuarta terraza se podrían encontrar las almas de aquellos que pecaron por descuido lo que sería la Pereza. Desde el momento en vida en que se falla al buscar el amor, aquí son condenados a incesantes trabajos. Los ejemplos de entusiamo o energía, las virtudes opuestas, son clamados por las almas que recorren la terraza. Estos ejemplos incluyen episodios de la vida de la Virgen María, Julio Cesar y Eneas. Esta actividad, además, remplaza las oraciones verbales de esta terraza.
 Estos perezosos están demasiado ocupados siquiera para conversar durante sus trabajos, por ello esta es una de las secciones más cortas del poema.
Alegóricamente, la pereza espiritual y la falta de cuidado llevan a la tristeza, la buenaventuranza de esta terraza es Beati qui lugent ("Benditos sean los que sufren, pues seran reconfortados," Mateo 5:441 ) (Canto XVIII y XIX).
Al caer la segunda noche, con los poetas aún en la terraza, Dante sueña con una Sirena (Canto XIX).

Quinta Grada (La Avaricia)

En las tres últimas terrazas se encuentran los que pecaron por amar buenas cosas, pero amándolas excesivamente o desordenadamente. En la quinta terraza, la excesiva preocupación por los bienes terrenales, ya sea codiciosamente o extravagantemente, es castigada y purificada, y los avaros y los adinerados yacen boca abajo al suelo, sin posibilidad de moverse. Sus oraciones son Adhaesit pavimento anima mea, tomada de Salmos 119
 ("Mi alma esta adeherida al polvo, vivificame con Tu Palabra,"42 ), una oración que expresa el deseo de seguir las Leyes de Dios(Canto XIX).
En esta terraza, Hugo el Grande se lamenta, en contraste, cómo la avaricia había motivado las acciones de sus sucesores, y "profetiza" eventos que sucederían luego de la época en la que se ubica al poema, pero antes de la época en que es escrito el poema:


Los Templarios siendo quemados por supuesta herejía, acusación motivada por Felipe IV de Francia. Desde el punto de vista de Dante, esta fue una acción política motivada por la avaricia, Canto .

"Al otro, que hasta salió preso en una nave,
veo vender a su hija pactando precio,
como los corsarios hacen de otras esclavas.

¡Oh avaricia! ¿qué más puedes hacer,
que así te has apropiado de mi sangre
que ni te cuidas de tu propia carne?

Para que menos se vea el mal futuro y pasado,
veo en Anagni entrar la flor de lis,
y en su vicario quedar Cristo encarcelado.

Véolo ser de nuevo burlado;
veo renovar el vinagre y la hiel,
y entre vivos ladrones ser occiso.

Veo al nuevo Pilato, una vez tan cruel,
que ni eso lo sacia, pues sin decreto
hasta el Temple lleva las codiciosas velas."

Entre estos eventos se incluyen cómo Carlos II de Napoles dio a su hija en matrimonio a un anciano de mala fama, y cómo Felipe IV de Francia ("el hermoso") arrestó al Papa Bonifacio VIII en 1303 (uno de los Papas destinados al infierno, de acuerdo con la narración en el Inferno, pero aun así, según las ideas de Dante este era el Vicario de Cristo). Dante también comenta acerca de la destrucción de la Orden de los Templarios por deseos de Felipe en 1307, lo que liberó a Felipe de las deudas que tenía con la orden (Canto XX).

En una escena, que Dante relaciona con el episodio en el que Jesús se aparece a dos discípulos en el camino hacia Emaús, Dante y Virgilio son alcanzados por el poeta Estacio (aprox. 45-96 d.C), a quien Dante presenta (no en bases obvias o entendibles) como un convertido al Cristianismo.46 Acababa de finalizar su purificación en aquel círculo, y, como cristiano, su guía sería apta para complementar la de Virgilio. (Canto XXI).
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Sexta Grada (La Gula)

La sexta terraza purifica a los glotones, y en general, a todos aquellos que a pesar de estar satisfechos insistian al comer, beber, saciar su cuerpo. En una evocadora escena del castigo de Tántalo, los glotones mueren de hambre ante árboles llenos de frutos que nunca estaran a su alcance. En este círculo los ejemplos son dados por voces que se escuchan entre los árboles. Juan el Bautista, quien vivía de langostas y miel (Mateo 3:448 ), es un ejemplo de las virtudes opuestas, templanza o moderación; mientras que un ejemplo clásico de gula es cuando los Centauros ebrios se enfrentan a los Lápitas.

El rezo para esta terraza es los labios me dominan (el Salmo 51:15: " Oh Lord, abra mis labios, y mi boca declarará su alabanza " ) Estos son las palabras de apertura de la Liturgia diaria de la horas.(los rezos para las quintas y séptimas terrazas también son tomados de la Liturgia de las Horas) (Canto XXII a XXIV).
Aquí Dante también encuentra a su amigo Forese Donati y su precursor poético Bonagiunta Orbicciani. Bonagiunta tiene palabras amables para el poema más temprano de Dante, La Vita Nuova, describiéndolo como el nuevo estilo dulce, y cotizando la línea " las Damas que tienen la inteligencia de amor, "  escrito en la alabanza de Beatriz, a quién él encontrará más tarde en el Purgatorio:

" Las damas que tienen la inteligencia de Amor,
yo de mi señora desean con usted hablar;
No, que yo pueda creer para terminar su alabanza,
Pero al discurso que puedo aliviar mi mente.
Digo que cuando pienso sobre su valor,
Tan dulce que se hace sentir en mí,
Que si yo entonces debería perder no la audacia,
la Oratoria, yo debería enamorar toda la humanidad. "
Subiendo a la séptima terraza, Dante se pregunta como es posible para almas incorpóreas tener el aspecto descarnado de las almas siendo privadas de comida aquí. En explicación, Statius Habla de la naturaleza del alma y su relación al cuerpo (Canto XXV).


Séptima Grada (La Lujuria) 

La terraza de la lujuria tiene una inmensa pared de llamas a través del cual todos debemos pasar. Almas arrepintiéndose de deseo mal dirigido sexual (tanto heterosexual como homosexual) se ejecutan a través de las llamas gritando ejemplos de la lujuria (Sodoma y Gomorra y Pasífae) y de la castidad y la fidelidad marital. Como una oración, cantan el himno Sumas Deus Clementiae (Dios de la Suprema Clemencia) de la Liturgia de las Horas (Cantos XXV y XXVI).
A medida que el círculo de la terraza, los dos grupos de penitentes se saludan de forma que Dante se compara con las hormigas:

"Allí veo de todas partes apresurarse
cada sombra y besarse una con otra
sin quedarse, contentas con breve fiesta:

así por entre su hilera oscura
se hociquean una con otra las hormigas,
quizá para saber del camino o la fortuna."

Entre las flamas, a las que no se atreve a entrar, están los poetas románticos Guido Guinizelli y Arnaut Daniel, con quienes Dante conversa. Le recuerdan a Dante que a Beatriz puede encontrarla al otro lado del Paraíso Terrenal, finalmente Virgilio persuade a Dante para que pase entre las llamas (Cantos XXVI and XXVII).
En los escalones del paraíso terrenal, la noche cae por tercera vez, y Dante sueña con Lea y Raquel, quienes simbolizan la vida cristiana activa y no monástica, y también la vida cristiana de contemplación (monástica), ambas importantes (Canto XXVII):

"Joven y bella en sueños parecíame
ver una dama andando por una landa
cogiendo flores, y cantando decía:

Sepa quienquiera que mi nombre demanda
que soy Lía, y voy moviendo en torno
las bellas manos para hacerme una guirnalda.

Por placerme ante el espejo, me adorno;
pero mi hermana Raquel nunca se aparta
de su espejo, todo el día sentada.

Ella de ver sus bellos ojos está enamorada
como yo de adornarme con las manos;
a ella el mirar, y a mí el obrar nos aplaca."

El Paraíso Terrenal 
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En la cima del Monte Purgatorio se encuentra el Paraíso Terrenal o el Jardín del Edén. Alegóricamente, representa la inocencia que existía antes de que Adán y Eva perdieran la Gracia de Dios – el estado que el ascenso de Dante al purgatorio ha estado recuperando. Aquí Dante conoce a Matilda, una mujer cuya identidad literal y alegórica "es seguramente el problema más tentador de la Comedia."
 De todas maneras, Matilda prepara a Dante para su encuentro con Beatriz, la mujer a la que (históricamente) Dante dedicó sus anteriores poesías, la mujer a cuyo pedido (en la historia) Virgilio fue ordenado traer a Dante en su viaje, y la mujer que (alegoricamente) simboliza el camino a Dios (Canto XXVIII).
Con Matilda, Dante es testigo de una procesión que forma una alegoría dentro de la alegoría, algo así como la obra de Shakespeare en una obra de teatro. Tiene un estilo muy diferente del Purgatorio como un todo, tiene la forma de una máscara, donde los personajes están caminando símbolos en lugar de personas reales. La procesión consiste (Canto XXIX):

"Veinticuatro ancianos" (a reference to Revelation 4:457 ), representing the 24 books of the Hebrew Bible, as classified by Jerome
"Cuatro animales" con "seis alas de plumas" (a reference to Revelation 4:6–860 ), como una representación tradicional de los cuatro Evangelistas
"Un carro triunfal en dos ruedas,"61 portando a Beatrice, que es arrastrado por...
Un Grifo,62 representando la divinidad y humanidad de Cristo
"Tres mujeres en círculos" coloreadas de rojo, verde y blanco, representando las tres virtudes teologales: Caridad, Fe, and Esperanza, respectivamente
"Otras cuatro mujeres" vestidas de púrpura, representando las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justice, Temperance, and Coraje
"Dos ancianas, con vestidos diferentes," representando los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas paulinas58
"Cuatro personas de aspecto humilde," representando las Epístolas generales.
"Cuando todos los demás pasan, un solitario anciano," representando el Apocalipsis

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La apariencia de Beatrice, y una dramática escena de reconciliación entre Beatrice y Dante, en el que ella reprocha su pecado (Cantos XXX and XXXI), ayuda a cubrir la desaparición de Virgilio, que, como símbolo de la filosofía y humanidad no cristiana, no puede ayudarle más en su acercamiento a Dios70 (Y en el resto de "Divina Comedia", Beatriz se convierte en la guía de Dante):
"Pero Virgilio nos había privado de sí mismo, Virgilio, el más gentil padre, Virgilio, a quien me dio a mi auto para mi salvación; e incluso toda nuestra antigua madre perdida no era suficiente para mantener a mis mejillas, a pesar de lava de rocío, el oscurecimiento de nuevo con lágrimas. "

Dante pues pasa por el río Lethe, que le borra la memoria de sus anteriores pecados (Canto XXXI), y ve una alegoría de la historia Bíblica y de la Iglesia, en la que el carruaje representa a la Iglesia. Esta alegoría incluye una denuncia de los papados corruptos, y sus vínculos con la monarquía Francesa (Canto XXXII):

"Tan segura como una fortaleza sobre una alta montaña,
vi sentada en el carro a una prostituta desenvuelta,
paseando sus miradas en torno suyo.

Y como para impedir que se la quitaran,
vi un gigante colocado en pie junto a ella,
y ambos se besaban de vez en cuando;"

Finalmente, Dante bebe del río Eunoë, recuperando la memoria, y preparándose para su ascenso al Paraíso (descrito en el Paradiso). Al igual que en las otras dos partes de la Divina Comedia, el Purgatorio acaba con la palabra "estrellas" (Canto XXXIII):

"Volví a aquellas sacrosantas ondas
tan reanimado como las plantas nuevas
renovadas con nuevas hojas,
purificado y dispuesto a subir a las estrellas.