sábado, 25 de julio de 2015

Cantar de los nibelungos


Aldo ahumada chu han
El Cantar de los nibelungos (en alemán: Nibelungenlied) es un poema épico de la Edad Media, escrito sobre el siglo XIII, anónimo, de origen germano.
Este cantar de gesta reúne muchas de las leyendas existentes sobre los pueblos germánicos, mezcladas con hechos históricos y creencias mitológicas que, por la profundidad de su contenido, complejidad y variedad de personajes, se convirtió en la epopeya nacional alemana, con la misma jerarquía literaria del Cantar de mío Cid en España y el Cantar de Roldán en Francia.
En el Cantar de los nibelungos se narra la gesta de Sigfrido, un cazador de dragones de la corte de los burgundios, quien valiéndose de ciertos artificios consigue la mano de la princesa Krimilda. Sin embargo, una torpe indiscreción femenina termina por provocar una horrorosa cadena de venganzas. El traidor Hagen descubre que Sigfrido no es invulnerable, por haber sido bañado con la sangre de un dragón, salvo en una pequeña porción de su espalda donde se depositó una hoja de tilo y la sangre no tocó su piel. Aprovechando este punto débil, le mata a traición en un arroyo. Pocos años después Krimilda se refugia en la corte del rey Etzel (Atila) al acceder casarse con él y deja pasar el tiempo, hasta que en un banquete convocado por Etzel, tras una horrenda carnicería, Krimilda consigue vengarse, sus hermanos Geiselher y Gernot son asesinados y Gunter y Hagen capturados. Finalmente ordena decapitar a su hermano Gunter buscando la forma de conseguir que Hagen confiese donde ocultó el tesoro de los nibelungos, pero al negarse este, Krimilda toma la espada de Sigfrido y lo decapita. Hildebrando de Berna y el rey Etzel contemplan la escena e Hildebrando entrando en cólera por la vil muerte del aguerrido Hagen toma su espada y corta a Krimilda en dos.
El manuscrito del Cantar, el cual es conservado en la Biblioteca Estatal de Baviera, fue inscrito en el Programa Memoria del Mundo de la UNESCO en el 2009 como reconocimiento de su significancia histórica.
El compositor alemán Richard Wagner se inspiró en alguna medida en este poema épico y en la tradición mitológica germánica y nórdica para componer la tetralogía operática Der Ring des Nibelungen ('El anillo del nibelungo'). También fue llevada al cine por Fritz Lang en 1924 con el título de Los nibelungos.



Versiones de los manuscritos

Además de Nibelungenlied ('Cantar de los nibelungos') es conocido en alto alemán medio, idioma en que está escrito, como Nibelunge not por las palabras que aparecen en el último verso del manuscrito hallado en Hohenems (Austria) "daz ist der Nibelunge not", que significaría 'Ésta es la destrucción de los nibelungos'.
El poema en sus varias formas escritas se perdió al final del siglo  XVI, pero manuscritos tan antiguos como del s. XIII serían redescubiertos en el XVIII. Existen alrededor de 37 textos en alemán, en su mayoría fragmentarios, y una reelaboración en neerlandés, que sólo contiene la lamentación y un índice.
 El texto contiene aproximadamente 2.400 estrofas repartidas en 39 cantos. El título por el cual el poema ha sido conocido desde su descubrimiento se deriva de la línea final de una de las tres versiones principales, "hie hât daz mære ein ende: daz ist der Nibelunge liet" ('aquí la historia llega al final: éste es el cantar de los nibelungos'). Los manuscritos se encontraron sobre todo en la parte sur del área germánica (Suiza, Voralberg, Tirol).
 Los tres manuscritos completos más antiguos fueron denominados con letras en el siglo XIX por el filólogo Karl Lachmann en su obra Der Nibelunge Noth und die Klage nach der ältesten Überlieferung mit Bezeichnung des Unechten und mit den Abweichungen der gemeinen Lesart (Berlín: Reimer, 1826):

A = Manuscrito Hohenems-Münchener (último cuarto del siglo XIII), en la Bayerischen Staatsbibliothek (Cgm 34)
B = Codex Sangallensis 857 (mediados del siglo XIII o antes), en la Stiftsbibliothek St. Gallen (Cod. Sang. 857)
C = Hohenems-Laßbergische / Donaueschinger Handschrift (segundo cuarto del siglo XIII), desde 2001 en la Badischen Landesbibliothek Karlsruhe (Cod. Donaueschingen 63)1
La clasificación genealógica de los textos responde al último verso del texto. Así, los manuscritos A y B acaban con "daz ist der Nibelunge not" y el manuscrito C termina con "daz ist der Nibelunge liet". El texto C es una revisión con miras al público, cuyos elementos trágicos han sido suavizados, y es por ello que gozó de más popularidad, aunque desde la perspectiva moderna, el manuscrito B más logrado. Existen varios manuscritos que se asemejan al manuscrito C, conocidos colectivamente como *C. Son menos los que siguen el mismo patrón que el B; éstos se conocen como *B. El manuscrito A se presenta en gran parte muy cercano a B, pero no está escrito de una forma tan esmerada, y pertenece, por lo tanto, al grupo *B.

Estructura[editar]
Sigfrido vence a los nibelungos[editar]
En el reino de los nibelungos, vivía un rey llamado Nibelungo, quien tenía dos hijos: Schilbungo y Nibelungo. Ambos murieron a manos de Sigfrido. En realidad Sigfrido, caminando, se encuentra con unos hombres extrayendo un tesoro, quienes al verlo, lo llaman y le dicen a Sigfrido que los ayude a llevar el tesoro y que él se quedaría con una parte de éste. Sigfrido, ya cansado, sigue alzando el botín pensando en las grandes riquezas, pero cuando estaban por llegar a su destino, los hombres traicionan a Sigfrido e intentan asesinarlo. De la batalla sale victorioso Sigfrido, quedándose con todo el tesoro, y a su vez con 1.000 hombres, a los cuales se lleva a su reino y utiliza como esclavos. Se decía que el tesoro tenía una maldición.

El punto débil de Sigfrido

La acción del poema es la siguiente: Sigfrido y Krimilda son dos hijos de reyes. Tras múltiples peripecias, se conocen y se casan. Por otra parte, el hermano mayor de Krimilda, el rey Gunter, desea casarse con Brunilda, reina de Islandia, caracterizada por su belleza, su vigor físico y su bravura; el hombre que quisiera casarse con ella, primero habría de vencerla en combate. Sigfrido ayuda a Gunter, y con su manto mágico, que lo vuelve invisible, pelea sin que Brunilda se dé cuenta, con lo que Gunter consigue su propósito.
Al poco tiempo surge la enemistad entre Brunilda y Krimilda, cuando se descubre la treta entre Sigfrido y Gunter, por lo que la primera decide vengarse a través de Hagen, un caballero de la corte de Gunter que desea poseer el tesoro nibelungo de Sigfrido. Y lo hace a traición, ya que averigua por Krimilda cuál es el punto débil de Sigfrido, cuya imbatibilidad se atribuye a haber bañado su cuerpo con sangre de un dragón.
 Hagen mata en una cacería a Sigfrido, arrebata el tesoro a Krimilda y lo esconde. El ataque mortal a Sigfrido es posible ya que, en el momento de bañarse con la sangre del dragón, una hoja cubrió la espalda del héroe a la altura del omóplato, dejándola vulnerable.

La desconfianza de Hagen

La segunda parte tiene lugar seis años después de estos hechos. Atila, rey de los hunos, desea casarse con Krimilda, la cual, deseosa de vengarse de los asesinos de Sigfrido, accede. Krimilda va al reino de Atila, se casa con él y tienen un hijo. Pasan trece años y la heroína pide a su esposo que invite a la corte a su hermano el rey Gunter y su séquito. Este accede, pese a las recomendaciones en contra de Hagen.

Venganza de Krimilda

Gunter y Hagen parten acompañados de mil guerreros y tras un largo viaje llegan al castillo de Atila. Poco tiempo después de su llegada empiezan las escaramuzas, al principio con poca intensidad, pero después se generalizan. Mueren primero los caballeros menos importantes, y después lo hacen los de más valor. Hagen asesina al hijo de Krimilda y Atila. Al final, Gunter y Hagen son derrotados y hechos presos. Krimilda exige a Hagen que les diga dónde está el tesoro de Sigfrido, y tras la negativa del prisionero, lo mata.
El rey Atila reconoce el valor de su enemigo Hagen, por lo que reprocha a Krimilda su muerte; su pesar es compartido por el caballero Hildebrando, que decide vengar a Hagen y asesina a Krimilda. Con este sangriento desenlace concluye el "Cantar de los nibelungos".

Biblioteca personal.


En mi biblioteca personal tengo un volumen.


Estudio de la Historia

 (A Study of History) es una obra histórica y filosófica en la que se contienen las principales ideas del historiador Arnold J. Toynbee. Fue publicada en doce tomos, entre los años 1933 y 1961. El siguiente artículo resume sus conceptos principales.

La unidad del estudio histórico

Quizás la mejor manera de comprender la propuesta del Toynbee sería decir que en ella se hace explícita una Filosofía de la Historia, esto es, se presenta una visión sistemática y unificadora de la historia de la humanidad, comprendida en el estudio de sus diversas civilizaciones.
Dentro de este contexto, la primera idea relevante para comprender esta propuesta, es su reflexión crítica a la historiografía tradicional, que hace del "Estado Nacional" la unidad de análisis y reconstrucción histórica básica. Según el autor, ninguna historia nacional se comprende sin atender a las relaciones que se establecen con otras naciones y al contexto general que las incluye. Siguiendo este razonamiento, Toynbee propone que las verdaderas unidades, los "campos inteligibles de estudio histórico", son las civilizaciones. Estas las concibe, en última instancia, como unidades culturales que incluyen variados pueblos y/o naciones dentro de un mismo conjunto de creencias básicas.
El mundo occidental está condicionado por dos fuerzas distintas, la democracia (política) y el industrialismo (económica), que han creado un determinado modo de pensar la Historia, en torno a la idea de estados nacionales. Sin embargo, los estados nacionales no son entes inteligibles y autosuficientes de estudio, por lo que debe ampliarse el marco de observación hasta la civilización. La civilización occidental como campo de estudio puede remontarse en un espacio determinado. También en un tiempo determinado, hasta el origen de la Edad Media, en donde es posible reconocer su encuentro con otra civilización distinta, a la que denomina Helénica, y que cobra forma en el Imperio romano. Siguiendo operaciones similares, llega a determinar la existencia de 21 civilizaciones, más un grupo de otras que han sido abortadas o detenidas.

Génesis de las civilizaciones

Cabe preguntarse si las civilizaciones nacen automáticamente o no. La respuesta es negativa, debido a la existencia de pueblos sin historia, que han permanecido sin cambios desde el Paleolítico hasta la actualidad. Por tanto, las civilizaciones deben nacer por una razón determinada. Descartado el criterio racial (las civilizaciones son productos de razas superiores) y el ambiental (son producto de su medio ambiente), surge el proceso de incitación y respuesta, según el cual una comunidad es estimulada o presionada por un problema, frente al cual ofrece una respuesta creativa, que en el caso de un pueblo sin historia será el surgimiento de una nueva civilización. Sin embargo, esta fuerza no opera hasta el infinito, ya que si la presión es demasiado fuerte, quebrará a la civilización y la abortará antes de nacer, lo que hace surgir el fenómeno de las civilizaciones abortadas.

Crecimiento de las civilizaciones

El crecimiento de las civilizaciones no es automático. La prueba de ello está en las civilizaciones detenidas, que han conseguido nacer, pero que se han estancado en una fase primaria de su evolución. Tampoco el crecimiento es producto de la expansión geográfica o del desarrollo tecnológico, ya que ambos coinciden no tanto con fases de crecimiento, sino de decadencia de las civilizaciones. El crecimiento exige sucesivas respuestas creativas por parte de personas o comunidades que ofrezcan soluciones a los problemas que surgen, y que ex hypothesi no pueden ser los creadores que han surgido con anterioridad, ya que ellos han creado el estado de cosas que ocasiona el nuevo problema. El grupo o persona que encuentre la solución es una minoría creadora, que emprende un movimiento de retiro y regreso, apartándose del curso normal de la civilización y reencontrándose con la misma, ofreciéndole una respuesta. El resultado constante y repetido de este proceso hace crecer a las civilizaciones cada vez más.
Existe una dirección del crecimiento, que es marca y señal distintiva de éste. El crecimiento implica traspasar elementos de un plano material a un plano espiritual, más etereo (eterealización). De este modo, cuanto más crece una civilización, más elementos espirituales surgen de ella. El resultado de este proceso creador no es reductible a leyes fijas y predeterminadas, porque por hipótesis, la creación implica inventar nuevas soluciones originales a viejos problemas, que producirán dos resultados en la sociedad: ésta se hará más compleja (con más elementos), y también más diversa (con elementos que la distinguen claramente de otras sociedades).

Colapso de las civilizaciones

El colapso de las civilizaciones es evitable, ya que el proceso por el cual sucesivas minorías creadoras se van relevando unas a otras puede continuar teóricamente ad infinitum. Sin embargo, puede suceder que en determinados momentos ninguna minoría creadora sea capaz de ofrecer una respuesta a un problema que aflige a la civilización, frente al cual ya no habrá solución posible. La civilización colapsa entonces y se precipita al abismo de la desintegración. Este colapso puede asumir dos variantes, una pasiva y una activa. La pasiva consiste en la némesis de la creatividad, que es la idolatría de una institución que ha sido clave en una etapa anterior de la historia de la civilización, pero que pasa a ser un estorbo en una etapa siguiente, pese a lo cual los habitantes de la misma no se deshacen de ella por venerarla en demasía. La variante activa consiste en la hybris de extralimitarse más allá de toda medida racional, embarcándose en una carrera desenfrenada que llevará a la ruina; frecuentemente asume el carácter de militarismo suicida.

Desintegración de las civilizaciones

Una civilización colapsada entra inevitablemente en desintegración. Este proceso puede describirse de manera más o menos acabada, porque los pasos que llevan desde el colapso al final son rutinarios y predecibles. La dirección del crecimiento es hacia la eterealización, y la dirección de la desintegración es hacia la automatización. Si el resultado final del crecimiento es una sociedad más compleja y diversa a las demás, el resultado final de la desintegración es una sociedad más simple (en última instancia la disolución de la misma) y uniforme (sin tener elementos distintivos respecto de otras sociedades).

El colapso produce un cisma en el cuerpo social, y también un cisma en el alma. El cisma en el cuerpo social se manifiesta en el fraccionamiento de la civilización en tres: una minoría dominante, un proletariado interno y un proletariado externo. Las minorías dominantes son aquellas que, perdida su creatividad, controlan la sociedad no por la fascinación del poder creador sino por medios estrictamente militares y policiales; sus productos típicos son los estados universales y las filosofías. El proletariado interno es la masa de esclavos y desarraigados que no pueden sacudirse la minoría dominante de encima; en el camino inventan las religiones superiores. El proletariado externo es el conjunto de hordas bárbaras que se apiñan alrededor de la civilización, para rematarlas; este proceso las lleva a crear las edades heroicas y la épica.
Este cisma en el cuerpo social es reflejo de un cisma en el alma. Este cisma puede ser asumido de maneras pasivas, dejándose llevar por la corriente, o activas, luchando con fanatismo hasta la destrucción final. De esta manera surgen actitudes contrapuestas como el abandono (pasivo) contra el martirio (activo), o la promiscuidad artística y religiosa (pasivo) contra el descubrimiento de un sentido de unidad (activo). Este cisma se lleva al campo político en cuatro actitudes: el arcaísmo, el futurismo, el desasimiento y la transfiguración. Y cristaliza en cuatro tipos de salvadores de la sociedad, el salvador por la espada, el salvador por la máquina del tiempo, el filósofo detrás del rey y el dios encarnado. Sin embargo, todos estos salvadores están condenados al fracaso en su misión de salvar a la civilización, si bien el dios encarnado puede crear un nuevo tipo superior y trascendente de sociedad, más allá de la civilización, cual es la religión universal, que a veces cristaliza en una iglesia universal.
El proceso de desintegración de las civilizaciones se lleva a cabo en tres tiempos y medio, movimientos que son de caída y recuperación. El primero de ellos es el tiempo de angustias, en donde un grupo de estados parroquiales contienden entre sí en guerras fraticidas, el segundo es el estado universal que uno de los contendientes o un conquistador extranjero impone a la civilización como cura de reposo, y el tercero es el interregno, en donde el estado universal se desintegra y cede paso a reinos bárbaros que terminan de consumir la civilización por completo.

Durante la génesis, crecimiento y colapso de las civilizaciones, éstas son unidades de estudio cerradas y más o menos autosuficientes. Durante la desintegración en cambio, al perderse la unidad de la civilización por los cismas de la sociedad y del alma, ésta se permea a influencias extranjeras (otras civilizaciones) o bárbaras. El estado universal puede agrupar no sólo a toda la civilización, sino también a otras civilizaciones extrañas en su seno. La minoría dominante, al perder su espíritu, cae en la vulgarización y en la barbarización. Las religiones universales presentan frecuentes inspiraciones extranjeras. Los bárbaros, por su parte, suelen asumir variantes heréticas de la religión propia de la minoría dominante, como una manera de demostrar su oposición a la misma en el campo espiritual. Por ello los subproductos más característicos de la desintegración (estados universales, iglesias universales y edades heroicas) merecen ser analizados por separado.

Estados universales

Los estados universales son uno de los subproductos de la civilización en su fase de decadencia, y son generados por la minoría dominante de ésta. Usualmente surgen cuando un estado parroquial, de los varios que se han estado disputando la hegemonía con los otros durante el tiempo de angustias, le proporciona un golpe fatal a sus restantes vecinos y unifica toda la civilización, aunque a veces puede surgir por obra de un conquistador extranjero, sea bárbaro o bien de otra civilización.

Un estado universal sirve como una cura de reposo para la civilización que ha estado sumergida en la guerra fraticida del tiempo de angustias. Al mismo tiempo proporciona una serie de servicios a la minoría dominante, para que ésta pueda regir en mejor forma a la civilización, pero éstos generalmente terminan por aprovechar más a los proletariados, interno y externo, de la civilización. Así, por ejemplo, los estados universales crean redes de caminos que a la larga serán aprovechados por los bárbaros para invadir la civilización durante el interregno, y por el proletariado interno para difundir sus religiones foráneas. También crean fortalezas y campamentos militares, contra las cuales el proletariado externo se entrenará hasta destruirlas, o bien el proletariado interno usa para propagar su religión. Al mismo tiempo, se crean servicios administrativos que después el proletariado externo usará como divisiones fronterizas entre los estados sucesores del estado universal, mientras que el proletariado interno podrá usar como plantilla para su propia iglesia universal. Y así sucesivamente. De esta manera el estado universal, aunque es creado para beneficiar a la minoría dominante, a la larga es inútil para salvar a la civilización de su propia destrucción.

Iglesias universales 

El subproducto más importante del proletariado interno es la religión universal, que de desarrollarse, puede cristalizar en una iglesia ecuménica. Cuatro de ellas han llegado a buen puerto y se han desarrollado plenamente: el cristianismo (helénica de inspiración siríaca), el islamismo (siríaca), el budismo (índica de inspiración helénica) y el hinduismo (índica).

Una manera de ver a las religiones universales es como cánceres de la civilización, que lo consumen desde adentro, como hacía Gibbon al explicar cómo el cristianismo había destruido al Imperio romano, pero esto es cuestionable, ya que algunas civilizaciones entraron en colapso antes de que surja en su interior una religión ecuménica, que es ex hypothesi producto de un proletariado interno nacido justamente de ese colapso. En realidad, las religiones universales se revelan como una especie de sociedad distinta y superior a las dos anteriores (los pueblos sin historia y las civilizaciones), ya que en ellas se ha llevado a cabo una eterealización al traspasar sus habitantes a un nivel de espiritualidad superior, a una civitas dei que no es de este mundo, por lo que puede en justicia considerarse a las civilizaciones nacidas al alero de esas religiones universales, como regresiones de las mismas. también conocidas como una de las fuentes más importantes

Edades heroicas

Las bandas bárbaras alrededor de una civilización en desintegración pasan a ser de amistosas y receptivas a ella, a hostiles y combativas, debido a que el poder creador de la civilización se ha acabado, y para mantener bajo control a su entorno, la minoría dominante debe recurrir a la fuerza bruta. De este modo, los umbrales de zonas decrecientemente civilizadas en la periferia son reemplazadas por limes fronterizos bien definidos, a un lado del cual está la civilización y al otro los bárbaros.

Durante un tiempo, los limes podrán expandirse, e incluso ahogar a los bárbaros si éstos tienen accidentes geográficos insuperables a sus espaldas, pero si no es ése el caso, los bárbaros podrán eventualmente frenar el desarrollo de ese limes. Progresivamente, irán adoptando elementos y técnicas de la civilización, los que obtienen por el comercio y la rapiña, al tiempo que se entrenan militarmente luchando contra los límites de la civilización. De este modo se igualan a los civilizados superándose a sí mismos, al tiempo que los civilizados, presa de su desmoralización, se igualan hacia abajo con los bárbaros (véase vulgarización y barbarización). El resultado final es que el limes revienta a favor de los bárbaros, éstos saquean el estado universal, lo aniquilan, y fundan sobre él estados sucesores (reinos bárbaros), que quemarán los últimos restos de la civilización durante el interregno, en una mortífera guerra fraticida por el botín rapiñado.
Aunque los bárbaros están condenados a exterminarse a sí mismos, cumplen un par de modestos servicios. Por un lado, crean la épica heroica. Por otro lado, despejan el campo de los restos de la civilización muerta para que una nueva sociedad, sea ésta una nueva civilización, e incluso una religión ecuménica, se instale sobre la misma.

Contactos en el espacio de las civilizaciones

Con algunas escasas excepciones, la mayor parte de las civilizaciones históricas se han desarrollado de un modo tal, que en un momento u otro entran en contacto con otras distintas. Una de estas modalidades de contacto es la que se produce entre dos civilizaciones que coexisten en un mismo tiempo (descartando aquellas que son padre e hija una respecto de la otra).
Este contacto asume la forma de una acción y reacción, en donde una civilización propina el primer golpe, sólo para recibir a continuación una respuesta. Esto es una consecuencia del principio de incitación y respuesta, ya que el golpe que una civilización le propina a la otra es una incitación, que genera una respuesta, que para la otra civilización a su vez es una incitación.
Si el asalto de una civilización a la otra es rechazado, la parte que ha sufrido el ataque puede caer en hybris, e incluso puede afrontar la perspectiva del colapso, como le ocurrió al mundo helénico después de las Guerras Médicas. Si el asalto tiene éxito, la civilización sometida pasa a quedar sumergida, pero tardará aún un largo tiempo en ser asimilada. El caso más prolongado conocido de este tipo es el asalto que la civilización helénica emprendió contra la siríaca con Alejandro Magno, que sumergió mil años al mundo siríaco, hasta la instauración del Califato Omeya.

Contactos en el tiempo de las civilizaciones

Dos civilizaciones pueden entrar en contacto también en el tiempo, cuando una de ellas, que ya ha fenecido, es restaurada en el seno de una civilización filial suya. Estas restauraciones son los renacimientos, de los cuales el Renacimiento italiano es sólo un caso particular más. Otros casos son: el renacimiento del Imperio romano en el Imperio bizantino, y el renacimiento del Imperio Han en el Imperio Tang.
Los renacimientos siguen un orden inverso a la desintegración de la civilización renacida. Por ejemplo, en el mundo occidental primero se intentó evocar el Imperio romano (estado universal helénico), luego los estados parroquiales, y al final de todo el proceso, las realizaciones culturales y artísticas helénicas (Renacimiento propiamente tal).
Empero, como la civilización que se evoca ha fallecido, sus soluciones no son todo lo provechosas que se debiera, de manera que un renacimiento exitoso acarrea consigo la tragedia de agostar y sepultar a la civilización que intenta evocar el espectro de una civilización muerta. Por ejemplo, el renacimiento exitoso del Imperio romano, bajo la forma de Imperio bizantino, dentro de la civilización cristiana ortodoxa produjo catastróficas consecuencias, que llevaron a su colapso, lo que no ocurrió con el renacimiento fracasado de ese mismo Imperio romano, bajo la forma de Sacro Imperio Romano Germánico, en el mundo occidental.

Ley y libertad en la Historia

Cabe preguntarse si las regularidades en la historia permiten predecir ésta con relativa exactitud, o si bien ésta es un enorme caos sin sentido posible. Cabe preguntarse también si el ser humano estará condenado a los ciclos de desarrollo y destrucción, sin poder escaparse de ellos. Ante esto es claro que existen ciertas regularidades históricas, que se presentan como ciclos históricos. Sin embargo, estas regularidades no se repiten monótonamente, sino que cada repetición del ciclo lleva consigo un estadio superior de desarrollo. De esta manera, por ejemplo, el auge y caída de las civilizaciones pueden presentar un cuadro monótono, pero a través de ellas surgieron un tipo diferente y superior de sociedades, las religiones superiores.

Perspectivas de Occidente

La civilización occidental nació del interregno a la caída del Imperio romano, el estado universal de la civilización helénica. Existe indudablemente una etapa de crecimiento, por lo menos hasta el siglo XVI, época en la que han surgido los estados parroquiales. Es discutible si las fases históricas posteriores marcan nuevos y sucesivos desarrollos posteriores, o bien significan el colapso y desintegración de la civilización occidental. Lo que sí es claro es que, si Occidente ha entrado en desintegración, ha cubierto sólo la fase del tiempo de angustias, sin haber alcanzado aún la fase de estado universal.

La inspiración de los historiadores

Muchos historiadores han encontrado inspiración en distintos acontecimientos históricos que, de alguna manera, le revelan el presente y sus regularidades. Edward Gibbon se inspiró en los cánticos gregorianos que escuchó accidentalmente para escribir su Decadencia y caída del Imperio romano. El propio Toynbee tuvo un chispazo capital cuando descubrió que su experiencia de la Primera Guerra Mundial, era análoga a la Guerra del Peloponeso, tal y como la había descrito Tucídides.

domingo, 5 de julio de 2015

Libro : Hojas de hierba


 (Leaves of Grass, en inglés) (1855) es un libro de poemas del poeta estadounidense Walt Whitman. Entre los textos están «Canto de mí mismo», «Yo canto al cuerpo eléctrico», «De la cuna que se mece eternamente» y, en las posteriores ediciones, la elegía al asesinado presidente Abraham Lincoln ( ¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!).

Whitman lo estuvo escribiendo durante toda su vida, aumentándolo en sucesivas ediciones.

Este libro se caracteriza por su alegría y alabanza de los sentidos en un momento en el que las manifestaciones en primera persona y la expresión del uno mismo se consideraba inmoral. Mientras la mayoría de la poesía anterior, especialmente la inglesa, se basaba en el simbolismo, la alegoría y la meditación en motivos religiosos y espirituales, Hojas de Hierba (especialmente la primera edición) exaltó el cuerpo y el mundo material. Bajo la influencia de Ralph Waldo Emerson y el movimiento trascendentalista, una rama del romanticismo, la poesía de Whitman elogia la naturaleza y el papel del individuo humano en ella. Sin embargo, al igual que Emerson, Whitman no disminuye el papel de la mente o el espíritu, sino que eleva la forma y la mente humana, considerando ambas algo digno de alabanza poética.


jueves, 2 de julio de 2015

Gibran Kahlil Gibran obras completas


( Ŷibrān Jalīl Ŷibrān ibn Mijā'īl ibn Sa'd era su nombre completo en árabe) fue un poeta, pintor, novelista y ensayista libanés nacido en Bisharri, Líbano, el 6 de enero de 1883 y fallecido el 10 de abril de 1931. Su muerte se determinó que fue por cirrosis en el hígado y tuberculosis.

Transliteración del nombre[

La ortografía de su nombre más conocida procede de la transcripción inglesa del original árabe: Kahlil Gibran. La transliteración empleada usualmente en español es Yibrán Jalil Yibrán o Yubrán Jalil Yubrán y Gibran Jalil Gibran. Su madre era de apellido Rahme a los efectos lo correcto hubiese sido llamarle: Gibran Kahlil Gibran Rahme.

Biografía

Nació en 1883 en la aldea libanesa de Bisharri, en el seno de una humilde familia maronita. En cuanto a su primera educación escolar, ésta comienza en la Escuela elemental de Bisarri. El segundo de cuatro hermanos, vivió con ellos hasta los 11 años, cuando gran parte de su familia emigra a Estados Unidos en busca de nuevas oportunidades para trabajar y vivir. Antes de ese viaje, aprende de otras personas, entre ellas su abuelo materno, del conocimiento del arte y del saber universal, que fueron base para la literatura y la pintura, ya desde pequeño se revela como artista, tanto en el plano literario como en el pictórico.

Se estableció con su familia en Boston, con el tiempo aprendió y cultivó con devoción el inglés, lengua que haría famosas sus novelas, aunque no olvidó el árabe, que perfeccionó tras su regreso a Líbano en 1898 hasta 1902. En Beirut frecuentaba el centro religioso maronita y nacional, Bayt al- Hikma. Aprendió francés y empezó a forjarse un estilo literario sutil, elegante y fino. Durante esa estancia en su país natal, destaca por su habilidad en el dibujo y nace en él la idea de escribir un libro, El Profeta, que con el tiempo sería su obra cumbre. Volvió a Boston y comenzó a publicar en árabe obras que ponen de manifiesto su peculiar estilo. Su habilidad por el dibujo y la pintura lo llevó a crear obras tan importantes que se exhibieron en varias partes del mundo y llegaron a compararse con trabajos de Auguste Rodin o William Blake.

Deseoso de ampliar estilos marcha a París en 1904, allí se instala en Vaugirard hasta 1910. Conoce y vive el ambiente cultural y artístico del París de la época. En 1910 vuelve de nuevo a Boston. Funda en 1911 una especie de agrupación político-social que se propone luchar en contra de la tiranía y la opresión en Oriente. Se traslada a la ciudad de Nueva York. En 1912 es publicado el libro Las Alas Rotas que había comenzado en 1906. Sus primeros textos los publica en la revista libanesa "Al-Manarah", una publicación fundada por el propio Gibrán, junto a Youssef Howayek. Inicia también en esa época una serie de viajes por Europa que enriquecerán su bagaje cultural.

Trabaja para la revista al- Funun y después de la desaparición de ésta, para al Saih. Precisamente alrededor de esta revista va a ser donde se conforma la agrupación literaria más importante de toda la literatura del mahyar, “la liga literaria”, fundada como tal el cuatro de abril de 1920 y en la que destacan, entre sus miembros: Yubran, Nuayma, Nasib Arida, Rasid Ayyub. Yubran, concienciado y en plena época de apogeo fecundo, comienza a publicar en inglés. Será un periodo que le otorgará fama mundial. Gibrán trabaja en la confección de El Profeta, que finalmente logra publicarse en 1923, con éxito total e imágenes de su propia autoría. Antes había publicado El Loco y posteriormente El Precursor. En esa época, malos presentimientos le invaden el alma y desea retornar a su patria. Su salud entonces decae constantemente hasta el final de su vida. Se casó con la mujer de sus sueños y siempre la amó hasta que murió. Obtendrá cierto reconocimiento social a partir de 1925 con lo que mejorarán sus condiciones de vida. Muere en 1931 en Nueva York a los 48 años.

Cronología destacable

1883. 6 de enero: Nace en la ciudad de Bisharri, al norte de Beirut, el escritor, artista y poeta libanés Gibran Kahlil Gibran, en el seno de una familia cristiana maronita modesta, en la que destacaba una madre cariñosa cuyo afecto y recuerdo guardó hasta el fin de sus días. Los datos más acusados de su personalidad de niño fueron su tranquilidad, sensibilidad y su afición al dibujo.

1895. Emigra a los Estados Unidos con su madre, Kamile Rahme (que fallece en 1903). En Boston, donde la familia reside en un barrio miserable, Gibran estudia en la escuela pública.

1898. Regresa a Beirut con un conocimiento rudimentario del árabe. Pasa 3 años en Dar al-Hikma (colegio de la ciencia) aprendiendo árabe y francés.

1901. Vuelve a Washington, pasando por París.

1902. Viaja de nuevo a su patria acompañando a una familia americana como guía. Pero la enfermedad de algunos parientes y la muerte de su hermano determinan su regreso a Washington. Trabaja entonces maquetando portadas de libros y comienza a vender sus dibujos y a llamar la atención como artista.

1904. Expone sin éxito sus dibujos y colabora como corresponsal en el periódico Al-Muhayir, publicado en Nueva York. Es entonces cuando nace su relación casi filantrópica con Mary Haskell.

1905. Publica su libro La música, compuesto de poemas místicos en prosa y considerado como su primera obra literaria en lengua árabe.

1906. Publica “Las Ninfas de los Valles”, también en árabe. Esta obra es esencialmente un ataque a las instituciones eclesiásticas entonces existentes, con lo cual se ganó entre los árabes una fama de escritor revolucionario que rechazaba la tradición y la realidad corrupta que vivía.

1908. Publica “Espíritus Rebeldes”, obra en la que aboga por una espiritualidad, pero atacando a la Iglesia y desenmascarando a los clérigos.

1908-1910. Permanece estudiando en París. Aunque en estos años se respiraba la corriente cubista que tanto preocupaba y era discutida en los medios europeos de vanguardia, no le influyó lo más mínimo. Fue entonces cuando conoció a Auguste Rodin y leyó mucha literatura europea en general, en particular poetas románticos como William Blake, que ejerció en él gran influencia. Además estudió filosofía alemana, concretamente a Nietzsche que le impresionó profundamente aunque de forma pasajera.

1910. Nada más concluir la Conferencia Árabe de París regresa a Boston y funda la sociedad al-Halaga al-Dahabiyya (El eslabón de oro), de carácter político, cuyo objetivo era liberar a los árabes del dominio otomano.

1912. Muere su padre en el Líbano. Publica su relato autobiográfico Las Alas rotas y comienza con la famosa escritora árabe May Ziyadah, una correspondencia que duró 20 años y concluyó con la muerte de Gibran.

1914-1917. Realiza tres exposiciones.

1918. Publica su libro de poemas filosóficos “Los Cortejos” y su primer libro en inglés “The Madman” (El Loco), lo que no impide que siga publicando en árabe.

1919. Publica una colección de dibujos en un libro titulado “Veinte Dibujos”, de estilo simbolista con rasgos románticos.

1920. Se funda, bajo su presidencia, la sociedad literaria Al-Rabitah al-Qalamiyah (La liga literaria), cuya influencia en la literatura árabe fue decisiva.

1921. Publica su primera obra mística de tendencia dramática: “Iram La de las Columnas”.

1923. Publica “Maravillas y Novedades”, un libro de retratos figurados de algunos filósofos y poetas árabes. Ese mismo año publica “El Profeta”, su obra más conocida, que causó y sigue causando un gran impacto.

1926. Publica “Arena y Espuma”, conjunto de máximas y exhortaciones, algunos de cuyos fragmentos recuerdan a Blake tanto en la forma como en el contenido. Por esta época se embarca en una aventura financiera en la que pierde todo su dinero. Deja de escribir y se dedica a la pintura para cancelar sus deudas. A pesar de las penalidades económicas que produjeron un desmoronamiento en su salud, continuó escribiendo.

1928. Publica “Jesús Hijo del Hombre”, creación imaginaria de la vida del Mesías, al que concibe como gran milagro del hombre que le enseñó a amar a quienes le odiaban, que le trajo la paz. Este libro es una materialización del amor que unifica toda la creación. Su correspondencia de esta época denota un gran cansancio debido a la enfermedad que le abatió, así como a una gran nostalgia de su tierra, aunque creía que podía llevar a cabo en Nueva York una mayor actividad creativa que en el Líbano. A pesar de que sabía que iba a morir joven no temía a la muerte, sino que la consideraba como una liberación de este mundo cargado de dolor.

1931. 10 de abril: Muere en Nueva York tras publicar “Los Dioses de la Tierra”. El 21 de agosto del mismo año su cuerpo es trasladado a Beirut y enterrado en Mar-Sarkis (Bisharri).

Caracterización literaria

Diversas son las corrientes tanto en lo filosófico como en lo más puramente artístico y religioso, que se dan cita en nuestro creador. Su espíritu originario y genuinamente oriental va a empaparse de todo lo visto, sentido y oído, procurando aprender en todo momento para llegar a la piedra angular de toda su obra: el ser humano.

Diferentes tendencias aflorarán en sus escritos, pero las propias experiencias vividas van a desempeñar un papel preponderante a la hora de forjar una filosofía propia. En la etapa libanesa ha de encuadrarse su carácter rebelde, la manifiesta critica social que impregna sus escritos. La etapa americana supone una ampliación cultural, a través del descubrimiento de artistas ingleses y norteamericanos. Por último, Europa, su estancia en la capital francesa hace que se amplíen sus horizontes tanto culturales como vitales. Junto a Nietzsche , Buda será uno de sus grandes maestros, como Spinoza. También hay que tener en cuenta la línea sufi o mística que impregna toda su obra.

A grandes rasgos, es posible referirse a dos etapas: una primera de mayor exteriorización y la siguiente de una interiorización más intensa, de una profundización en su propio mundo, en verdad ambos principios, exteriorización e interiorización se van a dar simultáneamente : “yo no soy sino tú”.

Libros de William Shakespeare VIII




(Stratford on Avon, Reino Unido, 1564 - id., 1616) Dramaturgo y poeta inglés. Solamente con sus versos hubiera ya pasado a la historia de la literatura; por su genio teatral, y especialmente por el impresionante retrato de la condición humana en sus grandes tragedias, Shakespeare es considerado el mejor dramaturgo de todos los tiempos.


Tercero de los ocho hijos de John Shakespeare, un acaudalado comerciante y político local, y Mary Arden, cuya familia había sufrido persecuciones religiosas derivadas de su confesión católica, poco o nada se sabe de la niñez y adolescencia de William Shakespeare. Parece probable que estudiara en la Grammar School de su localidad natal, si bien se desconoce cuántos años y en qué circunstancias. Según un coetáneo suyo, William Shakespeare aprendió «poco latín y menos griego», y en todo caso parece también probable que abandonara la escuela a temprana edad debido a las dificultades por las que atravesaba su padre, ya fueran éstas económicas o derivadas de su carrera política.

Sea como fuere, siempre se ha considerado a Shakespeare como una persona culta, pero no en exceso, y ello ha posibilitado el nacimiento de teorías según las cuales habría sido tan sólo el hombre de paja de alguien deseoso de permanecer en el anonimato literario. A ello ha contribuido también el hecho de que no se disponga en absoluto de escritos o cartas personales del autor, quien parece que sólo escribió, aparte de su producción poética, obras para la escena.

La andadura de Shakespeare como dramaturgo empezó tras su traslado a Londres, donde rápidamente adquirió fama y popularidad en su trabajo para la compañía Chaberlain's Men, más tarde conocida como King's Men, propietaria de dos teatros, The Globe y Blackfriars. También representó, con éxito, en la corte. Sus inicios fueron, sin embargo, humildes, y según las fuentes trabajó en los más variados oficios, si bien parece razonable suponer que estuvo desde el principio relacionado con el teatro, puesto que antes de consagrarse como autor se le conocía ya como actor.

Su estancia en la capital británica se fecha, aproximadamente, entre 1590 y 1613, año este último en que dejó de escribir y se retiró a su localidad natal, donde adquirió una casa conocida como New Place, mientras invertía en bienes inmuebles de Londres la fortuna que había conseguido amasar.

La obra de Shakespeare

La publicación, en 1593, de su poema Venus y Adonis, muy bien acogido en los ambientes literarios londinenses, fue uno de sus primeros éxitos. De su producción poética posterior cabe destacar La violación de Lucrecia (1594) y los Sonetos (1609), de temática amorosa y que por sí solos lo situarían entre los grandes de la poesía anglosajona.
Con todo, fue su actividad como dramaturgo lo que dio fama a Shakespeare en la época. Su obra, en total catorce comedias, diez tragedias y diez dramas históricos, es un exquisito compendio de los sentimientos, el dolor y las ambiciones del alma humana. Tras unas primeras tentativas, en las que se transparenta la influencia de Marlowe, antes de 1600 aparecieron la mayoría de sus «comedias alegres» y algunos de sus dramas basados en la historia de Inglaterra. Destaca sobre todo la fantasía y el sentido poético de las comedias de este período, como en Sueño de una noche de verano; el prodigioso dominio del autor en la versificación le permitía distinguir a los personajes por el modo de hablar, amén de dotar a su lenguaje de una naturalidad casi coloquial.
A partir de 1600, Shakespeare publica las grandes tragedias y las llamadas «comedias oscuras». Los grandes temas son tratados en las obras de este período con los acentos más ambiciosos, y sin embargo lo trágico surge siempre del detalle realista o del penetrante tratamiento psicológico del personaje, que induce al espectador a identificarse con él: así, Hamlet refleja la incapacidad de actuar ante el dilema moral entre venganza y perdón; Otelo, la crueldad gratuita de los celos; y Macbeth, la cruel tentación del poder.
En sus últimas obras, a partir de 1608, cambia de registro y entra en el género de la tragicomedia, a menudo con un final feliz en el que se entrevé la posibilidad de la reconciliación, como sucede en Pericles; esta nueva orientación culmina en su última pieza, La tempestad, con cuyo estreno en 1611 puso fin a su trayectoria. Quizá cansado y enfermo, dos años después se retiró a su casa de Stratford, donde fallecería 23 de abril de 1616 del antiguo calendario juliano, usado en aquel tiempo en Inglaterra. Otro gran genio de la historia de la literatura universal, Miguel de Cervantes, falleció en la misma fecha del actual calendario gregoriano, ya adoptado por entonces en España.
Shakespeare publicó en vida tan sólo dieciséis de las obras que se le atribuyen; por ello, algunas de ellas posiblemente se hubieran perdido de no publicarse (pocos años después de la muerte del poeta) el Folio, volumen recopilatorio que serviría de base para todas las ediciones posteriores.

First Folio
Portada del First Folio con retrato de William Shakespeare grabado por Martin Droeshout. A causa de su escaso parecido con el Retrato Chandos se ha llegado a cuestionar la autenticidad de éste último, debido a la poca documentación existente sobre el aspecto real del dramaturgo.

First Folio es el nombre atribuido por los eruditos modernos a la primera publicación de la colección de treinta y seis obras teatrales de William Shakespeare, cuyo nombre original es Mr William Shakespeare's Comedies, Histories and Tragedies. Incluye todas las obras comúnmente aceptadas como auténticas, con la excepción de Pericles, príncipe de Tiro, Los dos nobles caballeros, y dos obras hoy perdidas, Cardenio, inspirada en el personaje cervantino, y Trabajos de amor ganados, considerada secuela de Trabajos de amor perdidos. No contiene ninguno de sus poemas. La obra fue recopilada y editada por John Heminges y Henry Condell, amigos del bardo, en 1623, siete años después de su muerte.
Se estima que se imprimieron unos 800 ejemplares. Actualmente, tras los últimos hallazgos de ejemplares en Francia (2014), y Gran Bretaña (2016), se conservan 234 Considerado un sobresaliente símbolo de la cultura en lengua inglesa, las subastas más recientes fijaron su precio en torno a 3 millones y medio de libras esterlinas.

Historia

En 1623, siete años después de la muerte de William Shakespeare, se publicó el Primer Folio, una recopilación de la mayoría de las obras teatrales que el Bardo de Stratford escribió durante su vida. El Primer Folio fue en gran medida la herramienta que haría a Shakespeare inmortal. El libro se convirtió en la referencia para reediciones posteriores de algunas de la piezas teatrales más famosas de la literatura occidental. Durante siglos editores, escritores, directores teatrales y cinematográficos acudirían a la versión de 1623 a la hora de reinterpretar o publicar cualquiera de los escritos del autor inglés. Paradójicamente, el genio nunca estuvo involucrado en la creación del Primer Folio, y aún más curioso es lo poco que se sabe acerca de aquellos que colaboraron con el autor o que recopilaron sus obras. Sobre aquellos que interpretaron a Hamlet y Romeo y Julieta por vez primera.

El libro se convirtió en la referencia para reediciones posteriores de algunas de la piezas teatrales más famosas de la literatura occidental. Como bien dijo el poeta y dramaturgo Ben Jonson en su dedicatoria del Primer Folio, Shakespeare no era "de una edad, sino para la eternidad". Aunque atemporal, es importante conocer el contexto en el que escribió para poder apreciar en su totalidad hasta qué punto expandió los horizontes del teatro inglés. Shakespeare vivió en la época gloriosa del drama isabelino. 
El reinado de Isabel I vio algunos de los hechos fundacionales de la Inglaterra moderna, entre ellos la malhadada expedición de la Gran Armada en 1588, que dio lugar a una producción inusitada de panfletos, coplas y pequeñas obras teatrales. Las continuas diatribas religiosas entre católicos, anglicanos, y puritanos alimentaban el cada vez mayor negocio de la publicación, y las paranoides conspiraciones de jesuitas "españolizados" y calvinistas revolucionarios tuvieron como inesperada consecuencia el avance de la palabra escrita como vehículo principal de polémica. A finales del siglo XVI, Inglaterra en general, y Londres en particular, eran un hervidero de versos, murmullos, y sermones.
De hecho, el teatro isabelino estaba en plena efervescencia desde hacía varios años. Cuando Shakespeare empezó sus primeros proyectos en 1594, Christopher Marlowe, el autor de El Doctor Fausto y uno de los escritores más influyentes de su época, acababa de morir. Autores como Thomas Kyd y Thomas Nashe gozaban de grandes audiencias, y el sistema de compañías teatrales se encontraba en pleno esplendor. Entre estas se encontraba Lord Strange's Men (Los Hombres de Lord Strange), la compañía que dirigía y pertenecía a Ferdinando Stanley, Lord Strange. Lord Strange era el primogénito de la Casa de Derby, y un reconocido mecenas. Entre sus protegidos se encontraban el propio Christopher Marlowe, Edmund Spenser y Robert Greene, y su compañía contaba con algunos de los más reputados actores del momento, entre ellos Richard Burbage, el actor más conocido de la época, y también un joven de las Midlands llamado William Shakespeare. Lord Strange's Men actuó entre 1570 y 1580, incorporando actores y escritores en sus filas. Entre 1590 y 1594, la compañía mantuvo una alianza con otro grupo contemporáneo llamado Lord Admiral's Men. En esta fecha, la compañía Lord Strange's Men empezó a llevar a cabo representaciones en un local conocido simplemente como "El Teatro" en Shoreditch, actualmente Londres.
Lord Strange's Men disfrutaron del éxito hasta la misteriosa muerte de Ferdinando en 1594, un año después de haberse convertido en Earl of Derby, adquiriendo derechos al trono de Inglaterra. Víctima del ambiente conspiratorio de la época, Ferdinando Stanley era tenido por simpatizante de los jesuitas. Su muerte fue súbita y en circunstancias que apuntan al envenenamiento. La compañía pronto se desintegró, pero el núcleo de aquellos actores se mantuvo unido, consiguiendo el patronazgo de Henry Carey, el chambelán de la corte, y creando un nuevo grupo teatral llamado Los Hombres del Lord Chambelán, dirigido por, entre otros, William Shakespeare. Los hombres del Chambelán William Shakespeare ya había estrenado algunas de sus obras como la trilogía de Enrique VI durante su etapa en Lord Strange's Men, aunque su afiliación a la troupe no está confirmada. Los Hombres del Chambelán, sin embargo, sería la compañía con la que representase sus éxitos más célebres, y con la que ganase fama inmortal. La compañía estaba formada por los antiguos actores de Lord Strange. A pesar de disfrutar del patronazgo nominal del Lord Chambelán, el grupo estaba organizado en torno a ocho "accionistas" principales entre los que se encontraba, desde el principio, William Shakespeare.
Algunos de los accionistas de la compañía no eran más que protegidos de la corte cuyo interés en la empresa fue fugaz, como William Kempe, un actor cómico que supuestamente vendió su participación al actor William Sly, o George Bryan, quién se retiró en 1598 entregando su puesto a Robert Armin, el actor que interpretaba los papeles de bufón o idiota obras como El Rey Lear. Otros de los accionistas se mantuvieron fieles y participaron activamente en el éxito de Shakespeare: personas como Augustine Phillips, uno de los socios del Globe, Henry Condell o John Heminges, quienes en 1623 editarían el Primer Folio. Varios historiadores sostienen que la estructura fundamental de Los Hombres del Lord Chambelán, basada en ocho accionistas principales, se mantuvo a través de cesiones y ventas a nuevos participantes, aunque esta teoría no ha podido ser confirmada por falta de pruebas documentales. Uno de los accionistas más importantes fue Richard Burbage, hijo de James Burbage, propietario de algunos de los teatros más representativos del Londres isabelino, y el actor más aclamado del momento. Burbage mantuvo su participación en la compañía hasta su muerte en 1619 y fue en gran medida responsable del éxito de Shakespeare. Burbage había interpretado papeles protagonistas en algunas de las obras de Marlowe, y fue el primer hombre en encarnar a personajes tan famosos como Hamlet, Otelo o el Rey Lear.
Su carisma y profesionalidad parecen haber impregnado a los personajes de Shakespeare con un aura propia que en gran medida ayudó al éxito de sus obras. Es de destacar que fue uno de los primeros actores ingleses en dominar papeles de más de ochocientas líneas, lo que supuso una gran ventaja a la hora de interpretar los discursos y soliloquios que pueblan los escritos de Shakespeare. La compañía actuó en diferentes teatros del noreste de Londres entre 1594 y 1599, el período en el que obras como Romeo y Julieta, El Sueño de una Noche de Verano y Ricardo III vieron la luz. No obstante, en 1599 Los Hombres del Lord Chambelán decidieron mudarse al barrio de Southwark, al sur del Támesis, tras un aumento del precio del alquiler por parte del propietario del Teatro de Shoreditch. 
La construcción del Globe, uno de los primeros teatros en propiedad de una compañía de actores, no habría podido llevarse a cabo sin la ayuda de los Burbage, quienes pusieron gran parte del capital, de modo que ese mismo año el teatro comenzó a poner en escena obras importantes, siendo inaugurado, probablemente, con la recién escrita Julio César.Jacobo I, patrón y mecenas del bardo El 24 de marzo de 1603 murió la reina Isabel I, una soberana que ya en su tiempo vivió rodeada de leyendas. 
El nuevo rey, Jacobo I, sería el fundador de una dinastía que sufriría el apogeo de la intolerancia religiosa en las islas británicas y en Europa. Su ascenso al trono estuvo marcado por la polémica debido a su origen escocés y a su prodigalidad: su primer acto oficial fue el nombramiento de pares escoceses ocupando posiciones y títulos que los ingleses tomaban como propios. La generosidad del rey se entendió desde el principio como un intento de apoderarse de las instituciones más valiosas del reino.
 Sin embargo la prodigalidad de Jacobo I también se extendió a las artes, incluyendo el teatro. El 19 de mayo de 1603 concedió una patente real a la compañía de Shakespeare como troupe autorizada y se nombró a sí mismo como su mecenas y patrón. A partir de entonces, la compañía cambió su nombre por el de Los Hombres del Rey (The King's Men).

La compañía continuó estrenando las obras de madurez de Shakespeare, como Macbeth, La Tempestad o Timón de Atenas. Para entonces el autor estaba en el cénit de su fama, y el Globe había demostrado ser una empresa rentable. Shakespeare y los accionistas del grupo fueron de los primeros actores en amasar una fortuna modesta con los ingresos de su profesión, de forma que a su muerte en 1616 el Bardo de Stratford pudo dejar a sus descendientes una herencia considerable, incluyendo tres casas y tierras en propiedad. Aunque la compañía jugó un papel muy importante en vida de Shakespeare, la actuación fundamental para la posteridad de sus compañeros se produjo una vez muerto el genio.
 En 1623 vio la luz el Primer Folio, una recopilación de treinta y dos de sus obras. La importancia de tal documento es difícil de igualar, ya que incluye sutiles instrucciones para los actores, tanto en puntuación como en pronunciación. Esto supone literalmente una ventana a cómo fueron interpretados los escritos de Shakespeare por vez primera, especialmente si tenemos en cuenta que sus editores, John Heminges y Henry Condell, habían sido actores en la compañía desde el principio y habían interpretado a varios de los personajes. 
Este valiosísimo documento preservó la memoria de Shakespeare para las generaciones futuras, evitando la propagación de falsos Quijotes y sentando un canon estilístico marcado por los propios contemporáneos que vivieron y escenificaron las obras recogidas. El trabajo de John Heminges y Henry Condell fue tan decisivo como el esfuerzo pecuniario y las dotes interpretativas de Richard Burbage y los actores que formaron parte de la empresa shakespeariana: sin el trabajo de cada uno de ellos es probable que el Poeta Laureado de Inglaterra hubiese sido una estrella más en el firmamento, en lugar de convertirse en el "hombre para la eternidad" que es hoy.

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5.-Comedias.