sábado, 13 de junio de 2015

Leyendas de Bécquer


Las Leyendas son un conjunto de narraciones de carácter postromántico escritas por Gustavo Adolfo Bécquer y publicadas entre 1858 y 1864. Estas narraciones tienen un carácter íntimo que evocan al pasado histórico y se caracterizan por una acción verosímil con una introducción de elementos fantásticos o insólitos. Fueron publicadas en periódicos madrileños de la época como El Contemporáneo o La América.

 Gustavo Adolfo Bécquer 

Nace en Sevilla el 17 de febrero de 1836 y muere en Madrid el 22 de diciembre de 1870. Es conocido por su poesía y sus narraciones, siendo un representante del Romanticismo, con influencias del romanticismo alemán. Como muchos otros artistas Bécquer fue conocido en vida, pero no fue hasta después de muerto cuando alcanzó la fama.
Su obra más conocida es Rimas y Leyendas, obra que junta las Rimas, escritas durante toda su vida, pero que no fueron publicadas hasta después de su muerte, cuando un incendio casi acaba con ellas, y sus amigos deciden publicarlas; las Leyendas, al contrario que las Rimas, fueron publicándose a lo largo de su vida. En esta obra se recogen todas sus Rimas, donde relata su vida, y algunas de las Leyendas más conocidas.

Influencias

El Romanticismo es un movimiento artístico que surgió en el siglo XVIII en Alemania e Inglaterra. Más tarde, en el siglo XIX, se expandió por toda Europa como consecuencia de la Revolución francesa y las Guerras napoleónicas y en contra de las transformaciones económicas y sociales surgidas a partir de la Revolución Industrial. Este movimiento aparece como un cambio necesario en la sensibilidad y el gusto europeo, llegando a oponerse al Clasicismo y Racionalismo, basados en los patrones estéticos y filosóficos de la antigüedad clásica y en la importancia de la razón. Se rompe con el Neoclasicismo, con lo que se produce un enfrentamiento entre la razón neoclásica y la intuición y los sentimientos románticos. Este movimiento se caracteriza por el amor a la libertad y la naturaleza, la defensa de los sentimientos y la exaltación del individuo y lo subjetivo. Imagen y sensibilidad sustituyen a la razón, por lo que se crea un nuevo gusto hacia lo pintoresco y se busca lo sublime, incluso acercándose a lo grotesco. El artista se encuentra enamorado de la soledad y del ensueño, con lo que se produce una afirmación de su individualidad, se ve como un genio y aparece ‘’el triunfo del yo’’. No obstante, el individuo romántico se encuentra frustrado, ya que está atraído por un ideal que no puede llegar a alcanzar; esto provocará que intenten calmar la insatisfacción que sienten buscando otra realidad y evadiéndose al pasado de la Edad Media y al exotismo de Oriente. Algunos artistas, incapaces de llevar a cabo esta evasión del mundo, llegaron a la locura, y posteriormente, al suicidio (Mariano José de Larra). El espíritu romántico se caracteriza por el desprecio que es profesado al materialismo de la burguesía y la vida bohemia.

Romanticismo en España

En España, aunque tardío y breve, el Romanticismo dejó un gran legado. Se estableció en la segunda mitad del siglo XIX, junto con el Realismo. Podemos observar las primeras manifestaciones en Andalucía y Cataluña. Surgen dos tipos de Romanticismo, uno tradicional, que defiende los valores tradicionales de la Iglesia y el estado; está representado por Walter Scott (Inglaterra), Chateaubriand (Francia) y José Zorrilla y el Duque de Rivas (España); y otro revolucionario o liberal, caracterizado por la búsqueda y justificación del conocimiento irracional, la dialéctica hegeliana y el historicismo; se representa con Lord Byron (Inglaterra), Victor Hugo(Francia) y José de Espronceda (España). Del Romanticismo tradicional deriva el Costumbrismo, el cual solo aparece en España y se basa en el seguimiento de los hábitos contemporáneos, pero desde la perspectiva de las clases populares, es decir, lenguaje purista y castizo. Surgió a partir de un signo de melancolía por los valores y costumbres pasadas. Fue el antecedente de la decadencia del Romanticismo en España.

Aparece en un marco histórico de tensiones políticas entre la clase conservadora y las clases liberales y progresistas. España se encuentra en un estado de laicismo y de protestas anarquistas, huelgas y atentados por parte de la clase obrera. Este movimiento se caracteriza por un gran rechazo al neoclasicismo, con lo que se produce una ruptura de la regla aristotélica de las tres unidades y una mezcla entre prosa y verso. Subjetivismo, ya que el autor vierte su alma exaltada e insatisfecha ante un mundo que frena y limita su vuelo. Atracción por lo nocturno y misterioso, que situará los sentimientos dolientes y defraudados del en lugares sobrenaturales, pero de conocimiento por parte del artista.

Posromanticismo y Bécquer

El Romanticismo tardío o Posromanticismo, es el período en el que se data la obra de Bécquer. Se sitúa en la segunda mitad del siglo XIX, en la transición entre Romanticismo y Realismo. Se caracteriza por ser más sentimental e intimista que el Romanticismo, dejando así, en segundo plano a lo histórico y legendario. La influencia de la poesía alemana de Heinrich Heine está muy presente, con lo que nos encontramos una poesía personal. Se crean nuevas rimas y formas métricas.

Gustavo Adolfo Bécquer es un autor de lirismo intimista, sencillo y refinado en la forma para que transluzca mejor el sentir profundo de su obra. Está muy influenciado por el Romanticismo alemán de Heine. Su obra más importante fue Rimas y leyendas. Las leyendas fueron publicadas en su mayor totalidad entre 1857 y 1871 en El Contemporáneo y El Museo Uni. Bécquer, al estar muy influenciado por el Romanticismo alemán sitúa sus leyendas en un marco caracterizado por el pasado histórico y lugares misteriosos y nocturnos conocidos por él.

La temática de las leyendas se puede dividir en tres: crimen y castigo, peligros del ideal y el poder de lo sobrenatural, todos caracterizados por la violación de un tabú para satisfacer el deseo propio, que provoca el desencadenamiento de la tragedia. En el comienzo de cada obra se observa como el narrador es un personaje que en ocasiones le explica a otro la historia de la que trata el relato. Con lo que se produce un cambio de narrador, siendo en la introducción de la historia un narrador testigo y más tarde, en el desarrollo de la leyenda, un narrador omnisciente; así se da cuenta de que en el Romanticismo, el narrador, con frecuencia en primera persona, hace una referencia al autor, que es conocedor de todos los lugares y sensaciones del protagonista de sus obras.. Los personajes están definidos en pocas palabras, aunque en la mayor parte de las ocasiones se trata de hombres valientes y enamorados y mujeres hermosas y perversas. Ambos se caracterizan por el amor a la soledad y dar más importancia a lo espiritual que a lo material, principios del espíritu romántico. El lugar y el tiempo es creado mediante la descripción detallada de lugares, el uso de adjetivos, recursos literarios e introduciendo influencias del folclore Europeo como, estatuas que cobran vida, espíritus que regresan del más allá y seres fantásticos con apariencias de mujeres bellas, con lo que la influencia del sentimiento nacionalista está muy presente en las obras románticas.

La estructura argumental es común y se divide, en una introducción donde se describen exhaustivamente las situaciones anteriores a la tragedia, el cuerpo central, donde se cuenta la historia, que sucede dentro de los personajes, y es narrada por un narrador omnisciente y un epílogo, que se sitúa posterior en tiempo, en el cual la atmósfera de misterio y terror se resuelve.

Las influencias del Romanticismo, el Costumbrismo y el Posromanticismo consiguen que estas leyendas tomen un tinte más oscuro, provocando así en el lector miedos escondidos que Bécquer intenta despertar. El fondo de estas historias, es claramente característico del Romanticismo: un hombre que vaga por un mundo casi desconocido que lucha por lograr un ideal inalcanzable y cuando está en el punto más cercano a él, desaparece.

Leyendas

Maese Pérez, el organista: Maese Pérez era un conocido organista, tocaba cada día durante la misa, pero el día de Nochebuena durante la misa de Gallo el maese no aparecía, tanto tardó que un enemigo suyo quiso ocupar su puesto; fue en ese momento cuando apareció el maese enfermo en un sillón alegando que puesto que sentía que no le quedaba mucho le gustaría tocar el órgano. La misa transcurrió normalmente y el órgano sonó como siempre, pero poco a poco se fue apagando hasta que se quedó en silencio, cuando se acercaron había muerto sobre el órgano. Al año siguiente fue tocado por un buen organista, no hubo ningún incidente pero al terminar la misa juró no volver a tocarlo. Llamaron a la hija del maese para que tocara el órgano, ella con miedo no quería pues había visto sombras, pero no fue hasta el momento de la consagración cuando la hija pegó un grito diciendo que estaba su padre tocando el órgano cuando la comenzaron a creer, pues el órgano estaba sonando solo.
Los ojos verdes: esta leyenda publicada el 15 de diciembre de 1861, en El Contemporáneo, gira en torno a las historias sobre los espíritus femeninos demoníacos que habitaban en el Moncayo. Cuenta la historia de Fernando, un noble que, yendo de cacería, acierta a un ciervo que justo se cuela en una parte del bosque que se comentaba que estaba maldita, la Fuente de los Álamos. Él termina entrando a por el animal y en el reflejo del agua alcanzó a ver unos ojos verdes que le hicieron perder la razón. Desde ese momento, salía todos los días de caza esperando encontrase con la dueña de esos ojos. Su sirviente Iñigo, intrigado por su comportamiento, le pidió que le explique qué pasaba. Cuando se lo hubo contado, Iñigo le advirtió que se trataba del demonio que guardaba ese lugar. Ignorándole, Fernando volvió a la fuente y se encontró con la mujer de los ojos verdes. Allí le confesó su amor y esta le respondió que podrían estar juntos, mientras se iba adentrando más en la fuente. Este intento seguirla, cayéndose dentro y hundiéndose en el agua.
La ajorca de oro: cuenta cómo Pedro un joven enamorado termina robando al ajorca de oro que se encontraba en manos de la Virgen en la Catedral, pues su novia había estado muy disgustada porque no podía tenerla. A pesar de haberse negado en un principio, Pedro accedió, y aunque cerró los ojos para no ver lo que hacía, cuando por fin los abrió las diferentes figuras a su alrededor se acercaban hacia él; tal fue el impacto que se desmayó. Cuando lo encontraron tirado con la ajorca entre las manos el solo supo decir que la ajorca era de la virgen. Se había vuelto loco tras cometer un delito por amor.
El Cristo de la calavera: esta leyenda nos transporta a la época de la Reconquista. El rey de Castilla manda celebrar un gran festín en honor a los caballeros que se van a luchar contra los moros. A esa fiesta asiste Doña Inés de Tordesillas, una dama guapísima, y dos de sus enamorados, Alonso de Carrillo y Lope Sandoval. Estos aprovechan que se le cae un guante para acercarse a ella, y cada uno termina cogiéndolo por un extremo. Ahí empieza su enfrentamiento, que se resuelve gracias al rey, que al ver la situación decide ser él el que le entregue el guante. Esa noche los dos caballeros quedan para batirse en duelo. Encontraron un cobertizo que les podía servir, en el que se veía un Cristo y una calavera iluminados por una luz. Cuando empezaron a pelear, la luz se apagó, y como eso siguió pasando varias veces, decidieron que su pelea iba contra la voluntad del Señor. Cuando volvían a palacio, vieron como un hombre salía de las habitaciones de Inés, y se rieron a carcajadas. Al día siguiente, Inés les despidió a los tres desde el palco del palacio.
La Rosa de pasión: cuenta la historia de amor entre Sara, una judía hermosa y un joven cristiano. Habla de cómo el padre de Sara, Daniel Leví se entera de que su hija está enamorada de un cristiano, lo que hace que la comunidad judía comience a conspirar, pues los cristianos son los enemigos. El padre, que es rencoroso y vengativo, reúne al día siguiente a todos los judíos en una iglesia abandonada, donde preparan una cruz. Sara se entera y acude allí, donde enfadada al ver lo que pretende su padre le dice que tiene un nuevo padre, porque ahora es cristiana. Esto provoca que el padre más cabreado que nunca la agarre a la cruz y se la deje al resto de los judíos para que hagan con ella lo que quieran, pues ya no es su hija, se ha convertido en el enemigo. Se cuenta que un día un arzobispo se hizo con una flor hermosa jamás vista, esta flor había sido recogida de los muros de la iglesia, decidieron cavar y encontraron los huesos de una mujer muerta. Esta flor fue conservada y hoy es bastante común, es conocida como la Rosa de la Pasión.
El monte de las ánimas: en Soria ha llegado el día de Todos los Santos y se cuenta una leyenda que tiene lugar en el llamado Monte de las Animas. Entre los Templarios, guerreros religiosos y los árabes sucedió un conflicto de intereses, pues los primeros tenían acotado el monte donde reservaban caza, y los otros realizaron una batida en el coto. Por lo tanto surgió una batalla entre ambos en aquel monte, que pronto se cubrió de cadáveres. Desde entonces se dice que la noche de los difuntos la campana de la capilla suena sola y los espíritus de aquellos muertos despiertan y luchan en una pelea fantástica. Beatriz y Alonso mantenían una conversación hasta que la joven echó en falta una banda azul que su primo Alonso le había regalado. Esta cayó en la cuenta de que la había olvidado en el Monte de las Animas y su primo, en un intento de mostrar su valentía, a pesar del profundo miedo que le daba acudir a aquel monte en una fecha tan especial, se puso en marcha a la búsqueda de la banda. Aquella noche, mientras Alonso partía hacía allí, Beatriz rezaba por su primo y hasta que no amaneció pasó una noche llena de terrores y pensamientos horribles. Despertó y la banda azul se encontraba en su lecho, ensangrentada. Alonso había sido devorado por los lobos y esta murió asustada al ver la banda. Un cazador que pasó una noche en el monte asegura que vio a los espíritus de los Templarios y nobles sorianos rondando por allí persiguiendo a una joven que daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.
El beso: esta leyenda toledana se publicó el 27 de agosto de 1863, en La América. En ella, Bécquer nos relata la llegada de los soldados franceses durante la Guerra de la Independencia. Al no encontrar alojamiento, un grupo de soldados debe pasar la noche en un convento desvencijado. Al día siguiente, el capitán de este grupo se reúne con sus amigos y declara no haber dormido casi nada por haber estado con una mujer. Al contarle a estos que esa mujer es de mármol, sus compañeros empiezan a burlarse de él, a lo que responde invitándoles esa noche a ir al convento a beber y a verla. Cuando ya estaban allí festejando con champán, el capitán habló de las inscripciones en las estatuas, afirmando que se trataban de un marido y su mujer. Tras esto, escupió a la figura masculina diciéndole que le daba de beber, e intentó besar a la mujer. Pero, antes de que llegara a tocarla, cayó ensangrentado y muerto al suelo, supuestamente herido por el guante de mármol de la estatua del hombre.
El Miserere: cuenta cómo un músico quiere enmendar sus errores del pasado y para ello decide crear el himno del dolor del Rey Profeta, por lo que va buscando distintos misereres y escuchándolos. Cuando cree que ha escuchado todo, llega a una abadía donde le cuentan la historia de un monasterio en el que ocurrió un saqueo donde murieron todos los monjes mientras cantaban el Miserere. Y todos los años la misma noche en la que ocurrió, las ruinas del monasterio se iluminan y se escucha un canto lúgubre, el canto de los monjes muertos. El músico decide ir a comprobarlo, y la noche en la que supuestamente ocurriría, acude a las ruinas; allí se encuentra con que el monasterio se ha iluminado y los monjes han comenzado a aparecer para cantar el Miserere, hasta que al final se les unen los arcángeles. Justo al finalizar el canto, el músico se desmayó. Al día siguiente vuelve a la abadía con la noticia de que ha encontrado lo que buscaba y les pide alojamiento durante el tiempo que tarde en transcribirlo. Fue capaz de escribir casi todo el Miserere, pero cuando llegó al final se trabó, era incapaz de continuar, lo que hizo que se volviera loco y muriese. A día de hoy los frailes todavía conservan ese miserere inacabado.
El caudillo de las manos rojas: cuenta la historia de Pulo, un caudillo enamorado de la mujer de su hermano Tippot-Dheli (rey de Orisa). Una noche Pulo y Siannah son descubiertos por su esposo y Pulo mata a su hermano, convirtiéndose en rey y a la vez cayendo sobre él la maldición de los amantes. Por más que intenta hacer Pulo para librarse de la maldición no lo consigue, por lo que pide ayuda a un sacerdote que le dice que será libre cuando suba por las orillas del Ganges y llegue al Tíbet, donde se lavará las manos manchadas de sangre en un manantial; durante todo el rato llevará consigo a Siannah y no podrán conocerse. Casi al final del camino, Siannah desaparece misteriosamente y Pulo tiene que luchar contra la muerte (Schimen), y es salvado gracias a Vichenú (antagonista de Schimen), quien le encomienda otra tarea, la cual una vez cumplida será liberado y Siannah volverá. La impaciencia de Pulo hace que no sea posible cumplir la tarea encomendada por Vichenú, y decide suicidarse, es en ese momento cuando vuelve Siannah, quien será la primera viuda india que se arrojó al fuego con el cadáver de su esposo.
La cruz del diablo: Publicada en el semanario La Crónica de Ambos Mundos, el 21 y 28 de octubre y el 11 de noviembre de 1860. Trata de un grupo de excursionistas que llegan al pueblo de Bellver, donde observan una extraña cruz compuesta de hierro y piedra; uno de ellos le pregunta sobre su procedencia al guía y este, una noche le cuenta la historia; Cuenta la leyenda que en la antigüedad existía un señor feudal que sembró el pánico en el pueblo. Tras luchar en las cruzadas, volvió y siguió haciendo el mal hasta que murió. Años más tarde, ocuparon su castillo un grupo de bandidos, los cuales tomaron la armadura de este señor feudal, el Señor del Segre, e hicieron un pacto con el diablo por el cual, tendrían más poder. Tras morir los bandidos, el diablo ocupó la armadura y sembró el horror entre los ciudadanos de Bellver hasta que, con la ayuda del eremita, despojaron al diablo de la armadura, y junto con algunos sillares del castillo el Señor del Segre construyeron esa cruz, la cruz del diablo.
Creed en Dios: cuenta la leyenda que en el señorío de Fortcastell habitó un barón, Teobaldo de Montagut. Nacido a raíz de un sueño que su madre, la condesa de Montagut tuvo, acerca de que en su interior estaba engendrando una serpiente monstruosa. Al nacer, la condesa murió; y su padre pereció años más tardes en la guerra. Teobaldo fue un noble vil y sin piedad que arrasó todas las tierras de su señorío, hasta que un día, tal era su obsesión por cazar una res que exhausto y muerto su corcel, un paje le ofreció otro que le llevó a lugares fantásticos, incluso a pasajes en los que habitaban ángeles e infelices. Sintió despertar de este sueño, y preso del agotamiento regresó a su castillo, encontrándolo en ruinas. Preguntó a los aldeanos, y todos le respondieron que Teobaldo de Montagut había muerto y raptado a manos del diablo.
El rayo de luna: narra la historia de Manrique, un noble caballero de Soria, amante de la soledad y la poesía. Los caballeros de su corte pensaban que estaba loco, pues pasaba la mayor parte del tiempo observando embelesado la naturaleza y hablando solo. Una noche en la que se encontraba en el bosque, observó un espectro, que más tarde dedujo que era una bella dama. Pasó dos meses recorriendo todas las calles de Soria en busca de su amada, pero jamás la encontró; hasta que, una noche, en el mismo lugar en el que la encontró, volvió a verla, pero se quedó atónito cuando se dio cuenta de que su amada no era más que un rayo de luna.
El gnomo: publicada el 12 de enero de 1863 en La América, cuenta la historia de unas muchachas que vienen de coger agua de la fuente cuando se encuentran con el tío Gregorio, el más anciano del lugar. Estas le piden que les cuente un cuento, y él les habla de un hombre que desapareció al introducirse en alguna de las guaridas de los gnomos. Dice que estos viven en cuevas cercanas a los ríos y que allí tienen acumulado un gran tesoro, ya que se dedican a robar todo lo que pueden. Ninguna de las chicas se cree las historias, excepto dos hermanas huérfanas, Marta y Magdalena, que ven ese tesoro como una manera de resolver sus problemas. Ambas son muy diferentes, pero acuerdan ir esa noche en busca del tesoro. Allí se separan, y mientras lo buscan, las fuerzas de la naturaleza empiezan a cobrar vida. Marta habla con el río, que le cuenta que ha visto el tesoro dentro de las montañas, prometiéndole riquezas. Magdalena habla con el viento, que no sabe nada del tesoro, pidiéndole que se marche de ese lugar, que él cuidará de ella. Magdalena termina llegando al pueblo, pero de Marta no se volvió a saber.
La cueva de la mora: en esta leyenda, Bécquer nos transporta a la época de la Reconquista, contándonos la historia de un caballero cristiano que es apresado en una batalla y retenido en las mazmorras de un castillo en las peores condiciones. Mientras está preso, se enamora de la hija del alcaide del castillo. Cuando es rescatado, decide volver al castillo a por ella, y vuelve a entrar en batalla. Los moros terminan tirándolo de un muro, y yacía moribundo cuando la mora fue a salvarle. Consiguió arrastrarlo hasta el patio de armas, y después lo escondió en una cueva. Fue a buscar agua para él al río, pero los moros la confundieron con uno de los cristianos y le dispararon. Desde entonces, se decía que sus almas vagaban por esa cueva.
La promesa: Margarita lloraba pues Pedro, su amante, se marchaba a luchar a Sevilla a favor del conde de Gómara. Le preocupaba que su amante jamás regresara de la batalla. El conde de Gómara mientras se encontraba en su tienda hablaba con su escudero sobre un hecho sobrenatural que le sucedió hace tiempo. En una pelea estuvo a punto de morir pero apareció una mano misteriosa de la nada y le salvó la vida y así este no cayó al vacío. Desde entonces su mayor obsesión es aquella mano que según él le acompaña en todos los actos. Apareció un juglar recitando cantigas por una de las tiendas de campaña y el conde se detuvo a escucharla, pues el tema le interesaba. Tras escucharlo se dio cuenta que Margarita había sido asesinada por su propio hermano, y que en su entierro la mano de la joven sobresalía de la tumba y en ella se encontraba el anillo que el conde había colocado. El conde llegó hasta Gómara para casarse con el cadáver de Margarita y así su mano por fin se hundió.
La corza blanca: publicada el 27 de junio de 1863, en el diario La Ámerica, cuenta la historia de Dionis, un caballero retirado que va de caza con su hija Constanza y sus monteros cuando tropieza con un joven pastar que le cuenta la historia de unas corzas que se burlaron de él. Garcés, uno de los monteros de Dionis y enamorado de su hija, decide que va a cazar para ella a la corza más bonita, una de pelaje blanco. Ella se ríe de sus intenciones, pero a pesar de eso, Garcés pasa la noche en el bosque, y ve como un grupo de corzas se convierten en mujeres, una de ellas, Constanza. Cuando sale a su encuentro, todas vuelven a convertirse en corzas, y convencido de que ha sido un sueño, va a la caza de la blanca. Cuando consigue atraparla, le parece escuchar la voz de Constanza preguntándole qué hace. Esta consigue huir y Garcés termina hiriéndola mortalmente. Ahí es cuando la cierva se transforma en Constanza.
La creación: el dios Brahma se sentía solo y cansado de verse siempre a sí mismo, por lo que fecundó a Maya, la creadora que lo envolvía. De ella brotaron miles de puntos de luz, los gandharvas, pequeños chiquillos. Brahma practicaba la alquimia en su laboratorio y los pequeños acudían a observar en secreto a su padre. Estos, asombrados por lo que el padre creaba, volvieron en una ocasión en la que Brahma no se encontraba allí, y aprovechando que el laboratorio estaba abierto entraron. Allí mezclaron y confundieron todos los elementos hasta que crearon un mundo deforme, oscuro, con polos, montañas, etc., es decir, el planeta Tierra. El dios les descubrió y se preparó para destruir aquella creación, comenzando con el Diluvio Universal, pero finalmente cedió y les otorgó su creación horrorosa puesto que sabía que en manos de unos niños no duraría mucho.
¡Es raro!: Andrés, huérfano al nacer, era un joven que ansiosamente buscaba algún elemento en el que verter todo su amor. Con el paso del tiempo, fue trabajando y enriqueciéndose. Un día se encontró un cachorro, al cual acogió y crió como si de un hijo se tratase. Pero seguía sintiéndose vacío. Tiempo después se decidió a ir a una corrida de toros. Al llegar a la plaza se decidió a visitar a los caballos de los picadores, una vez allí, no pudo evitar comprarse uno. El perro y el caballo se hicieron íntimos compañeros, Andrés se sentía el hombre más feliz del mundo, pero, aún se sentía vacío, necesitaba el amor de una mujer. Pasó el tiempo y comenzó a hacerse rico. Un día en el bosque, observó a una muchacha, habló con ella, y meses después pactó la boda con su madre. Ahora sí, con la mujer, el caballo y el perro, se sentía totalmente completo; pero esta felicidad no le duraría demasiado. Un día, comenzó a escuchar ruidos extraños en su casa, pensó que eran ladrones y se acercó a la aldea en busca de ayuda. Volvió a casa, y se encontró al perro muerto y a su mujer y el caballo desaparecidos. Tras horas y horas corriendo en busca de ellos, le dijeron que se había fugado el ladrón y la mujer, dejando atrás al caballo exhausto. Todo esto hizo que Andrés muriera de pena.
El aderezo de las esmeraldas: Bécquer nos narra una historia que le contó un amigo suyo. Una noche que se encontraba caminando sin rumbo, paró delante de una tienda de joyas, pensando a quién de sus amigas le regalaría qué. De repente exclamó una voz: «¡Qué hermosas esmeraldas!». El hombre se decidió a comprarle esas esmeraldas, pero primero tenía que conseguir el dinero; para conseguirlo, escribió un libro, del cual no sacó más que 3000 reales, con lo que aún le faltaba dinero. Decidió usar lo conseguido con la venta del libro para apostar y así conseguir lo que le restaba. Una vez conseguido el dinero, y comprado el aderezo, pactó con una de las doncellas de la dama para que colocase la joya sin que esta se diera cuenta. De repente, una noche, en uno de los más importantes bailes de la ciudad observó a la dama con su joya, tal fue su alegría, que esa noche soñó con la mujer. Días después se encontraba en un círculo de jóvenes en el cual estaban hablando de lo extraño del caso del aderezo y la dama, cuando uno de ellos comenzó a injuriar acerca de la mujer. Esto provocó una pelea entre ambos, que provocó que el protagonista quedase en cama enfermo y con fiebre. Fue en ese momento cuando se abrieron las cortinas, y apareció la dama. En el momento final de la historia, el amigo le comenta a Bécquer que no es más que una farsa que se acaba de inventar.
La venta de los gatos: en esta leyenda es Bécquer el mismo narrador. Cuenta que un día paseando por el barrio de San Jerónimo de Sevilla se encontró con una venta en la cual había gran multitud y alegría. Se decidió a parar en dicho lugar y mientras se tomaba algo, observó a una chica, que era la cantante en un coro femenino y la retrató. Al terminar, se disponía a abandonar la venta, cuando un joven, el responsable del coro masculino se le acercó y rogándole que le regalase el retrato de su amada, le mostró todos sus sentimientos. Después de esto, el autor abandonó Sevilla, a la cual volvió 10 años después.Al volver allí, y una vez habiendo paseado por toda la ciudad, retornó al barrio de San Jerónimo, en busca de tan alegre venta. Una vez allí, se dispuso a tomar algo en el mismo lugar en que 10 años atrás había estado, pero todo había cambiado. El ventero comenzó a contarle todo lo sucedido allí: La chica a la que había retratado, Amparo, se prometió con el chico de la guitarra. Estaban a punto de casarse, cuando un día, se acercaron a tal lugar unas personas pidiendo información sobre Amparo. Esta había sido arrancada de los brazos de su padre, un poderoso hombre, y este quería recuperarla. Consiguieron lo que querían, se llevaron a Amparo. Esta tras mucho tiempo, murió de pena, y al pasar la comitiva por delante de la venta, el chico con el que se había prometido salió, les acompañó hasta el cementerio y se volvió loco.
Otras leyendas:
El rey Alberto.
La vuelta del combate.
Las hojas secas.
Memorias de un pavo.
La mujer de piedra (inacabada).
Amores prohibidos.
La Cueva de la mora.
La arquitectura árabe de Toledo.

Rimas y Leyendas

Bécquer publicó la mayoría sus leyendas de forma irregular, en formato folletín o novela por entregas, en un margen de 54 años, de 1858 a 1864, en varios periódicos madrileños de la época, como son el gran periódico centrista español El Contemporáneo, en el que ejerció como redactor, o La Crónica de Ambos Mundos y La América. Ese tipo de difusión condicionó en gran manera la temática y el momento de publicación de cada una. El Monte de las Ánimas se publicó poco antes del día de Todos los Santos, Maese Pérez, el organista, en Navidad, y El miserere, en Semana Santa. Además, la publicación de algunos de ellos en varias entregas, como Rayo de Luna, hizo que su estructura variara un poco para mantener la intriga durante todo el relato. Tras su muerte en 1870, sus amigos las publicaron en una edición que incluía las Rimas, que en un principio iban a ser costeadas por uno de los ministros del momento, Luis González Bravo, de Unión Liberal. Con un prólogo de Rodríguez Correa, la obra se editó en dos volúmenes con el título de Rimas y Leyendas, en 1871, para ayudar a la viuda y sus hijos económicamente. En sucesivas ediciones se iría ampliando la selección, que a partir de la quinta la obra ya constará de tres volúmenes. Actualmente, se pueden encontrar diferentes versiones de Rimas y Leyendas, dependiendo de la editorial y la edición, en las que varían las obras escogidas.

Repercusiones en el arte

El poeta Gustavo Adolfo Bécquer perteneció a la corriente literaria del Romanticismo, una corriente cultural y artística originada en Francia y Reino Unido a principios del siglo XIX. Surge como una transformación de un estilo anterior, el Neoclasicismo. Los términos romanticismo y romántico se usan a menudo para expresar una determinada actitud sentimental, generosa e idealista, y se aplica a la descripción de hechos y situaciones de todas las épocas. El Romanticismo no surge tan solo como un estilo artístico, sino también como una actitud vital que afecta tanto al arte, la literatura y la música como la propia manera de vivir. Las raíces ideológicas del movimiento romántico se hunden en los grandes pensadores del siglo XVIII, especialmente en Rousseau y en la filosofía alemana vinculada al nacimiento del nacionalismo.

El Romanticismo en la pintura se basó en varias ocasiones en la literatura. Encontramos diversos ejemplos de la influencia de la literatura romántica en la pintura. Uno de ellos es el verso de Goethe “En todas las cumbres está la paz” que sirve de inspiración para la pintura de Caspar David Friedrich, El caminante sobre el mar de niebla. Otra muestra de ello es La muerte de Sardanápalo, una traducción pictórica de un poema de Lord Byron.

Otros pintores románticos transportaron obras literarias al lienzo. Dante y Virgilio, con sus escritos sobre el Infierno, inspiraron a William Blake para su cuadro Las puertas del infierno.

La obra de Bécquer y sus repercusiones posteriores.
La literatura romántica sirvió de inspiración para muchos pintores. Para comenzar debemos señalar el retrato a Gustavo Adolfo Bécquer, realizado por su hermano Valeriano Domínguez Bécquer. Se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Algunas de las leyendas de Bécquer han sido transportadas a la pintura. Una de las más retratada es El Monte de las Animas. Incluso el propio autor también pintó esta leyenda.

jueves, 11 de junio de 2015

Umberto Eco entrevista



Clac, clac. El paso de Umberto Eco por las calles de Milán es acompasado por los golpes de su bastón contra el pavimento, mojado por una lluvia suave de otoño. Con ese bastón de sauce, su sombrero modelo Fedora, su gabardina y unos andares nerviosos, Umberto Eco tiene el aspecto de ser un detective clásico que nos guiara por una ciudad de otro tiempo, repleta de conspiraciones, anécdotas y aventuras.
El hombre que, siendo uno de los semiólogos más importantes del mundo, se reinventó en 1980 como novelista con El nombre de la rosa, libro que lleva ya vendidos 50 millones de ejemplares, se dirige a su casa, situada en una de las dos mejores plazas de Milán, frente al imponente Castello Sforzesco, punto de atracción de los turistas y que Eco desmitifica con una simple frase: “Bueno, es una copia del siglo XIX, como todo el gótico francés”.
Una vez en casa, cuelga sus cosas en el perchero –donde reposan media docena de sombreros y, al lado, muchos más bastones– y, mientras los visitantes se sorprenden del moderno interiorismo, con paredes de color blanco, grandes ventanas diáfanas, muebles de diseño, butacas ergonómicas –“¿qué pasa?, ¿esperaban un monasterio medieval?”–, nos pasea por “el pasillo de la literatura”, una parte de su impresionante biblioteca de 35.000 volúmenes, que se distribuye de modo aleatorio por las dos plantas del domicilio. “Este es el estudio de los ensayos, allá junto al lavabo tengo a los lógicos ingleses”, dice señalando un lugar en el que no reina ningún orden aparente. Pero ¿puede orientarse en este caos bibliográfico?

“¡¿Caos?!”, clama fingiendo indignación. “¡A ver, dígame el nombre de un filósofo!”.

“Mmm... Hume”. Y Eco aparta una butaca giratoria que le había salido al paso y avanza enérgicamente hacia uno de los tres tabiques de estanterías de su despacho, para agarrar un grueso volumen que contiene la Investigación sobre el entendimiento humano del ensayista escocés. “¡Dígame otro!”. Y, así, van apareciendo Aristóteles, Aquino, Wittgenstein... Como si respondieran al llamado de este acelerado personaje al que nadie le echaría sus 83 años.
“Un dicho alemán dice: ‘Aprendo una palabra al día’, y yo las tengo todas aquí”, ríe.

Cansados de que nunca falle localizando sus volúmenes –a veces en los lugares más inverosímiles– le preguntamos: ¿nunca ha perdido un libro? “Por lo general, no, tengo muy buena memoria posicional, el drama es cuando yo recuerdo uno de hace treinta años con la portada verde y se ha descolorido y vuelto ya amarilla, en ese caso no lo encuentro”.

Tiene etiquetas temáticas sobre los estantes, “pero todas están equivocadas”, superadas por la constante acumulación. En una cajita guarda su colección de pipas, sobre la mesa de trabajo reposa una lupa, tras unas vitrinas adivinamos manuscritos medievales, y en el salón hay una escultura de Hermes de mármol, unos facsímiles de los evangelios sobre un atril… También pasamos ante un muro que él llama “mi cementerio” porque en él cuelga fotos de sus amigos muertos, como la actriz Franca Rame, esposa de su vecino, el nobel Dario Fo. Pero lo que a él le hace más gracia es una viñeta de The New Yorker que ha enmarcado, “la mejor de su historia”: en ella se ve a un niño a quien su madre le dice: “No, tú has sido parido, no descargado”.

El escritor conserva también la caricatura que le hizo el dibujante Georges Wolinski, del semanario Charlie Hebdo, asesinado el pasado enero en París, en la que se lee: “¡Viva Umberto!”. “Tenía mi misma edad…”, sacude la cabeza. Hay dos ordenadores al lado, uno para su secretaria y otro para él, en el lugar donde escribe sus novelas, aunque confiesa que “no tengo reglas. Puedo pasarme horas escribiendo sentado en el baño, de hecho bastantes veces. Y en mi casa del campo soy aún más productivo, la tengo en Montefeltro, no lejos de Urbino y San Marino, en las colinas, con valles y bosques alrededor, una zona salvaje, huyendo de la Toscana, que es un país de pijos extranjeros.
En realidad, mis mejores ideas me vienen cuando nado, ya sea en el mar o en la piscina. Hay escritores profesionales, como mi amigo Vargas Llosa, que se marcan un horario estricto, escriben hasta las cuatro y luego ven a los amigos, pero yo sería incapaz de hacer una cosa así, tan metódica, soy italiano”.

Muerde tabaco constantemente y su interlocutor llega a temer que, en algún momento, vaya a escupir todo ese material, pero no, por lo que se deduce que acaba tragándoselo. “No se asusten, fumé en pipa de los 20 a los 60 años, pero la tenía siempre en la boca y la tuve que dejar. Sé que da una imagen rara esto de mascar un cigarrillo, el otro día una señora me dijo: ‘¿Por qué no lo enciende? Va todo el día con eso en la boca’ y yo le respondí: ‘Señora, ¿no ha tenido nunca usted cosas en la boca sin encenderlas?’”.

En el recorrido por la vivienda, solamente hay una zona vedada: “¡No, ahí no se les ocurra entrar! ¡Es el territorio privado de mi mujer. ¡Zona sagrada!”. “Umberto, por favor…”, sonríe, al otro lado, la alemana Renate Ramge, su esposa desde 1962.

Él insiste en que nunca ordenará todo lo que vemos: “No quiero que nadie ponga sus manos aquí. En el sótano guardo las cajas con los manuscritos.

Tengo ofertas de las universidades norteamericanas. Un conocido autor italiano, que no quiero nombrar, recibió una oferta de una universidad por el manuscrito de su novela… y él lo había tirado a la basura. ¿Saben qué hizo? Tomó un libro impreso y se lo dio a una secretaria para que lo volviera a pasar a máquina, luego borró muchas líneas, simuló unos tachones y volvió a escribir lo que estaba escrito pero a mano, como si fueran correcciones… y lo vendió por varios miles de dólares, ¿qué les parece? Yo lo dejo todo así, porque ¿qué harían, si no, mis estudiantes cuando me muera? Hay que pensar en dejar trabajo a las generaciones futuras…”.

Umberto Eco lleva más de 40 años viviendo en Milán, la capital editorial de Italia, donde tienen su sede los grandes grupos como Mondadori, Rizzoli o Mauro Spagnol, mientras que Turín y Roma albergan editoriales más pequeñas.
Nació en Alessandria (no la egipcia, sino la italiana) en 1932, y empezó a publicar en 1956, en concreto su tesis doctoral, titulada El problema estético en Tomás de Aquino.

Le seguirían, años después, ensayos míticos como Apocalípticos e integrados (1964) y el Tratado de semiótica general (1975). El éxito que obtuvo en su estreno como novelista, con El nombre de la rosa en 1980 –adaptada al cine en 1986 por Jean-Jacques Annaud, con Sean Connery– le hizo publicar después otras ficciones como El péndulo de Foucault (1988), La isla del día antes (1994), Baudolino (2000), La misteriosa llama de la Reina Loana (2004) o El cementerio de Praga (2010).
Este año ha sacado a la calle Número cero, una sátira ambientada en la Italia de 1992, donde un empresario parecido a Berlusconi pone en marcha un periódico que no se publica, solo cierra números cero, con la intención de traficar con la información y conquistar espacios de poder.


¿Cómo era su padre, professore?

Era el director de una empresa que vendía hierro y bañeras. Combatió en todas las guerras: la del 14-18, luego lo enviaron al frente de Libia, y en la Segunda Guerra Mundial. No tuvo una vida fácil.

¿Qué influencia tuvo en su vocación de escritor?

Era hijo de un tipógrafo, y yo he puesto en mi última novela nombres de familias tipográficas a los personajes. Mi padre tuvo 12 hermanos, no podían comprarse libros, y se iba a los quioscos a leer los fascículos de las novelas por entregas, hasta que el quiosquero lo echaba, se iba a otro quiosco y allí leía otro trozo. Colecciono aún libros impresos por mi abuelo. Yo leía en su casa, recuerdo Los tres mosqueteros de Dumas, ilustrado por Maurice Leloir.
Cuando murió, se le quedaron muchos manuscritos por editar en una caja, novelas populares a las que nadie hizo caso. Esa caja terminó en el almacén de mi familia y yo a los 8 o 10 años devoré esos manuscritos, eran aventuras fantásticas.
La otra influencia fue mi abuela materna, una mujer que no tenía educación, tal vez la primaria, pero sí una pasión increíble por la lectura, se iba a las bibliotecas y siempre tenía un montón de novelas en casa. Leía Balzac o Stendhal como si fueran una novela rosa, sin sentido crítico, pero me prestaba esos libros y yo me sumergía en la gran novela francesa a los 12 años.

¿Y su madre?

Mi madre leía revistas, cuentos de las revistas femeninas… Leyó Madame Bovary, de vez en cuando aceptaba esos libros. Pero la verdad es que yo no crecí en una casa rodeada de libros. Ahora, esta tarde, viene mi nieta, que tiene 14 meses, y ella ya podrá decir otra cosa, porque se pone a jugar con mis incunables.

De niño, fue feliz ¿a pesar de la guerra?

Siempre tienes la nostalgia de la infancia. La mía es la de aquellas noches en los refugios antibombardeos, en un sótano muy oscuro y húmedo, fuera se escuchaban las bombas.
Nos despertaban en casa a las tres de la madrugdaa y nos llevaban abajo rápidamente, los padres estaban asustados mientras los niños jugábamos. Para mí es un recuerdo agradable, y hubiera podido morir…

¿Qué quería ser de mayor?

Antes de los cinco años, conductor de tranvía, porque siempre que subía a uno me fascinaba la maleta tan bonita que tenía, con todos los billetes dentro. Mi editora, hace veinte años, encontró una maleta de esas y me la regaló. Luego quise ser oficial del ejército, crecí en la época fascista. Andaba como un soldado por la calle, digamos que hasta los ocho o nueve años.
 Luego ya quise ser periodista. Pero me inscribí en la Facultad de Filosofía, aunque no me veía haciendo carrera universitaria, me parecía algo muy complejo, buscaba trabajo en editoriales con la idea de, a los 40-45 años, hacerse profesor sin mucho compromiso, sin dar muchas clases, como externo, la libre docencia. Pero, en realidad, hice eso a los 29 años.
francia vera valdes

Nadie se cree que un libro de Umberto Eco se lea en dos tardes. Este último, Número cero, no parece escrito por usted…

Mis novelas anteriores eran sinfonías, este es un solo de Charlie Parker. Lo mejor fue la llamada de mi editor francés, que me hizo mucha ilusión: “Umberto, ¡esta novela parece escrita por un jovencito!”. Mis novelas anteriores me tomaron al menos seis años de trabajo cada una, pero esta se basa en experiencias personales, en noticias políticas fáciles de encontrar y solo me ha ocupado durante un año.

¿Tan mala imagen tiene de los periodistas?

Describo un periódico asqueroso, que juega con la información no para publicarla, sino para especular. Por lo general, los periódicos no son así. Pero ilustres periodistas italianos como Scalfari me han dicho: “Umberto, señalas algunos de nuestros problemas más graves, las taras del periodismo de hoy”. Roberto Saviano, tal vez exagerando, ha dicho que es un manual de periodismo. ¿Qué denuncio yo? Si un periódico entrevista al presidente, el poder de influencia de esa entrevista debería ser sobre el público, no sobre las altas esferas, que es lo que está sucediendo. Se hace periodismo para las élites.

El chantaje de hoy no es que yo le digo a mucha gente que usted ha robado, sino que se lo cuento solamente a dos. Voy a la mesa de una persona importante, le cuento la noticia y sugiero que podría contar más. Ahí es donde los periódicos tienen su verdadero poder, no sobre el hombre de la calle que lee el mismo texto de una forma distraída y no se da cuenta de los mensajes en clave.
¿Por qué hay tantos pequeños periódicos que venden muy poco pero reciben subvenciones?
 Porque su función es la de enviar un mensaje privado. Dicen: “Yo sé algunas cosas y podría decir más”, y con eso consiguen favores.

Usted dice que se puede engañar diciendo la verdad. ¿Cómo?

¡Claro! Es lo que hacen los periodistas que activan la máquina del fango, no es necesario lanzar acusaciones muy graves: de asesinato, robo… Si no tienes eso, y quieres desacreditar a alguien, basta una sombra de sospecha sobre el comportamiento cotidiano.

Hay un juez italiano al que destruyeron con una chorrada: lo describieron sentado en un banco, en un parque público, no hay nada malo en eso, pero no se corresponde a la imagen clásica que tenemos del juez. Se dijo que quizás fumaba marihuana como otra gente que iba al parque, que era extraño que estuviera allí con tantos casos pendientes en su juzgado, se puso énfasis en sus calcetines ridículos de colores… Y, hace un tiempo, un periódico que me tenía manía publicó unas insinuaciones sobre mí, dijo que me habían visto comiendo en un restaurante chino, con palillos, y con un desconocido.
Un desconocido para ellos, claro, porque era un amigo mío. Pero lo explicaban de una manera que daba pie a sospechas, porque decir que alguien está con un desconocido te hace pensar en una novela de espionaje, y si hay palillos y chinos de por medio casi puedes ver al Doctor Fu Manchú. Así actúa el ventilador del fango…
En Internet hay páginas que aseguran que usted está a punto de ser padre, que tiene inversiones en restaurantes y en empresas de vodka… Parece que haya creado usted estas webs de noticias falsas como promoción…

¡Ni lo sabía! Una vez se escribió en Wikipedia que éramos 13 hermanos y que me había casado con la hija de mi editor. También se publicó mi muerte, una noticia que considero algo prematura.

Sus novelas anteriores daban pie a teorías de la conspiración, pero ahora parece usted reírse de ellas…

Uno de los periodistas se pregunta: “¿Y si en vez de ejecutar a Mussolini hubieran matado a su doble?”. Todo se basa en detalles de la verdad histórica. La historia de Mussolini me atrae, cuando huía de Italia y le salió al paso su esposa, no quiso ni saludarla, eso es un hecho real, del que el periodista fantasioso extrae la conclusión de que no era el auténtico Mussolini. Mussolini forma parte de mi vida, fui muy amigo de Pedro, el militar que lo arrestó.
Y conocí al coronel Valerio, que lo mató, del cual se descubrió años después quién era, Walter Audisio, que vivía a dos manzanas de mi casa. Mi padre siempre lo saludaba por la calle en Alessandría, aunque no llegaron a ser íntimos.

Se ocupa también últimamente de lo que llama el stay-behind, las operaciones secretas de los Estados…

Es escalofriante ver todos los crímenes que cometen a diario los Estados, pero no solo las dictaduras, sino también los Estados democráticos. No se salva un solo país. Mis personajes de Número cero acaban diciendo que se irán a América Latina.

Pero no será porque no hay allí crímenes…

Sí, pero ellos dicen que al menos allí no son secretos, porque ya se sabe que el narcotráfico forma parte de las estructuras de ciertos Estados. Italia, a principios de los noventa, todavía parecía que podía salvarse, porque empezaban los grandes procesos judiciales contra la corrupción, pero hoy ya está igual que esos países que han asumido como una fatalidad que el crimen se introduzca en las estructuras estatales. Italia asume que el crimen forma parte del Estado, que está ahí infiltrado.

¿En qué año se jodió Italia?, parafraseando a Vargas Llosa…

Hacia 1994, cuando llegó Berlusconi.

¿Aún da clases?

Bueno, voy una vez al mes a Bolonia. Doy alguna, sobre todo conferencias, dirijo la escuela superior que organiza los doctorados. Tengo la necesidad de hablar en público y explicarme, debo calmar esa necesidad.
Dar clases permite darte cuenta de que haber escrito un libro sobre un tema no quiere decir que conozcas bien ese tema, en un libro te quedas tan ancho, dices: “la influencia de Baudelaire en Joyce”, y ya está, pero en clase los alumnos te exigen que se lo aclares bien y así descubres nuevas cosas y planteamientos falsos. Yo ya nunca escribo un libro sobre un tema sin haber dado antes clases sobre eso.

De hecho, su libro más influyente es Cómo se hace una tesis, ¿verdad?

Yo diría que hasta el más leído. Millones de estudiantes lo han usado en todo el mundo como guía para redactar sus tesis. Ahora lo han publicado en Estados Unidos y tiene unas críticas entusiastas, sigue siendo útil en la era de Internet aunque yo la haya escrito a mano. Después de mi muerte, ese será el único libro que me sobrevivirá.

Usted solo ha escrito siete novelas, pero 40 ensayos…

Bueno, 42.

Pero para la gente es un novelista. ¿Le disgusta?

No, porque la mayoría de mis obras se dirige a un público más restringido. Yo escribí mi primera novela tardíamente, cuando salió El nombre de la rosa ya tenía 48 años. Quería editar unos 2.000 ejemplares de ese libro en una pequeña editorial muy selecta, pero me llamaron enseguida el gran Giulio Enaudi y el director de Mondadori para ofrecerme un gran contrato y una tirada de 30.000 ejemplares, sin haberlo leído. Me emocioné y con el dinero de ese adelanto me compré una maleta de cuero, muy bonita, que todavía conservo.

Hay varios editores que cuentan que usted salvó sus editoriales con El nombre de la rosa…

Ah, sí, como Esther Tusquets, que la publicó en español. Cuando empecé con ella, trabajaba allí, en Lumen, Beatriz de Moura, la fundadora luego de Tusquets y su marido; estaban reconvirtiendo una editorial de libros religiosos en otra más literaria, y no fue sino conmigo, y con Mafalda de Quino, cuando empezaron a tener éxito. ¡Ah, Beatriz de Moura era la mujer más guapa de la feria del libro de Fráncfort! Eso es mucho…

¿Qué son los eruditos hoy?

Es una paradoja, pero la verdad es que suelen ser perdedores. Vivimos en un mundo en que el físico que gana el Premio Nobel no sabe nada de la historia de la literatura. Puede haber un corrector de libros que sea un sabio, pero ese conocimiento excelso no le sirve para nada en la vida. Hoy se da un fenómeno de hiperespecialización, que es muy estadounidense.
Así que los grandes sabios son muchas veces empleados de correos a media jornada u oficinistas grises. El otro día le dije a un prestigioso profesor de literatura francesa de una universidad de Estados Unidos que estábamos llegando a un “taylorismo” de la cultura, es decir, que cada uno es capaz de hacer solo una sola cosa. Y me preguntó: “¿Qué es el taylorismo, Umberto?”. Pues eso mismo que le pasa a él, que no sabe casi nada de ninguna otra cosa que no sea lo suyo.

Lleva más de 40 años viviendo aquí en Milán. ¿Cómo ve la política en el norte de Italia?

La Liga Norte quería dividir Italia proclamando la independencia, pero ahora se ha unido a los fascistas, nacionalistas italianos, porque el nuevo líder de la Liga es un oportunista, y lo de la independencia ya no resulta prioritario.
Es un hombre sin ideología que se sube al caballo ganador y se está mezclando con la extrema derecha. Cada vez es más difícil saber qué es este partido.

Se ha publicado que prepara usted una secuela de El nombre de la rosa.

No. Sí me lo pidieron, pero dije que no. Fue mi editor en inglés. No le diré la cantidad que me ofreció. Pero ese libro ya está escrito y no hay más que añadir.

¿Perdió la fe estudiando a Tomás de Aquino?

Coincidió, sí, percibí unos problemas político-religiosos que me alejaron de la Iglesia. Mi tesis doctoral la empecé habitando el mundo de santo Tomás y la entregué ya desengañado, cuando ya vivía en otro mundo.
 Eso le da al texto un carácter más rico, porque tiene ambas visiones, desde dentro y desde fuera.

Fue también guionista de televisión…

A finales de 1954, en los inicios de la televisión, la RAI tuvo un nuevo presidente que quiso abrir puertas. Convocaron un concurso para reporteros televisivos, con el fin de renovar las caras. Nos fueron a cooptar a unos cuantos. El filósofo Gianni Vattimo y yo sacamos la máxima puntuación y nos contrataron, sin haber hecho ni siquiera un curso de TV ni nada previamente. Me fui a los tres o cuatro años, pero los que se quedaron llegaron a ser grandes jefes.
Yo me fui al departamento artístico, que hacía la parrilla de programación, era un trabajo muy aburrido, pero que me permitió conocer toda la organización y estructura de la RAI. Entonces había un solo canal, en blanco y negro, pero a las nueve de la noche ponían Shakespeare, Guerra y paz, o Pirandello, y a la gente le iba bien, lo veía.
Ahora veo programas en que gritan y se insultan. La televisión antigua era mejor en eso, casi no había programación basura. Los jóvenes ahora miran más YouTube, no sé si serían capaces de ver una película de Wim Wenders que dura cuatro horas.

¿En qué trabaja?

En cosas filosóficas y semióticas, preparo la edición de todos mis escritos de semiótica, serán unas 3.000 páginas. La semiótica es muy útil, yo la llamé la teoría de la mentira porque hay unos signos que se ocupan de algo que me permite decir lo que hay, pero, aún más, hay otros que me permiten decir lo que no hay y nunca ha estado.
La semiótica es todo aquello que se utiliza para decir mentiras. Otro trabajo enorme que tengo es revisar todas las traducciones de mi nueva novela, y debatir con los traductores de cada lengua.

¿Aún lee cómics?

Solo los antiguos, que compro en los mercadillos, cosas de mis tiempos, porque las novelas gráficas de ahora me parecen demasiado difíciles.

¿Más que esos textos medievales que tiene por ahí?

¡Sin duda! El cómic hoy se ha convertido en un género extremadamente difícil de descifrar.

Este año se celebra la Exposición Universal de Milán, ¿qué va a hacer?

Huir a mi casa de campo. Me corresponde presentar un acto sobre el primer libro publicado en Italia de Cicerón… y luego me iré corriendo.

lunes, 1 de junio de 2015

Las claves políticas de 'Juego de tronos', por Pablo Iglesias


Introducción

En el mapa de la política española, Podemos se ha significado como una familia que aspira al Trono de Hierro. Mueve sus fichas y cuenta con un ejército de fieles que afirman darles su voto. Pablo Iglesias es el aspirante. El líder de Podemos siempre ha mostrado predilección por Juego de tronos. No sólo ha llegado a comentar la serie, sino que ha coordinado el libro Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos (editado por Akal).

Iglesias escribe el prólogo de la publicación, donde aporta su análisis político de la serie. Un ejercicio de trasladar a la realidad los pensamientos o ideas que le inspiran la ficción. En la recepción de Felipe VI a los eurodiputados españoles en los pasillos del Parlamento Europeo, en Bruselas, Iglesias se saltó el protocolo para entregar al Rey una caja con los DVD de la serie.
"Creo que le aportará algunas claves para entender la política española", le dijo Iglesias. Estas son algunas de las lecciones políticas que el líder de Podemos extrae de la serie:

Lucha a muerte por el Trono de Hierro

Juego de tronos

¿Qué se le regala a un rey?


Pues la serie de moda, Juego de tronos. Y si el regalo viene de Pablo Iglesias, la anécdota seguro que da que hablar. Aprovechando la visita de Felipe VI, el líder de Podemos le entregó un pack con la serie de HBO, de la que Canal + Series emite ahora su quinta temporada. "Me parece muy bien, no la he visto", contestó Felipe VI al recibir la serie.
Ahora descubrirá lo complicado que tienen los personajes de Juego de tronos llegar al trono de hierro, o la influencia que puede tener en un monarca el personal del que se rodea. ¿Qué claves políticas se pueden sacar de Juego de tronos? Repasamos algunas de las enseñanzas que se extraen de la serie y rematamos la entrada con algunas frases memorables sobre política que se han escuchado en la serie.

Primer paso: posicionarse (por Berta Ferrero)



¿Qué puede aprender Felipe VI de Juego de tronos?

 Lo mejor cuando uno empieza a ver la serie de los Siete Reinos es tener claro con qué familia posicionarse, cuáles siguen tus normas, cuáles pagan tus deudas. Si te posicionas con los Lannister, tienes poder. Eres odiado por regla general porque es inevitable tener a un Joffrey en tus filas, una Cercei poderosa y un Twyn que mueve de forma estratégica las piezas del ajedrez.
Si eres Stark , puedes tener al pueblo de cara, no buscas el poder, sino justicia, y es posible que tu familia acabe tan mermada y dispersa que no sirva para reinar ni para aconsejar. Si eres un Baratheon, es posible que a veces consigas lo que quieres con buen talante,  pero eres tan vulnerable que una copa de vino mal tomada puede ser tu perdición. Y claro, tus familiares fanáticos son capaces de cualquier cosa para conseguir el trono redentor.
¿Y si eres un Targaryen?
Puedes reinar, ser desterrado, luchar por volver a reinar y tener a tu lado a un pueblo liberado y a tres dragones salvajes. Menudo dilema para el Rey. El de España, claro. Si uno se pone en su piel, seguramente quiera un poco de lo mejor de cada casa para ponerlo en práctica en esta España: pagar siempre sus deudas, ejercer con justicia, disponer de buen talante y liberar pueblos esclavos que apoyen su causa sin discusión. Y está claro, de todo Juego de tronos, Tyrion Lannister es la solución.


Tyrion

Segundo paso: paralelismos políticos (por Eneko Ruiz Jiménez)


El arco histórico de Poniente y España comparten rasgos aparentemente obvios, pero también es cierto que los paralelismos podrían darse con la tradición política de cualquier otro país, si las similitudes se saben buscar y puntualizar. La historia de Juego de tronos beneficia a Pablo Iglesias, que desde su perspectiva sale ganando contra ese régimen antiguo machacado una y otra vez. Ser rey en Desembarco del Rey no es buena idea. No duran demasiado.
El relato no es ajeno, sin embargo, a nada que no se haya contado antes. Si se busca leer o ver Juego de Tronos con ánimo didáctico, más allá del puro entretenimiento, el Rey, y cualquier otro monarca y líder político, harían bien antes en aprender de la británica guerra de las rosas en la que se basó George R.R. Martin para escribir su novela. La historia, al fin y al cabo, es cíclica y no deja de repetirse en el tiempo.

Tercer paso: forjar alianzas (por Miguel Ángel Medina)


Juego de tronos […] puede servir para entender la crisis política que vive nuestro país”, ha explicado Pablo Iglesias, que regaló la serie a Felipe VI. Si en algo se parecen ambos mundos, el monarca debería aprender que no hay que cabrear a los aliados del norte, porque entonces se te sublevan; que hay que forjar alianzas poderosas con representantes de todos los reinos y que un rey jubilado sigue ejerciendo el poder en la sombra a no ser que su hijo le demuestre quién manda. Los vericuetos del poder zizaguean y quien hoy es tu enemigo mañana puede ser tu soporte. Así que no hay que minusvalorar a los novatos de pelo largo que reclaman para sí el Trono de Hierro, porque pueden acabar sirviendo tu cabeza en una estaca. Mucho mejor darles la mano y aceptarle los regalos. Menos el vino.
Stark

Cuarto paso: vigila tu espalda...  y tu cabeza (por Manuel Morales)

Lo más evidente que podría aprender el rey Felipe VI de la serie de HBO es a no confiar en nadie, ni en la familia. Los Stark han sido fieles en ese aspecto, y así les va, por ahora. Sin embargo, los Lannister son el mejor ejemplo de que quien bien te quiere, te hará llorar. Otra enseñanza es que un aparentemente amigo o aliado puede apuñalarte por la espalda en cualquier momento, como quedó sobradamente demostrado en La boda roja.
Además, para saber que la vida da muchas vueltas, no hace falta ni empezar a ver la architarareada sintonía de la serie: hoy se es plebeyo y mañana te coronan; hoy duermes en sábanas de seda y la noche siguiente tienes que defecar en un cajón con agujeros, como el pobre Tyrion.
Lo más inquietante de esta serie, quizás, para el rey Felipe VI es constatar que ya seas un buen rey o un tirano, puedes acabar igualmente con la cabeza atravesada por una pica. El destino está en manos de George R. R. Martin, que no sabemos si es muy monárquico.

Quinto paso: ...y no te fíes ni de los que te traen regalos (por Bernardo Marín)

El Rey también puede aprender de Juego de tronos a no fiarse de quienes le traen regalos. En el primer capítulo de la tercera temporada, una niña de apariencia inocente le regala a Daenerys una bola de madera que contiene una mantícora, especie de escorpión con cabeza humana, que está a punto de picarle. En la cuarta temporada, Dontos le regala a Sansa un collar con piedras púrpuras, una de las cuales contiene un poderoso veneno.
La joya convierte a la joven Stark en cómplice involuntaria del asesinato de su antiguo prometido, el rey Joffrey. Ya lo dijeron los clásicos. “Timeo danaos et dona ferentes [temo a los griegos hasta cuando traen regalos]”, advertía profético un sacerdote troyano en La Eneida al ver el caballo que les habían dejado sus enemigos. Juego de tronos enseña que no es que no haya que fiarse de los presentes de los griegos, es que no hay que fiarse de los de nadie. Aunque sea un pack con las cuatro primeras temporadas de una serie de televisión.



Varys

Frases para el buen gobierno.


Varys representa el idealismo por un reino en paz, tranquilo, bien gobernado por quien debe gobernarlo (eso sí, utiliza espías y no tiene miramientos). Estas frases le definen y bien podrían estar de actualidad en estos días:

"Cualquier tonto con un poco de suerte puede encontrarse en una posición de poder al nacer. Pero ganártelo por ti mismo, eso requiere trabajo".
"Hemos crecido tan acostumbrados al horror que hemos asumido que no hay otro modo".
"Paz. Prosperidad. Una tierra donde los poderosos no se aprovechen de los débiles".
"No creo en salvadores. Creo que hombres con talento tienen una parte que jugar en la guerra venidera".
"Movámonos deprisa. Esto ya no es un juego de dos jugadores".
"Dadas las circunstancias, creo que medidas extremas son necesarias".
"El poder reside donde los hombres creen que reside. Es un truco. Una sombra en la pared. Y un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy larga"

Los cuentos de la Alhambra


Cuentos de la Alhambra es un libro escrito por Washington Irving en el año de 1829, publicado en 1832 bajo el título "Conjunto de cuentos y bosquejos sobre Moros y Españoles".

La primera edición fue publicada por Lea & Carey, en Filadelfia, (The Alhambra: A Series of Tales of the Moors and Spaniards, by the Author of "The Sketch Book" - 1832) y Henry Colburn y Richard Bentley, en Londres, (The Alhambra, by Geoffrey Crayon, author of "The Sketch Book", "Brace-brigde Hall", "Tales of a Traveller", New Burlington Street - 1832) en ediciones simultáneas, que incluía una dedicatoria a David Wilkie, R. A., compañero del viaje de Irving por España. En 1851 se publicó la versión revisada por el autor del texto.

Cuentos de la Alhambra se encuentra traducido a gran cantidad de idiomas y es considerado una de las obras más importantes de su autor.


El autor. Génesis de los Cuentos de la Alhambra

El autor de la novela Cuentos de la Alhambra es el escritor norteamericano Washington Irving (1783-1859). Adscrito a la corriente del romanticismo destaca en este libro la confluencia de su interés por España y sus tradiciones (algunos le consideran el primer hispanista extranjero) y la influencia del orientalismo.
Tuvo el privilegio de vivir en la Alhambra mientras escribía el libro Cuentos de la Alhambra. Después de recoger todas las leyendas de los habitantes de la Alhambra, y tras investigar en los archivos de la Biblioteca universitaria granadina, desarrolló un género de novela fantástica de imprescindible lectura.
Entre 1829 y 1832 fue secretario de la legación americana en España, bajo las órdenes de Martin Van Buren. Durante ese tiempo viajó entre otros lugares a El Escorial, Sevilla y Granada examinando los archivos que contenían documentación especialmente sobre todo lo relativo al Nuevo Mundo. Ello le sirvió de base para escribir Colón (1828), La Conquista de Granada (1829), Vida y viajes de Cristóbal Colón (1831). Su estancia en Granada le puso en contacto con la biblioteca de la universidad y le dio la oportunidad de alojarse durante una temporada en la propia Alhambra. Fue entonces cuando aprovechó para recopilar las leyendas y cuentos granadinos génesis de los Cuentos de la Alhambra.

Estructura

Esta original novela entremezcla una serie de narraciones o cuentos con el libro de viajes y el diario. El protagonista e hilo conductor es el propio autor, Washington Irving, que tras su llegada a España inicia un recorrido por tierras andaluzas que le llevan a Granada. Allí queda extasiado por la majestuosidad de la Alhambra en cuyas habitaciones se hospedará. Durante su estancia conoce a varios personajes, entre los que hay que destacar al que se convierte en su criado, Mateo Jiménez, que le acompañarán y le darán noticia de esos cuentos y leyendas que giran en torno al monumento y su pasado árabe.
Descubre así historias como la del astrólogo árabe que contribuyó con su magia a derrotar a los ejércitos enemigos; la de las tres hermosas princesas encerradas en una torre para que no se enamoraran; la del peregrino del amor también encerrado en una torre por su celoso padre; la del legado del moro que nos habla de un fabuloso tesoro encontrado por un aguador; la de la Rosa de la Alhambra en que se nos muestra un laúd maravilloso capaz de curar la melancolía del rey.
Pero al mismo tiempo el libro avanza por el tiempo presente (1829), correspondiente a la realidad que vive el autor. Esto le permite mostrar un rico cuadro de la Granada de la época, de sus calles, sus gentes, sus costumbres, etc.

La novela está dividida en los siguientes capítulos:

El viaje
Gobierno de la Alhambra
Interior de la Alhambra
La Torre de Comares
Consideraciones sobre la dominación musulmana en España
La familia de la casa
El truhan
La habitación del autor
La Alhambra a la luz de la luna

Imagen del interior de la Alhambra.
Habitantes de la Alhambra
El Patio de los Leones
Boabdil el Chico
Recuerdos de Boabdil
El balcón
La aventura del albañil
Un paseo por las colinas
Tradiciones locales
La casa del Gallo de Viento
Leyenda del astrólogo árabe
La Torre de las Infantas
Leyenda de las tres hermosas princesas
Visitadores de La Alhambra
Leyenda del príncipe Ahmed al Kamel o El peregrino del amor
Leyenda del legado del moro
Leyenda de la Rosa de La Alhambra o El paje y el halcón
El veterano
Leyenda del Gobernador y el Escribano
Leyenda del Gobernador manco y el Soldado
Leyenda de las dos discretas estatuas
Mohamed Abu Alhamar, el fundador de La Alhambra
Yusef Abul Hagig, el finalizador de La Alhambra